La Capilla Santa Catalina

Organizar un nuevo pueblo significaba, además de comunicaciones y obras publicas, desarrollar la educación. Aunque ya habían pasado varios años desde la ley que estableció la educación laica, aún no se concebía educar fuera de los preceptos de la Iglesia.

Así lo creyó la maestra Restituta Méndez de Torres Ardiles, esposa del comisario del pueblo, allá por 1910, quien decidió que la primera escuela pública de Allen completara su educación “con una orientación cristiana que llenara el vacío de los valores espirituales y morales que la dura lucha por sobrevivir en este inhóspito desierto, había postergado” (Amieva, M., 1995). Solicitó entonces un sacerdote a los salesianos ubicados en actual pueblo de Stefenelli. Cada domingo, llegaba el padre Frigerio a celebrar misa y enseñar catecismo en la escuela. Pero un día vino un supervisor y suspendió las celebraciones considerando que atentaba contra la libertad de culto que el Estado impulsaba.

Capilla en 1930

A través de la historia argentina, la Iglesia Católica tuvo una estrecha relación con el poder político, sin detrimento de su dedicación y presencia en el plano social. Como institución reguló y determinó normas de funcionamiento y códigos de convivencia de la vida social con una visión totalizante de la cultura. En el período que se decide la integración de la Patagonia al contexto nacional, el Estado comenzaba a marcar límites a la iglesia; promulgó la ley de Registro Civil en 1881 y la ley 1420 en 1884, con la cual excluía la educación religiosa de la enseñanza pública. En 1888, se instauró el matrimonio civil, lo que devaluó la importancia del matrimonio religioso. El sistema de patronato se mantenía, pero el Estado trataba de tener mayor injerencia sobre la institución religiosa. Sin embargo, dependía de ella por su rol histórico de cohesión y control social en la sociedad argentina. Pero la oligarquía que gobernaba los destinos del país a fines del siglo XIX imaginaban una Argentina moderna y la Iglesia representaba valores tradicionales e hispánicos por lo que las élites gobernantes buscaron limitar el poder religioso.

Eran tiempos de liberalismo y el pensamiento hegemónico procuraba penetrar en todos los sectores sociales por lo que la Iglesia respondió a esta situación posesionándose con intransigencia hacia los nuevos valores de aquel pensamiento e incorporó como prioridad en su agenda, la cuestión social.

 “Ubicado en la esquina de Roca y San Martín a escasos metros, en esa misma propiedad que después perteneció a Tonon, se ubicó la primera Iglesia, donde ofició misa el padre Carlos Frigerio autorizado por Alejandro Stefenelli, padre reconocido en la región y que tenia a su cargo la Escuela Agrícola Salesiana” (Silenzi, L. 1991).

Primera Iglesia (?) sobre calle San Martin (perteneció a Mancini). Foto Susana Castro

 Para continuar con la tarea evangelizadora, un carpintero y herrero llamado Giordano Manfio ofreció su terreno para edificar una capilla en Allen. Se conformó, entonces, la Comisión Pro templo, cuya presidenta era Catalina Brickman, esposa del presidente del Concejo Municipal, Patricio Piñeiro Sorondo. La Comisión pagó un alquiler a Manfio hasta que algunos enfrentamientos entre las partes llevaron a que la construcción de la capilla fuera abandonada.

Según el párroco José María Brentana en una carta de 1927, la cuestión “de la creación de la Iglesia es desagradable” por el proceder de doña Catalina, su “ultrapretenciosa presidenta”. La Comisión parece que no pagaba el alquiler a Manfio por lo que el padre Frigerio “tuvo que sufrir penurias para ahorrar dinero con que pagar los alquileres atrasados”.

Hacia 1917 algunos habitantes comenzaron a pagar el alquiler:

 “sin recibir nunca ayuda de la titulada presidenta, que ha pretendido incomodar a la curia, al obispo y al ministro para conseguir un sacerdote que no fuera salesiano. Por lo contrario es de conocimiento del público que en muy pocas ocasiones recolectaron ofrendas para ayudar al capellán y que este nunca ha recibido nada ni se le ha comunicado qué se ha recolectado” (Párroco José Brentana 1927).

 Tampoco colaboraron cuando el padre  Inspector Pedemonte solicitó al capellán que se instalara en Cipolletti y que la Comisión ayudara con 30 pesos mensuales para sostener la asistencia que el sacerdote hacía “todos los días festivos y siempre que se lo requirieran”. Por esto, se resolvió retirar el servicio. Según el artículo del periódico “Semanario de Noticias” de Mercedes Amieva titulado “El Padre José María Brentana”, “afortunadamente regresaba de Italia el padre Matinengo que aceptó atender Allen”. En realidad, la fortuna no radicaba en lograr que alguien se hiciera cargo de impartir el culto sino en que alguien se hiciera cargo en semejantes condiciones.

La cuestión parece no tener que ver con la imposibilidad de pagar sino con la negativa de pagarle a un sacerdote salesiano. La mitad del terreno de Manfio se había destinado para construir la capilla, se pagaba un alquiler mensual de $100, a los cuales debían sumarse los $30 mensuales que solicitaban para el sacerdote. Fue por esto que la Comisión decidió no pagar y hacer la capilla en otro lado.

Patricio P. Sorondo ofreció un terreno fiscal pero resultó que tenía dueño. Esto era común pues hubo muchas parcelas “supuestamente” sin propietario que luego casi “mágicamente” engrosaban las posesiones de un pequeño grupo, que generalmente, no las asentaba a su nombre. De esta manera, muchas donaciones de tierras para obras públicas se realizaron a cambio de otras tierras productivas. Este fue el caso de aquellas que se cedieron para la construcción del Hospital.

En el año 1925 la Comisión Pro templo, liderada por Catalina e integrada por Isabel de Mir y Rosa de Serna, solicitó al Municipio, a cargo, nuevamente, de Patricio Piñeiro Sorondo, que comprara la propiedad que era de Antonio Alonso (solares c y d de la manzana 77) y así construir allí la capilla. Las damas entregaron un cheque del Banco Río Negro y Neuquén de $3.500, quedando una hipoteca de $4.000 en el Banco Hipotecario Nacional a pagar por el municipio. Incluso, por un aumento en el alquiler de la casa donde funcionaba el municipio, Patricio pidió a la Comisión (o sea a su esposa) que le cediera una de las dependencias existentes en el predio para que el municipio se estableciera. Lógicamente, se lo cedió y el pago del alquiler de $60 mensuales fue para Silenzi, el constructor de la capilla.

Según la crónica referida, se gastaron $8000 para comprar el terreno “de 25 x 50 con casa” y el gobierno subvencionó con $4000. J. Brentana señala que “a los dos años estuvo la parte de material construida, pero en condiciones incompatibles para la actuación de un sacerdote, por cuanto la manía de oponerse a los salesianos, arrastró al orgullo, la obcecación y a pesar de la mayoría favorable e insistente para que se escriturara el terreno a la sociedad salesiana, se escrituró a la Municipalidad, la cual estaba presidida por el mismo Sr. Sorondo, esposo de la presidenta de la comisión Pro Templo, doña Catalina”.

Los Sorondo supieron hacer valer sus acciones, presidían dos instituciones con mucho poder en la época por lo que muchas de sus actuaciones tendientes al “desarrollo del pueblo” dependían de intereses del grupo al que representaban. Como ejemplo vemos que, en este caso, aunque hubo muchos habitantes que continuaron pagando el alquiler a Manfio sin ayuda de la Comisión, ésta sumó apoyo “oficial” y decidió construir la iglesia en otro lado.

"En 1828 la escritura de la propiedad pasa a manos de la congregación salesiana de las Misiones de la Patagonia y Tierra del Fuego. Así llegamos a 1928, donde la construcción a cargo de Don Antonio Silenzi llega a su fin y el 18 de marzo de ese año se inaugura el templo "Santa Catalina Virgen y Mártir" oficiándose misa a las 9 y 30 horas" (Museo de Allen)

Mas fotos: Capilla Santa Catalina.

 Algo más...

Un día, los miembros de Proyecto Allen pensamos en realizar un mural de la Capilla Santa Catalina. Su relevancia en la memoria colectiva de nuestra comunidad nos impulsó a llevar adelante la Campaña Volver a Ver. Después de tres meses, "Chelo" Candia lo hizo posible y develó cuántas ganas tenía Allen de volver a ver esta parte de su historia. Toda la historia aquí: Campaña "Volver a Ver": Mural de la Capilla Santa Catalina

Capilla Santa Catalina - Campaña Volver a Ver

El Sistema, 22 año 4

Allen... nuestra ciudad: Entrevista a Fernando "Fito" Zalazar.

Voces sin oídos:

Dice Fito Zalazar: “ (…) atrás había un edificio con nueve aulas en perfecto estado, baños y otras dependencias. No era tan antiguo como el resto de la iglesia. Ese hubiera sido el centro cultural pronto se iba a tirar la parroquia (…) lanzamos la campaña del Austral en diciembre del 86. Pedíamos la colaboración voluntaria de 1 Austral para la remodelación de la iglesia. La campaña fue realizada por el grupo de teatro Boulevard , la Asociación de Plásticos de Allen, un grupo de museo, el Centro de Escritores, el Centro Fotográfico, el Club Leo de Allen. Muy poca gente colaboró, recaudamos muy poco dinero, había una cierta indiferencia hacia la reconstrucción de la capilla. Yo fui a Neuquén a hablar con Alicia Montes Lefor, la arquitecta que remodeló el Museo Gregorio Álvarez, para ver si podía hacer algo, hablamos con gente relacionada con la Iglesia de alto poder adquisitivo, gente solvente que podía trabajar a la par nuestra, pero no tuvimos poder de convencimiento”. La capilla comienza su proceso de deterioro en la década del 80, la construcción de un escenario en el púlpito hizo que el piso cediera y las paredes se quebraron. Comenzaron los reclamos por el peligro que significaba la pared que daba a la calle Don Bosco y la Municipalidad intervino.

Con la llegada del padre Luís Klobertanz se inició una serie de acciones para recuperarla pero ante la indiferencia él decidió la demolición". Fito comenta que el padre Luis tomó la decisión y se fue de vacaciones; otros dicen que el padre intentó salvarla pero a nadie le interesó. Según Fito, una Comisión de Actividades Culturales se reunió con el padre Bengoechea, a cargo de la parroquia mientras Luis estaba de vacaciones. El padre dijo que no se podía hacer nada ya que Klobertanz había dejado “órdenes bien explícitas” de que se debía demoler. La Municipalidad se desentendió y ningún funcionario se acercó al grupo de lucha, además, muchos habitantes desvalorizaron totalmente la causa y no la apoyaran. Para Fito con la capilla se perdió no solo una referencia del nacimiento de nuestra ciudad sino además fue el fin de gran parte de la actividad cultural que se desarrollaba allí. Los grupos como el Centro de Escritores, el Museo, etc. se disolvieron pues no tenían donde funcionar. De esta manera, también la historia de grupos de cultura independiente se truncó con la perdida de ese espacio. Para el padre Luis el grupo que se movilizó para evitar la demolición eran “románticos” (según dice Fito declaró el sacerdote en una radio) y nadie más hizo nada. 

Durante la realización de nuestro mural la gente que se nos acercó recordaba aquel momento de la demolición con dolor y tristeza, muy pocos se refirieron a la propuesta de recuperarla, la mayoría no la recuerda. Decía Fito en la misma entrevista que la juventud del grupo fue un problema al momento de solicitar colaboración. ¿Esta condición pudo haber sido la que llevó a tanta apatía? Puede ser. La condición de ser joven sigue siendo un estigma; a nadie le preocupa que los jóvenes carezcan de espacios para desarrollar actividades, es el sector más creativo y que busca constantemente ser reconocido por sus gustos, sus acciones, sus ganas pero chocan con mundo adulto y la consecuencia es mayor ausencia de espacios y total falta de valoración por sus propuestas.

La capilla pudo haber sido un centro cultural. Y un espacio para la creatividad artística de los allenses. Duele pensar que un edificio tan bello no haya generado ninguna reacción en la comunidad pero debemos lamentar más aún que, tal vez, lo que llevó a ignorar el movimiento de rescate fuese la juventud del grupo. Para muchos los edificios antiguos, por su abandono y estado, deben desaparecer en pro del "desarrollo" de la ciudad. La planificación urbana y una política de desarrollo brillan por su ausencia desde hace años. Y Allen crece, desprolijo, afectando el medio ambiente y olvidando su patrimonio social/histórico/cultural.

Quedan como testimonio fotos y alguna de las partes de la Capilla desperdigadas (la puerta en la capilla San José Obrero, las ventanas en una capillita del Tiro Federal, el campanario y otros objetos parece que las tiene un particular en su chacra); nosotros con el mural quisimos provocar a la memoria para reflexionar comunitariamente, así muchas historias y anécdotas fueron formando parte de su realización. Tal vez la imagen ayude a no repetir, a que el “progreso” no termine nuevamente con otro patrimonio social significativo y, fundamentalmente, ayude a no volver a ignorar a los jóvenes cuando quieren decirnos algo.

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3 comentarios

  1. Marisa Lapponi dice:

    QUERÍA COMENTARLES QUE EN EL MUSEO HAY UNA RÉPLICA A ESCALA REALIZADA CON NAVAJA, TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR, POR MI PADRE HUGO LAPPONI. ES LA ÚNICA OBRA QUE ME DEJÓ COMO RECUERDO. UN GRAN SALUDO!

  2. Gracias por tu comentario! Si podes envianos una foto para sumar a las imágenes de la Capilla: nuestro correo es contacto@proyectoallen.com.ar Muchas Gracias!

  3. maria fabiana Bilò dice:

    Considero vergonzoso para la ciudad haber destruido un patrimonio cultural en nombre del “progreso”. SI NO HAY MENORIA NO HAY PROGRESO.

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