Carnavales

Los carnavales fueron momentos de diversión muy especialmente esperados por los jóvenes de la localidad. Comenzaron a organizarse en los ‘30 y continuaron hasta los ‘70. Las “fiestas carnestolendas” (Voz Allense, 1933) con corso y baile, se organizaban en la plazoleta frente a la Estación, en la calle Libertad y lentamente se hicieron muy populares. También se conformaban comisiones municipales y de clubes para hacer el baile  “del Disfraz y Fantasía” (Voz Allense, 1934) inicialmente en el Hotel España y con orquestas de ciudades vecinas.

 “Yo vivía en el barrio Norte y me iba al centro porque había carrozas y todos se disfrazaban. Con mi amiga Dora Uribe nos divertíamos mucho en los corsos” (Elvira Molina, op. cit. 2008).

 Alcira Agustina Quiñones

Llevaba mucho tiempo preparase para esos días de fiesta. Se hacían disfraces y murgas, se creaban canciones, se armaban bolsas de papel picado, se llenaban bombitas, entre otras muchas actividades más. Todo estaba sustentado en las ganas de compartir y convivir comunitariamente, aunque más no fuera por unas horas. La última dictadura prohibió los carnavales, incluso suspendió los feriados que estaban especialmente instalados para estas festividades. Pero están volviendo a realizarse, aunque ya no surgen de manera espontánea como en aquellos años, sino que se organizan con antelación. En los últimos años, han empezado a ser impulsados desde el Estado.

Hermanas Sierra

Los carnavales son de tradición española y están ligados a la liturgia del cristianismo, pero su carácter irreverente llevó a que se limitaran los festejos porque eran incómodos para las autoridades. El poder político siempre intentó controlarlos pues se desordenaban los modos de vida y el comportamiento se hacía disipado y transgresor. Además de criticar a los políticos del momento, se burlaban de las jerarquías eclesiásticas, de su moral “mojigata” y de la hipocresía social, lo que trajo prohibiciones. Desde el Virrey Ceballos, pasando por Rosas y Rivadavia hasta los militares de 1976 los carnavales fueron censurados y, en general, lograban renacer, burlando los reglamentos. Todo carnaval tenía juegos con agua y baile de máscaras, era presidido por el Rey Momo, deidad alegórica de la crítica y de los sarcasmos, a quien echaron del Olimpo por haberse burlado de los dioses. El carnaval es una fiesta que el pueblo “se regala a si mismo” sin que interfieran poderes religiosos, políticos o militares, y hasta establece un código casi subversivo hacia los poderes dominantes (De Coco Romero en Caras y Caretas Año '49). 

Listos para el corso

 
1 Susana castro carnaval disfrazada de gitana

Susana Castro, disfrazada de gitana

"El Carnaval es la forma de ser uno mismo sin que nadie se dé cuenta" dice Eduardo Galeano.

En Allen los carnavales fueron un buen momento para olvidar problemas y disfrutar sin condiciones. El placer de ganar la calle y divertirse sin horarios, fue creciendo con los años. La generación anterior a los años ‘50 fue algo reticente a los festejos de Carnaval pero estos se fueron haciendo más populares al ser organizados por instituciones deportivas y sociales, como el Club Unión, la Sociedad Italiana y el Hotel España. En la imagen vemos parte de la murga “Abran Cancha”, que comienza a gestarse en 1959 después de que el Club Unión saliera campeón de fútbol.

"...los bailes de carnaval eran en el Salón Municipal, uno se acercaba a las chicas, a la mesa, a sacar a bailar, se usaban disfraces... en uno de esos bailes una mascarita me volvió loco!!. Baile con ella pero no sabía quién era, la convencí de que se descubriera y cuando se sacó la máscara no me gusto!!. Me tomo bronca después, se ve que esperaba otra cosa y no me saludo más. Se usaba lanza perfume, papel picado, la gente era más sana, mas derecha, no sé..." GF, 2007.

Foto 19

Foto 5

Ricardo López: ¡Abran cancha!

Murga Abran Cancha

                         

“Señores paren la oreja

 las viejas, las señoritas, viejos caducos y viejas

 porque me han contado recién que vienen como avalancha

a cantar lo presente los muchachos de Abran Cancha

 le cantarán la verdad donde quiera que se cuadre

porque no son charlatanes, hablan sólo de la madre”

 

La murga local “Abran Cancha” nació alrededor del año ’66. Según Ricardo López, uno de sus fundadores, “era una época brillante de Unión, en que ganaba todos los torneos. Un día estábamos conversando en el taller de Eliseo García, con Toto Rodríguez y Tito Langa y surgió la idea de hacer una galera para el partido final (…) de la que salieran los jugadores (…) Empezamos a armar la galera en el taller de Eliseo García. Entre mates, mientras estábamos trabajando a Rodríguez y Langa se les ocurrió que sería lindo que cada jugador saliera con una chica vestida con los colores de Unión. Le comenté con mi madre (…) y le gustó la idea. Me dijo que hablaba con las chicas. En ese momento iban a la cancha las chicas de Bracalente, Marta Fernández, algunas de mis primas Scagliotti”. Pero algo más se necesitaba: “como a Unión le decían Los Magos, hacía falta un mago. (…) Me vistieron con un traje negro y la camiseta de Unión abajo. Bastante pintoresco”. Ricardo cuenta que le contaron que cuando lo vieron salir, Hugo Gonzaga dijo “ese tiene que ser el director”. Babaglio le preguntó “¿director de qué?”, “de la murga que vamos  a hacer” fue la respuesta. “Él tenía la murga acá” dice Ricardo señalándose la cabeza, “como era uruguayo…”.

Abran Cancha: Ricardo López y Hugo Gonzaga

La murga “Abran Cancha” fue una de más las recordadas del pueblo. López junto a  Nino Alonso, Aldo Babaglio y Hugo Gonzaga la organizaron y convocaron a  Manuel Stazionatti para tocar el tambor, a Lucho López para el bombo y el rusito Adamo con los platillos. Bueno, platillos platillos no eran: frente a la carencia de instrumentos, se hicieron con dos discos de arado y un tambor de hierro “que pesaba una tonelada”, recuerda López. Para superar la vergüenza de salir a la calle, se le pidió a Enrique Calvo, que era de Unión y muy respetado en todo el pueblo, juntar gente para la primera salida. El grupo que se reunió estaba formado, paradójicamente, por simpatizantes del Club Alto Valle. La ropa la consiguieron de la mamá de López, las telas de Diente de Oro, los sombreros de la Tienda El Barrio y las alpargatas de Pirincho Carril. Ensayaban en el Teatro Municipal y lentamente fueron  obteniendo instrumentos de una banda del Ejército. Se sumaron a la alegría luego Enrique Calvo, Miguel Vidal, los Campito, Tito Cides, Carlos Salusoglia, Victor Scalzo, entre otros.

Ricardo señala que la murga es una expresión de protesta social y por eso ellos apoyaban distintas causas. Donde hoy se encuentra el Sanatorio, existía un centro de salud del que todos decían que eran “una manga de ladrones”, por eso ellos hicieron el siguiente canto: “Inauguraron La Cueva en el centro de la ciudad/ pero la cueva segunda se debería llamar/porque en Allen ya existe la cueva de Alí Babá”.

Para el “Cipoletazo”, aquel intento de destituir a Salto, Ricardo recuerda que entonaban: “En una ciudad vecina/hubo bronca popular/porque el flaco la manija no la quería largar/hubo corridas y perros/caravana popular pero vino el de las botas y a todos mandó a pasear” y por el cambio del valor del peso contaron: “Ahora con el peso fuerte las cosas van a cambiar/ y todos piensan lo mismo para su bien personal/ yo he visto en una vidriera de esta hermosa ciudad/las cosas de 1200 a 15 pesos nomás”. Pero hacia 1976 la murga desapareció de las calles de la ciudad.

La entrevista a Ricardo López pertenece a “Allen… nuestra ciudad” de 2008.

No es la pobreza la tristeza es la soledad de lo que falta el deseo de andar con mas de lo puesto

yo tuve un país de pájaros una manzana en medio del camino lustrosa como un sol de marzo

tuve un mar en una acequia angosta que a veces ni siquiera agua tenía

tuve toda la sombra que se precisa en una siesta cuando hay buenos amigos tuve una zapatilla vieja y rota sin marca conocida que me envidiaban los que andaban descalzos

tuve tantas cosas después de andar y andar vi que todo es mas de lo mismo

con un bolsillo sobra y un sol de marzo y un abrazo

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2 comentarios

  1. Mavis Florencia Soriano dice:

    Eso que antes de los 50 la gente era reticente a festejar los carnavales, no es tan así…. yo recuerdo que en el Salón municipal se hacían bailes para las familias donde los niños también gozaban de esto. Recuerdo un vez que personal ferroviario, entre ellos mi padre!!!! que no era muy dado a esto, se disfrazaron en uno de estos bailes organizados por la Municipalidad. El mismo municipio repartía pitos, serpentinas, papel picado y los adultos compraban esos pequeños sifoncitos( porque así funcionaban) con agua perfumada para arrojar durante la reunión.Luego durante la tarde, en la peatonal que se improvisaba entre la Juan B. Justo y Alem, creo, desfilaban los niños con sus múltiples disfraces… Una que destacó y ganó el premio a la mejor fue Mumi Allende vestida de dama antigua (muy bien preparada). También nos reuníamos entre amigos a jugar a tirarnos agua, la cual sacábamos de las acequias ( esto era lo más divertido) Así que con esto quiero decir que los más viejitos de ahora, también supimos rendir culto al carnaval.

    • Hermosas palabras y un agradecimiento a tus recuerdos de aquel “sifoncito” de agua perfumada!!. Seguramente eso de que habia reticencia al festejo del carnaval se deba a que ciertos sectores sociales veian el carnaval como algo popular que “acercaba” demasiado a los distintos sectores sociales en ese anonimato que significa desfrazarse y salir a divertirse todos juntos. Al igual que vos no recuerdo a nadie que no haya ido alguna vez a algun carnaval, a la distancia, los testimonios tambien tienen buenos recuerdos de aquellas fiestas.Muchas Gracias!!

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