Cuando el amor es más fuerte

Él era tan joven… yo también, pero ya estaba casada… Tan joven y casada. Así era antes: no pasar los 21 soltera. Que feo! quedar “solterona”, como nos decían, aunque tuviéramos 25 años!!. A los 30 eras vieja y si estabas soltera tu vida transcurriría en cuidar a los padres e hijos ajenos.

Todas las imágenes de esta historia son ilustrativas

Triste vida la de las mujeres de aquellos años, hoy veo a mi hija, a las chicas jóvenes disfrutar su edad, ponerse la ropa que quieren, cambiar de novio como… de pantalones. Algunos critican estos tiempos, yo no. A mi me gusta que las cosas sean así, más libres, sin tanto compromiso.

A nosotras desde chicas nos decían cómo iba a ser nuestra vida, como teníamos que comportarnos… teníamos definido todo y "todo" era por "ellos": los hombres. Ellos eran el reloj de nuestras tontas vidas femeninas. Nosotras debíamos tener siempre un hombre a nuestro lado, una mujer sola era una “cualquiera”, era “rara”, no era “normal”, todos la miraban mal y se hablaba de ella en todo el pueblo. Tampoco podíamos abandonar a un hombre, en todo caso, ellos nos dejaban a nosotras y listo, nadie decía nada… ahora si era una mujer la que dejaba a "su hombre", te lapidaban. La “comidilla”[1] del pueblo eran estas mujeres.

A nadie, le importaba si tenía razones para no casarse o para separarse. No importaban golpes, engaños ni que el hombre solo se acordara de su mujer cuando tenía hambre, quería ropa limpia o ir a la cama. Si te casaste, ha soportar lo que te tocó. Por eso era mejor poder elegir pero nuestros padres no lo permitían. Eras una loca si andabas “probando” hombres!!. Lo mejor era conocer uno, generalmente, el primero (que le gustara a papá) y entonces, casarse.

Digo esto, porque yo lo sé. También sé que durante un tiempo fui el mejor chisme del pueblo por  tomar decisiones contrarias a lo que todos hacían.

Mi historia con Él fue un secreto a voces. Todos lo sabían o se lo imaginaban. Y yo no hice mucho para esconder lo que sentía por él porque cuando lo conocí ya había decidido que él sería el hombre de mi vida.

Lo ví un día en la calle, alto, delgado y con unos ojos únicos; tenía en aquel momento un pequeño bigote que mantenía con cuidado, el mismo cuidado que ponía por todo su aspecto. Él no nació en Allen, llegó de pequeño con su familia y parte de sus hermanos a trabajar en el Valle. Era el quinto de nueve hermanos y apenas creció un poco comenzó a trabajar. Cuando yo lo conocí trabajaba en el galpón de empaque de fruta de Spina.

Mi marido también trabajaba en un galpón pero como encargado y estaba muy poco en la casa, que era tan grande que sobraba espacio. Decidimos alquilar los cuartos del fondo a los trabajadores que llegaban al pueblo de otras provincias a emplearse en la temporada de cosecha de frutales. Eran tan rentables los tres o cuatro meses que duraba la cosecha que los que los trabajadores podían vivir todo el año con el sueldo que ganaban y el pueblo renacía. Los que venían de otras provincias podían enviar dinero a sus familias y volver a sus provincias con dinero. Los jóvenes allesnses que querían independizarse de sus padres alquilaban una pieza entre dos o tres, a veces, no tanto por “independizarse” sino para ser una boca menos en la casa. También había pensiones y pequeños hoteles que alquilaban a los trabajadores que, en gran medida fueron importantes impulsores del progreso del Alto Valle.

Mi casa, entonces, estaba siempre llena de muchachos solteros y felices, que aprovechaban su juventud, mientras buscaban esposa con quien casarse. Entre ellos estaba Él que siempre hablaba conmigo, me contaba de su vida, de su familia y de todo lo que quería hacer. Era alegre conmigo, no tanto con los demás, se reía de las cosas que le pasaban a sus amigos en otras pensiones. Recuerdo que me contó un día que en el Hotel Lisboa, que pertenecía a Ojeda y Chaina, todos tenían vía libre para vivir ahí. Decía que era un lugar adonde iban todos, incluso los que no alquilaban piezas ahí y como daban de comer a los inquilinos a la hora de la cena o el almuerzo si había 10 inquilinos, había 20 a comer. Todos se servían de la gran olla dispuesta por los dueños y ni se molestaban por la cantidad de comensales. También disponían de una bordelesa con una canilla para servirse vino, imaginen como terminaban todos…

Aquel día que me lo contaba, Él se reía mucho pues resulta que el borrachin del pueblo al que todos llamában Talón de Oro[2] se había instalado en el Hotel sin pagar un centavo. Como la mayoría de los inquilinos que estaban viviendo en la pensión eran trabajadores de las canteras de cal y yeso, Talón de Oro se “espolvoreaba” la ropa de cal y entraba con el grupo que llegaba después de su jornada laboral. Lo más gracioso, era que el viejo Talón estaba instalado más que por una cama, por su “gran amor”a la bordelesa de vino. Durante la noche, Talón deambulaba por  el hotel, con su ropa llena de cal y con una taza llena de vino, a la que le ponía una bombilla y de allí bebía sin parar. En su estado etílico, Talón les decía que no se sentía bien por eso necesitaba tomar té... pobre viejo!! todos se mataban de risa de él, mientras colaboraban en llenárlo de cal todos los días y mientras tomaba “té” de la bordelesa, escuchaban sus anécdotas de boxeador.

Talón de Oro, Diario Río Negro de1965.

Él me contaba todo, compartía conmigo de igual a igual, como si fuera un amigo y yo disfrutaba, mientras cocinaba, de verlo tan contento y feliz. Yo tenía una chica que me ayudaba con la casa, así que cocinar era la única actividad que hacía y con placer pues él decía que yo era la mejor cocinera que había conocido. Y era cierto. Aún hoy todos dicen que soy una buena cocinera...

No sé ya como fue. No quiero acordarme. Solo recuerdo que un día me robó un beso en la cocina mientras hacía un guiso que se terminó quemando. El fondo de la olla estuvo con agua una semana y aún así costo sacar los restos de comida. Nos reímos tanto ese día!! el guisito quedó tan seco que era imposible comerlo. Veíamos la cara de los comensales y nos reíamos complices...

Nos veíamos todos los días, nos escapábamos al fondo del patio para besarnos, nuestra pasión no tenía limites, ya nada ni nadie me impediría hacer lo que sentía, ya no... A quien le importaba? A quien tenía que importarle lo que sentíamos? A mi marido, dirán ustedes? Debería haber sido así, pero no, yo no le importaba a nadie, solo a Él. Y eso me bastaba.

Por eso tomé la decisión de irme con Él. Íbamos a juntar algo de dinero en la temporada y chau a todos, a vivir la vida como siempre quise vivirla.

Fui tan feliz en aquellos días y recuerdo su alegría cuando logró comprar la moto con la que nos iríamos lejos a empezar una nueva vida.

Era demasiado para mí... Él era demasiado para mi, su amor, mi amor, nuestros planes… todo nos superaba, por eso pasó lo que pasó. No sé, he pensado que así lo quiso Dios… puede ser que lo nuestro debía impedirse... pero siempre me pregunto porque terminar con la vida de él? Porque no llevarme a mi? Porque no haber muerto juntos en esa maldita moto? esa moto la que nos llevaría juntos a hacer lo que queríamos pero que nadie quería, que nadie se animaba...

No recuerdo, hay cosas que ya no recuerdo, no quiero recordar pues he decidido borrarlo todo porque aún me duele, aún no entiendo porque estoy viva a mis 78 años... y sigo preguntándome ¿por qué?.

El diario dijo que fue un accidente, que la moto se metió de lleno debajo del camión, que no quedó nada, que el conductor no sufrió ya que murió en el acto… murió en el acto. El acto en que definitivamente nos fuimos los dos.

Pase días enteros en la cama y cuando me levante era esto, la sombra que Ud. ve. Es lo que quedó de mi.

Después ya no fui nada, ni mujer ni madre… lo peor de mi se quedó a purgar culpas… lo mejor de mi se fué con él.

 

De noche, cuando me acuesto

no puedo cerrar la puerta,

porque dejándola abierta

me hago ilusión que volvés.

Siempre llevo bizcochitos

pa' tomar con matecitos

como si estuvieras vos,

y si vieras la catrera

cómo se pone cabrera

cuando no nos ve a los dos.

      (Mi noche triste de P. Contursi)

Oleo de Mauro Tapia



[1] Tema preferido en alguna murmuración o conversación de carácter satírico. Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

[2] Ver la historia de Talón de Oro

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4 Respuestas

  1. DANIELA dice:

    Historias de Allen… naci alli en 1971 mi madre soltera jamas pudo contarme su historia que en realidad es la mia… murio con su historia guardada… vivia con mi nona Ana Vara.
    Me alegra que puedas contar tu historia… me hizo bien… en algun lugar no de este mundo tu amor te espera… NO LO DUDES.
    Cariños

  2. Gracias Daniela! Esta historia nos la contó una sobrina de la protagonista; muchas historias de amor estan «guardadas» por temor y verguenza, de ahí que sea anónima. Eran tiempos dificiles… las mujeres debían someterse a los designios del padre, del marido y de la sociedad, en la que, si bien estaba (como hoy) conformada por muchas mujeres todos impedían la independencia de las mujeres, sus sentimientos y la posiblidad de decidir. Pensa que hasta los años 60 la mujer para la ley era inferior, tratada igual que a un niño, dependiente del padre «tutor o encargado». Buscá, que tal vez alguna amiga, tía, sobrina, etc. puede saber como la historia de tu mamá, seguramente te ayudará a entenderla más. Saludos y gracias por tu comentario.

  3. Iván dice:

    Pero por siempre… por los siglos de los siglos: «el amor es mas fuerte»…

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