Vapores

Sabías que… por el río Negro navegaban pequeñas embarcaciones denominadas “vapores” que transportaban productos desde el Alto Valle a Viedma?. Navegaban el vapor Tehuelche y el 10 B, el deslizador Querel, entre otros.

Foto de Fernando Gabaldón

  Sobre los vapores: El fantástico deslizador de Querel, a 150 km/h por el río Negro Comunicaciones y transportes  

“¡Por un peso, el cruce del río Negro hacia las tierras del desiertos y el viento! ¡Por un peso! ¡Carro de dos ruedas incluido el conductor y animales empleados en su arrastre: Un peso!!! ¡Carreros… ¡A llevar mercaderías que vienen de Bahía Blanca y desde la estación Fuerte General Roca adonde han llegado por Ferrocarril del Sud! ¡Vamos carreros! ¡Vamos! ¡Por un peso, el servicio del cruce del río! ¡Un peso!”

“El Maruchito” de Rithner, J. R. 1998.

 

Las formas de movilizarse por aquellos tiempos eran, además del ferrocarril, el caballo, los carros y las tropas de carros.  Los caminos así recorridos eran más largos y estaban llenos de inclemencias. Como señalaba Luis Silenzi (1991), Escales era:

 “conocedor del campo y de huellas, ya que por ellas transitaba con sus carretas tiradas por bueyes o mulares, su tarea consistía en viajar a Bahía Blanca o Buenos Aires para traer alimentos para la gente radicada en Roca y de lo que más tarde sería Allen. Sus viajes demoraban en una sola ida o vuelta entre 30 y 40 días. Debían sortear inclemencias del tiempo y el estado de huellas, con las carretas enterradas y hasta enfrentamientos con algunos matreros que querían asaltarlos. No cabía duda que cada viaje realizado traía consigo, además de las mercaderías, muchos inconvenientes y vicisitudes, aparte de lo que podría decirse beneficio de negocios no dejaba de representar una labor de incomparable valor patriótico ya que por ese entonces era el único medio existente de transporte”.

Existía, además, un servicio de carretas para transportar comestibles y en algunas oportunidades pasajeros. La gente “común” utilizaba sulkys y verduleras tirados por caballos o mulas hasta que apareció el transporte público en los años ‘30.

“Los pasajeros y equipajes venían en galeras. Una de ellas atendida por Bartolomé Mora, salía de Bahía Blanca rumbo a Carmen de Patagones a donde arribaba en tres días, y de allí costeaba el río Negro y en seis días llegaba al Fuerte Gral. Roca. Otra, atendida por Aníbal Balet, tenía un trayecto muy peligroso. Partía de Bahia Blanca, cruzaba la planice hasta Pichi Mahuida  en seis días y en tres días más llegaba al Fuerte Gral. Roca costeando el río Choele Choel. La travesía se hacía por huellas polvorientas con naturales dificultades de este tipo de camino, que en época de lluvias eran grandes lodazales. Se utilizaban galeras de cuatro ruedas, conducidas por un mayoral y tiradas por un tronco de tres o cuatro caballos, tres cuarteros y aún tres o cuatro cadeneros. Cada posta estaba ubicada cada 8 o 10 leguas y era preciso tener allí tropilla de repuesto” (Amieva, M. 1995).

En cada posta, generalmente nacía un boliche donde pasar la noche, hacer negocios, tomar un trago y etcéteras. En la chacra N° 8 existía el boliche de Pizarro, que proveía de todo lo necesario para continuar la marcha hacia el sur.

Los caminos se fueron abriendo en función de las necesidades. En 1903 se habilitó paso Córdoba bautizado así por un comerciante que tenía este apellido y que daba un servicio del Estado. Además, funcionaba la estación Aforos, también por cuenta del gobierno, y era utilizada por hacendados de la zona sur para trasladar ganado y productos hasta el ferrocarril.

Edelman señalaba en su guía de 1924 que se había abierto un camino en la zona sur al que llegaba una balsa que era propiedad de Gregorio Maza. A través de esta vía se podía llegar al lago Nahuel Huapi, por lo que el autor consideraba que ofrecía un excelente paso para los carreros pues no sólo acortaba distancias sino que además tenía abundantes pastos para reponer a los animales. Sin embargo, “la mayor parte de los meses del año no funciona y presta por lo tanto un servicio malo” señalaba en 1934 Voz Allense. Los vapores como el Tehuelche, las “chatas” de poco calado y deslizadores como el Querel,  transportaban producción hasta la Confluencia y Patagones.

 No obstante, a pesar de los múltiples reclamos, este servicio comenzó a declinar en los años ‘40 porque no había interés en su desarrollo. La navegación por el río Negro estuvo en estudio por distintos organismos del Estado pero, según el periódico Voz Allense, existían “poderosas influencias” que demoraban la implantación de un servicio de navegación. Particulares e incluso el Ministerio de Obras Públicas dieron el servicio,  pero hacia 1945 dejó de ser de interés de las autoridades. Esa ruta “natural como la que ofrece el río Negro, de profundas aguas y de segura navegabilidad” fue un constante reclamo del periódico.

“Francisco Rubio, estableció el primer medio de comunicación a través del río Negro con la zona sur con el servicio de una balsa construída con sus propios medios, la misma estaba ubicada en la prolongación hacia el río de lo que hoy conocemos como acceso Martín Quemes” (Silenzi, L. 1991).

El puente sobre el río Neuquén se inauguró en 1937. Esto significó un mejoramiento económico y social para las poblaciones de la región. La Voz Allense recibió con júbilo la habilitación del puente:

“Durante dos horas de la tarde de habilitación el hermoso puente, embanderado con los colores de la bandera argentina, la gran arteria vial fue cruzado de continuo con un pasar de vehículos y con la presencia del público que llenó por completo los laterales del puente, cuya concurrencia sin temor a equivocarnos, alcanzó a seis mil quinientas personas” (Voz Allense, 1937).

Libro del Centenario: Allen 1910 - 2010.

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