AERO CLUB ALLEN

“Cómo no recordar también la llegada a nuestro pueblo de un avión encargado de promocionar una conocida marca de yerba mate a principios de la década del ‘40. Mis oídos siempre atentos a cualquier sonido de avión aquel día lo escuchaba pero me era imposible divisarlo; por momentos el sonido disminuía y por momentos se acentuaba, por más que me esforzaba no lograba ubicar el aparato en el límpido cielo de aquella mañana primaveral. Estaba acompañado por un gran amigo de la infancia cuando de pronto comienza aparecer en el azul del cielo una estela blanca y me dice mi amigo: A lo mejor son los marcianos, la intriga se iba apoderando cada vez más de nosotros cuando recién alcanzo a divisar un punto delante de la estela blanca, era el avión que producida el ruido; la estela fue tomando forma y se formó la palabra Safac, no era que a los marcianos les gustara el mate sino que se trataba del avión de propaganda de dicha yerbatera. Luego aterrizó en el campo de aviación de nuestro pueblo que se hallaba ubicado al fondo de la calle Libertad, detrás de la bodega Biló y al costado de las vías del ferrocarril” (Tort, Ignacio J. 2002).

Con la aparición del Areo Club Neuquén, algunos allenses iban a prácticas de vuelo a las instalaciones que tenía en Colonia Valentina. Por esto se crea una subcomisión compuesta con por Aquiles Lamfré, Diego Piñeiro Pearson, Celiar Pomina, Armando Bagliani y Juan Tarifa. Luego de reuniones con las autoridades municipales se decidió el emparejamiento del tramo final de la calle Libertad, entre la propiedad de Biló y las vías.  De esta manera era posible que aterrizara en nuestra el avión sanitario del Areo Club Neuquén. El 20 de diciembre se iniciaron trámites para organizar la comisión local y se designaron cargos, pero lamentablemente la iniciativa no tardó en frustrarse y recién en los años ‘50 se reunió nuevamente un grupo para reiniciar aquel impulso.
Moisés Eidilsein se radicó en Allen en 1947 con 30 años de edad. Era un joven médico obsesionado con ayudar y servir a su nueva comunidad. Moisés se dejó contagiar por el entusiasmo y comenzó a imaginar la construcción de una pista en las bardas de Allen para poder realizar vuelos sanitarios, llevar y traer medicinas y enfermos a lugares de difícil acceso. Ni lento ni perezoso, puso manos a la obra y en unos años sus fantasías empezaron a hacerse realidad.
En 1948, conoció a Paco Parado, piloto allense que volaba en el Aero Club de Neuquén. En 1958, Moisés Eildistein y Francisco “Paco” Prado constituyeron la primera comisión directiva del Aero Club de Allen. La primera gran inversión fue la compra de un avión que en la actualidad es la insignia del Aero Club. Se trata de un Piper PA 22 Colt o “el Colsito” como cariñosamente lo llaman todos. Pero a pesar de la llegada del simpático y elegante Colsito, el Aero Club todavía no contaba con la habilitación para que pudiera funcionar la escuela de vuelo. Por esta razón, los pilotos que capacitaba Lorenzo Marzialetti debían ser presentados a través de otros Aero Clubes, como el de Roca o Neuquén.
A mediados de 1971 la Dirección de Fomento y Habilitación le otorgó al Aero Club de Allen el carácter de Escuela Civil de Pilotaje Aéreo y Centro de Entretenimientos de Vuelos con Motor. Este avance, que fue soñado por directivos anteriores, permitió a Lorenzo Marzialetti presentar a sus propios alumnos. Esto dio comienzo a una larga e interminable lista de pilotos que recibieron su licencia de manos del “gran maestro” como lo recuerdan muchos de sus alumnos.
Lorenzo Marzialetti empezó a formar parte del Aeroclub de la ciudad en 1962; en esos duros comienzos estaba en condiciones completamente diferentes a como están en la actualidad. “No había nada de nada allá arriba. Cuando había viento no podíamos ni asomar la nariz por allá”, recuerda Don Lorenzo. Desde el primer momento que llegó al Aeroclub empezó a cubrir el rol de instructor de vuelo, ya que él era quien tenía mayor experiencia volando, pero su titulo oficial lo recibió unos años después. Desde muy pequeño recuerda su atracción a estos artefactos tan curiosos que necesitaban de una gran cuota de valentía para tripularlos “Cuando era chico en la escuela hacía avioncitos de papel todo el tiempo, siempre me llamaron la atención. Ya después de más grande, cuando me tocó el servició militar a los veinte años pedí que me trasladaran a la Fuerza Aérea. Como yo sabía volar porque había aprendido en Neuquén de adolescente, no tuvieron problemas y me trasladaron a Palomar donde estuve un año.

Lorenzo Marzialetti

 

A pesar de que ya pasaron muchos años Marzialetti se acuerda de muchos de los alumnos que tuvo. Los primeros fueron Aroldo Bárcena, Ernesto Brinni, Rubén Rodriguez, Isaac Darquier, Bartolomé Morales e Ilva Barbieri. Más adelante siguieron Laura Velasco, Hugo Ramasco, José Espindola, Osvaldo Marzialetti, Juan Ortega, León Matus, Elizabeth Osses, Amilcar Di Giaccomo, Luis Palomeque y Chichita Biló. También recibieron su diploma Luis Tortarolo, Walter Barion, Hugo Rodriguez, José Martinez, Juan Shoeder, Gregorio Pardo, Oscar Marzialetti, Pedro Accimelli, Luis Koprio, Hugo Iluminati, Eduardo Rosembroc, Piero Ghirardelli y javier Ríos.
Hoy, a sus 84 años Don Lorenzo Marzialetti está orgulloso de todas las personas que con sus indicaciones y concejos lograron terminar el curso, como así también de los pasos que siguieron sus seres más queridos. “Mis tres hijos vuelan. Son pilotos de línea, el mayor forma parte de la Fuerza Aérea. Y mis dos nietos también son pilotos” cuanta orgulloso y lleno de felicidad el “Gran Maestro” como lo llaman muchos de sus exalumnos.
Los comienzos del Aero Club no fueron sencillos. En el año 1979 la institución pasaba por uno de sus peores momentos. El avión con el cual se dictaban las clases estaba roto, la gente se acercaba muy poco a la sede y la comisión directiva no podía reaccionar e incluso se rumoreaba que éste sería el último año del club.
Pero como suele suceder, en los momentos más difíciles es cuando surge la voluntad y el sacrificio para sacar a flote una situación, un ideal, una forma de vida. Esto fue gracias a pilotos y a entusiastas que de la mano de Gino Ghirardelli pudieron dejar atrás los malos momentos y dar la bienvenida a una de las épocas más prósperas del Aero Club. Ghirardelli era un tano de ley y por lo tanto la cultura del trabajo y el esfuerzo eran su estandarte. Cualquiera podía formar parte del club, siempre y cuando no tuviera problemas en ensuciarse las manos. Su paso por la Segunda Guerra Mundial como piloto lo había vuelto un hombre muy sensible. Estaba convencido de que con trabajo, entusiasmo y dedicación todo era posible. “Si en verdad se quiere, se puede” era su frase de cabecera.
Con Gino Ghirardelli estaban siempre predispuestos Lorenzo Marzialetti y Concepción Biló (Chichita) junto a un grupo de personas muy entusiastas. Esta etapa fue “casi gloriosa” ya que se hicieron cosas muy importantes. Se realizaron compras y cambios de aviones, hubo un gran número de pilotos recibidos, se construyeron la sede social y el tan ansiado hangar. También en esa época se participó de importantes campeonatos de aterrizajes y vuelos de precisión, logrando campeonatos nacionales en ambas disciplinas. Pero una de las cosas de mayor importancia fue que el Aero Club de Allen trascendió como la institución más activa de Río Negro y es conocido como el club en el que siempre están las puertas abiertas.

Concepción "Chichia" Biló

 

Chichita Biló fue una pieza fundamental en la historia del Aeroclub de Allen. Se recibió de piloto en el año 1975 y estuvo a su lado en los buenos momentos y en los no tan buenos también. Comenzó su romance con los aviones desde muy pequeña. Ella veía como los aviones provenientes de Neuquén aterrizaban en frente del galpón de su padre: “Yo sabía los horarios y cuando sentía el ruido del avión sobrevolando salíamos corriendo todos a ver el espectáculo. Todos los domingos íbamos a Neuquén a ver los aviones de los amigos de mi papá, nos divertíamos todos en familia. Creo que de allí nació mi vocación por el vuelo” recuerda sonriendo Chichita.
La flamante piloto recuerda que en sus primeros años el Aeroclub no tenía las condiciones necesarias, que era un club insipiente. Pero todo cambió cuando llegó el primer avión, el famoso Colsito. “Cuando llegó el avión empecé a compartir muchas horas de vuelo con la gente del Aeroclub, especialmente con el instructor Lorenzo Marzialetti que era intimo amigo de mi esposo” cuenta Chichita. Las tardes de domingo compartiendo mates y charlas eran casi una religión y fue ahí donde la gran pregunta surgió. “Una tarde Marzialetti me preguntó si yo no me animaba a hacer el curso para piloto, y yo le dije que si. En realidad mi único miedo era que eran todos hombres y en instituciones como estas donde se hacen actividades riesgosas los hombres tratan de sobreproteger a las mujeres. No tienen en cuenta que uno tiene vocación y valentía y lo puede lograr”.
Poco tiempo después Chichita Biló ya se había recibido de piloto y su relación con el Aeroclub seguía creciendo. Entonces observó que en lo institucional estaban haciendo falta muchas cosas y que ella podría ayudar. “Empezamos a charlar entre los que íbamos seguido y decidimos hacernos cargo de muchas cosas. Comenzamos a traer y llevar cosas, hicimos rifas, ampliamos el lugar y lo dejamos lo más lindo que pudimos, para nosotros y para la gente” recuerda orgullosa la piloto.
Chichita siente que le quedó una materia pendiente en su querido Aeroclub, pero tiene muy claras las razones por cuales no pudo hacerlo. “Marzialetti me decía que debía ser instructora, que él me veía las condiciones. Me hubiera encantado, siento adentro mío que lo hubiera hecho muy bien, pero en ese momento tenía otros compromisos como docente y como madre de familia” concluye casi suspirando Chichita.
Nuestra valiente piloto lleva en su corazón cada momento compartido, cada aventura vivida y, por sobre todo, cada amistad forjada. “En el Aeroclub encontré un grupo fantástico de personas. Había gente de muchas provincias diferentes con los que entablamos una relación muy estrecha. Aprendimos cosas uno de los otros pero yo aprendí a aceptarlos y sentirlos parte de mi familia” recuerda Chichita con una sonrisa dibujada en su rostro.
Hay imágenes y sensaciones que sólo alguien que tripula un avión puede ver y sentir. Muchas terminan transformándose en recuerdos que quedan guardados bajo llave  en un lugar privilegiado del corazón. “Sobrevolar la ciudad de Allen era muy fuerte para mi. Era una experiencia siempre hermosa y diferente. Sobre todo en la época de otoño, con una variedad de colores increíbles. Hacíamos viajes a festivales de todos lados, fuimos a Bariloche en tres o cuatro aviones, charlando por radio, disfrutando de la belleza de nuestra cordillera. Son sensaciones indescriptibles e inolvidables, imposibles explicar”.
Pero no todo es color de rosa y el Aero Club no está exento de los altibajos que caracteriza a las instituciones que han perdurado en el tiempo. En 1996 el club se encontraba con problemas institucionales importantes. No había gente nueva, la dirigencia estaba desgastada por el pasar de los años, faltaba apoyo oficial y la población no se interesaba por ese espacio tan preciado, creado con tanto esfuerzo.
Los balances estaban atrasados hace años y el avión escuela estaba, una vez más, roto en el hangar, lleno de tierra y bajo una lona. En Enero de 1997 la instructora Laura García sufrió un terrible accidente mientras regresaba de Comodoro Rivadavia. Estaba tripulando el Archer LV-ARN hacia Allen cuando observó que su tanque se quedaba improvistamente sin combustible. Fue así como tuvo que improvisar un aterrizaje forzoso, en medio de la noche y en la bardas. Por suerte no hubo que lamentar victimas fatales, pero el Aero Club sufrió la pérdida casi total de su avión más importante.
Pero al igual que en ocasiones anteriores un grupo de personas pusieron el pie, una vez más a la institución que amaban. Se reunieron Roberto Nievas, Omar Diaz, Lucas Braun, Carlos David y Luis Bulgaroni para intentar dar vuelta esta situación. Se puede decir que aquí comenzó una nueva etapa en el Aero Club, con una productividad casi ininterrumpida hasta la actualidad. A pesar del mal comienzo del 1997 no se dejaron amedrentar y de todas maneras se hizo el primer festival en el club, con un éxito que llenó de nuevas esperanzas a todos. Luego se llevaron los aviones dañados a reparar a Gral. Pico, se contrataron nuevos instructores y en agosto de ese mismo año ya había cinco nuevos pilotos recibidos en Allen.
Es interminable la cantidad de actividades que se han llevado a cabo en esta última étapa. Se agregaron disciplinas como la actividad aerodeportiva, el aeromodelismo, el paracaidismo y los planeadores. Uno ya no se imagina un Allen sin su tradicional festival de todos los años en el Aero Club, donde grandes y chicos pasan una jornada en familia. Ya forma parte de la ciudad así como la comunidad se siente parte del progreso del club. Todavía esperan que con el esfuerzo conjunto se lleguen a solucionar problemas tan urgentes e importantes pero que aún están pendientes, como el agua y la energía eléctrica. Pero la experiencia de este Aero Club dice que con trabajo y sacrificio todo se puede conseguir. Todo. (Stickel, L. para “Allen… mi ciudad” 2009)


Web: Aero Club Allen

Respuestas2 a “AERO CLUB ALLEN”

  1. Oscar Atilio Villar dice:

    Quisiera saber si en el aeroclub de Allen estaba el Dr. Atilio Aranda, quien según tengo entendido fallecio en un accidente de aviación.

  2. Hola Oscar: No lo sabemos, en Allen hay familia Aranda, familiares de uno de los pobladores antiguos del pueblo, pero no tenemos datos. Cualquier información te avisamos, saludos!

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