Lagrimas en la sopa. Por Caos.

Hace unos días Allen se quedó sin gas. Los ánimos se caldearon. El gobierno local habló de "conspiración", "atentado" y otras formas de presión. La gente habló del frío que sentía en su casa y las dificultades que significaba no tener gas.

Foto: Mauricio.

Mariela Rodriguez dijo en si facebook:

"A pesar del frio o gracias al frio hoy, me pregunto ¿algunos funcionarios de esta gestión, de la anterior, de la anterior... ya ni me acuerdo... se pondrán en el lugar de los allenses que viven en la costa del hermosísimo Rio Negro en verano, pero heladísimo en invierno que no solo hoy NUNCA TUVIERON GAS?. Ojala que la incomodidad que sentimos los que tenemos gas todos los días nos sirva para pensar en aquellos que lo sufren a diario y han dejado ya de creer en los funcionarios y organizaciones que los utilizaron en campaña y luego se olvidaron. Vaya mucho frio entonces para aquellos que gastan fortunas en ostentar, en hacer demagogia en campaña, inaugurar obras de utilería, gastar millones en actos de inauguración de "obras" en el gobierno -municip. nac. y prov- . Resumiendo entonces: esto que llamamos TRAGEDIA en la ciudad la viven COTIDIANAMENTE nuestros vecinos y hermanos de la costa. TODOS LOS DIAS DEL AÑO. Se han acostumbrado a pagar miles de pesos por una chanchita de gas... mucha plata en leña aquellos que pueden, y los que no peludean por algo de leña".

Pensando en la situación encontramos este cuentito, simple y poco pretencioso, que intenta pensar esto de "ponerse en el lugar del otro".

Será posible?

Barsky

- "Mamá, la sopa no tiene sal!", grito Nico, el chico malcriado. - "No queda sal. Y no hay plata, hijo", respondió la madre. - "Yo esto así no lo como!", refunfuño el niño y con odio pensó: "Vieja de mierda!, qué le costaba comprar sal”.

La sopa de verduras lo esperaba entre sus brazos que sostenían su cabeza mientras el aroma penetraba por su nariz. "Hasta al olor le falta sal", dijo en voz baja. La madre, como de costumbre, le pidió que comiera y agregó el típico:

"Hay chicos que no tienen nada para comer!". - "Que se jodan! No es problema mío!", dijo Nicolás. Mirando por la ventana vio pasar el invierno, que golpeaba ese día con viento helado del sur. Vio pasar un viejo muy borracho. "Miserable" pensó, pero otra voz en su cabeza dijo "desafortunado". Vio pasar otro hombre en un carro, arrastrado por un caballo flaco. "Pobre diablo" pensó y otra voz dijo: "trabaja por monedas, se la rebusca". Vio pasar a un cartonero y dijo, casi gritando: "Basurero" y la otra voz, suave, respondió "así alimenta su familia". Finalmente, vio a un niño, que se detuvo frente a su casa y comenzó a revolver el tacho de basura. Ordenadamente, saco restos de comida y se detuvo en el sándwich que ayer Nicolás no había querido comer "porque no tenia mayonesa". Lo saco con algo de yerba y papel pegoteado. Lo limpio y le dio un contundente mordisco.

Nicolás miraba la escena desde el principio y cuando iba a hacer su comentario el niño del sándwich se volteo y lo miró. Nicolás se vio a si mismo revolviendo en su tacho de desperdicios. Se vio a si mismo triste, y pudo sentir el frio, el hambre, el asco ya superado por tener que comer siempre de la basura. Una lágrima recorrió su mejilla, y otra, y otra más. Nicolás lloraba... Lloro sin consuelo. Lloró mucho y con los ojos rojos e hinchados miro su sopa y pensó que no la merecía. Era un manjar. Y el se sentía miserable. Pero no iba a desperdiciar comida. Ya no más. Basta de mañas. "No la merezco..." pensó. Y la comió. Eso sí, su sopa estaba salada.

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