La “Flori” Zalazar: “Me duele el dolor de los demás y de no poder hacer nada…”.

Entrevista realizada en 2009 por Ignacio Rodríguez y desgrabada por Vanesa Szumsky. Texto Graciela Vega.

IGNACIO (I): Al principio  te voy a preguntar algunos datos personales, nombre, edad…

FLORINDA (F): Bueno, mi nombre es Florinda Pizarro, Flori para todos los que me conocen, y ahora el diez de agosto[1] cumplí setenta y dos años. Nunca escondí mi edad porque siempre digo que tengo “Por bien vivido lo vivido” entonces me siento todavía con ganas de seguir haciendo cosas, con ganas de trabajar, de hacer cosas, de vivir, de disfrutar de la vida, más después de haber pasado por una enfermedad, de haber pasado por un cáncer que gracias a Dios superé. Y que nunca en ningún momento me asustó tampoco.

Yo no soy nacida en Allen, en abril hace cuarenta y ocho años que llegué, cuando nos casamos, en Cipolletti, pero tampoco soy oriunda de Cipolletti, soy oriunda de la provincia de Neuquén, de Loncopue, cerca de Copahue. Vivíamos en el campo y cuando yo tenía diez años, más o menos, nos vinimos a vivir a Cipolleti porque en la escuela que teníamos en el campo, el único maestro que había era un matrimonio tenía dos hijas que también terminaban en ese momento la escuela primaria y él se fue porque quería que sus hijas estudiaran. El maestro y toda su familia se fueron del campo y no mandaron nunca otro maestro. Entonces nosotros éramos ocho mujeres y tres varones y mis padres también quisieron que por lo menos los más chicos no nos quedemos con la primaria y nada más. En realidad éramos doce hermanos pero una no la conocí, era mayor que yo, vivió un mes solamente, los más grandes eran los varones. El mayor se vino a trabajar al petróleo, se casó en Cutral Có y falleció ahí, era muy joven, también de cáncer a los cuarenta y pico de años. Entonces nos vinimos a Cipolletti, la idea de mi papá era que pudiéramos estudiar.

I: ¿A qué se dedicaban sus padres?

F: Mi papá trabajaba en el campo, teníamos animales. No era muy grande el campo, serían unas cinco hectáreas. Criaba animales y sembraba alfalfa, trigo, maíz. De eso me acuerdo, la alfalfa se enfardaba y se vendían los fardos de pasto en el pueblo, también se vendían bolsas de trigo, de maíz y se cosechaba. También teníamos ovejas, chivas, vacas, caballos. Bueno realmente cuando vinimos a Cipolletti regaló todo porque se ve que no sabía mucho el valor de las cosas porque con todo lo que vendió nos alcanzó para comprar una casa en Cipolleti en aquella época, en el año 48’. Así que creo que sufrió mucho, eso lo comprendí después de grande. Mi padre sufrió mucho el desarraigo de venir del campo a lo que era ya casi una ciudad, a pesar de que era una cuarta parte de lo que es hoy. Él en el campo era dueño y señor, tenía empleados, peones que trabajan en la cosecha. Acá en Cipolletti tuvo que trabajar él en las chacras, cosas que no conocía. Estaba acostumbrado a andar en caballo y en zulky  y tuvo que aprender a andar en bicicleta. Todo eso fue muy doloroso para él, nos dimos cuenta mucho después, sobre todo, las que éramos chicas en ese tiempo, nos dimos cuenta después.

I: ¿Y de aquella infancia rural que recuerdos tiene? ¿Cómo era la vida de un chico en Loncopué?

F: En el campo, no éramos del pueblo de Loncopué, éramos del campo, cruzando el río, para el lado de la barda; entre el río y las montañas. Yo creo que éramos chicos felices, dentro de todo, porque no teníamos vicios. Como no había televisión, nada nos llegaba para que se nos entrara por los ojos, así que éramos felices jugando con nada, hacíamos carritos de la latita de sardinas, ollitas de las latitas de paté, con cajitas, nos íbamos a las bardas y hacíamos casitas en las bardas y en la escuela jugábamos entre los compañeros. Había mucha gente autóctona, mapuche, metidos en el monte, en las bardas e iban todos a la escuela con nosotros. Éramos más o menos treinta alumnos pero era desde primer grado hasta sexto en la misma aula, el maestro nos dividía por libros de lectura. Pasábamos de grado porque cambiábamos libro de lectura, entonces sabíamos que pasábamos de grado., no había boletín ni nada de eso. Lo que recuerdo es que en la escuela se festejaban mucho las fiestas patrias[2],  hoy justamente estaba conversando con un hombre que el diecisiete de agosto lo pasan al lunes, esta mala costumbre de haber cambiado las fechas es que el chico que de por sí ya se acuerda poco de las fechas patrias, las tenga menos en cuenta hoy. Porque ahora los feriados no es el mismo día, salvo el veinticinco de mayo y el nueve de julio y allá se festejaba mucho todo eso, se hacían carreras, se hacían juegos con los chicos, se hacían grandes asados para toda la gente de la comarca. En ese sentido, yo creo que fuimos felices a nuestra manera, al no tener ambiciones de otras cosas, al no conocer otras cosas tampoco nos preocupábamos.

Ruta Provincial 26 (tramo Caviahue hacia Loncopue, Neuquén, Patagonia Argentina).

I: ¿Después se sintió mucho el cambio al ir al venir Cipolletti?

F: Todos los sentimos un poco, por ejemplo, una cosa que nos ocurrió en Cipolletti es que en el campo no sabíamos que existían las vinchucas o las chinches y nos dejaron a la miseria las chinches y las vinchucas en Cipolletti, nos picaron, teníamos unas terribles infecciones en las piernas, eso nos llamó mucho la atención porque en el campo se veían culebras por ejemplo, pero las culebras no pican, habían cosas que hoy me aterran, un alacrán (por ejemplo) que lo he vuelto a ver en la ruta y allá nosotros levantábamos las piedras para buscar los alacranes para jugar con ellos con palitos, sabíamos que picaban pero nunca nos picó ninguno.

I: ¿Y, en Cipolletti, en qué grado entró en la escuela?

F: En Cipolletti, en la escuela entramos tres hermanos juntos, entramos en cuarto grado los tres juntos. Yo creo que fue, por el hecho de no saber en qué grado estábamos porque el año anterior al venir mi mamá se vino con tres de mis hermanos, con mi hermano, mi hermana la que falleció y yo a Las Lajas, que era un pueblo cercano y estuvimos un año en esa escuela y cuando fue a anotarnos a la escuela le preguntaron en qué grado estaríamos; mi mamá les dijo que posiblemente en tercer grado, entonces nos tomaron examen para tercer grado y los tres salimos bien y nos dejaron en tercero. Pero al maestro ni a nadie se le ocurrió tomarnos de cuarto o de quinto, era probable que nosotros que estábamos hace mas años que mi hermana más chica, estábamos en cuarto o en quinto por eso mi hermano termino la primaria en la Nº 53 de Cipolletti con dieciséis años y yo con catorce y mi otra hermana con doce, que era lo que realmente correspondía con doce años y por eso también estábamos muy avanzados con los demás chicos. En Las Lajas, sobre todo, nos ponían siempre como ejemplo, porque éramos los mejores alumnos de la escuela, no del grado solamente sino de toda la escuela; en todo sentido, en conducta, cuando uno viene del campo no es tan revolucionario como los chicos del pueblo, entonces éramos muy obedientes con los maestros, había mucho respeto y todo eso lo volcaban después en felicitaciones, lo hacían saber las maestras y a mi mamá.

En Cipolletti fuimos a la escuela Nº 53, ya después entraron mis otras dos hermanas, una de ellas que es monja y está en África y la más chica que vive en Cipolletti. Terminamos ahí la primaria pues en ese tiempo no había secundario en Cipolletti, todavía no estaba el Manuel Belgrano que fue el primer colegio, había que ir a Neuquén a estudiar el secundario. Yo me inscribí en Neuquén, mi hermano y mi hermana más chica también pero como éramos tantos había que trabajar, entonces la única que estudió fue mi hermana más chica, Mary, que fue maestra y después directora en las chacras. Se jubiló como supervisora de Nivel Primario y falleció hace poco. Fue la única que hizo el secundario, todos los demás no. Podría haber estudiado la más chica porque cuando ella terminó ya estaba el Manuel Belgrano pero no la obligaron, no le exigieron y mi hermana lo único en lo que tenía notas buenas era en educación física  porque le gustaba ir a jugar al Básquet  y al final no terminó la secundaria de vaga nomás!!.

Foto Postal, Escuela Nacional Nº 53 Cipolletti - Rio Negro

I: ¿Y usted a qué se dedicó?

 F: Yo me dediqué a trabajar, hice de todo, desde cuidar a la hija mayor del doctor Moguillansky, tenía un año y algo la nena. Fue la primera casa de familia en la que trabajé en Cipolletti, todavía no terminaba la primaria. Después en sexto (había primer año y primero superior pero había hasta sexto y no séptimo) cuidé a la nena del doctor, que era radiólogo. Yo quería crecer, no quería quedarme con eso, así que trabajé en otra casa, después estudié un poco de dáctilografía, particular, porque en ese tiempo lo único que había eran máquinas de escribir, luego entré en un galpón de empaque, tenía quince años. Un menor no podía trabajar pero me justificaban, no sé si, seis horas, yo trabajaba más igual pero le había pedido a una amiga, que trabajaba en el centro, que cuando supiera de algún empleo de oficina me avisara.

I: Disculpe que la interrumpa  ¿aprender dáctilografía era bastante común en la época?

F: Si, y a parte de estudiar  particular se estudiaba en una academia que era de Buenos Aires y mandaban los exámenes por correo, no me gustó mucho eso porque uno se confiaba de que iba a salir bien porque sabía de antemano si iba a salir bien porque había copiado el examen o le pedía a otra persona que lo hiciera por mí, entonces con el tiempo dije “No, con esto me engaño a mí misma”. Pero era bastante común porque era la principal fuente de trabajo en las oficinas la máquina de escribir y si sabías era mejor. Después de entrar a trabajar en un galpón de empaque, me avisaron que se había abierto una entrevista de un Ingeniero Agrónomo y que necesitaban una secretaria. Bueno, fui ahí a trabajar, aunque era menos el sueldo que el que ganaba en el galpón pero no me importaba.

I: ¿Era pesado el trabajo en el galpón?

F: No, no era pesado, yo era selladora, andaba sellando cajoncitos nomás

I: ¿Había otra gente de su edad trabajando?

F: Habían otros chicos que juntaban cajones o el papel de los cajones para embalar y esas cosas pero era poco, no había tantos chicos trabajando. Yo entré a esa oficina y tenía esperanza pero montaron esa oficina y no les fue bien, alcancé a trabajar ocho meses y el presidente de esa oficina era el Presidente del Club Cipolletti en ese momento, entonces como la oficina no andaba, me estaban pagando un sueldo de gusto, sin hacer nada, así que me ofreció trabajar en la Secretaría del Club y me fui a trabajar ahí. Trabajé dos años y por ahí salió un empleo en La Comercial en Cipolletti, una casa de venta de vidrios que era muy grande en esa época.  Fui a verlo un sábado, antes del trabajo, y me dijeron que el lunes vaya a trabajar, así que dejé el Club Cipolletti y me fui a trabajar ahí, trabajé como seis o siete años. El mismo que era Presidente del Club era Presidente de la Cooperativa Viñeteros Unidos, del directorio, entonces necesitaban empleada en la Cooperativa de las bodegas de vino y me vino a buscar al negocio porque ya me conocían. También dejé de trabajar un sábado y entré el lunes a trabajar a Viñeteros Unidos. Así, aún después de casada, trabajé un año más, viajaba todos los días de acá de Allen a Cipolletti, luego dejé porque me embaracé de Daniel, mi primer hijo. Dejé, sobre todo, de viajar y por ahí me conoció José Bizzotto y me ofreció trabajo en la oficina de su galpón.

I: ¿Y su marido es de Allen?

F: No, él es de La Pampa pero vivía en Allen. Lo conocí en Cipolletti en una misa. Porque él se crio en el colegio San Miguel de Roca. Nació en La Pampa pero el padre era un padre violento, que le pegaba mucho, aún hoy tiene marcas de las palizas que le daba… y él se iba de la casa, porque vivía en el campo, cerca de la Japonesa, y no había puente, entonces iba a hasta el río para que la balsa lo cruzara pero nunca lo cruzaba. Pero un día la balsa lo cruzó, llegó hasta un puesto de la policía y les dijo lo que le pasaba y lo trajeron a Roca. Lo sentaron en una camionetita atrás, tenía seis años. Lo trajeron en enero al Domingo Savio y ahí el sacerdote que estaba, que no me acuerdo como se llamaba, lo tuvo hasta marzo que empezaban las clases en la primaria. En marzo lo llevaron al San Miguel en Stefenelli allí había un padre Húngaro que fue el que lo crio y con el que tuvimos mucha relación.  Nos vino a casar y todo,  inclusive con Daniel se vio mucho tiempo, le decía “nietito”.

I: ¿Y qué edad tenían cuando comenzaron a salir con su esposo?

F: Yo tenía veintidós años y él tendría veintisiete, alcanzamos a salir un año más o menos y nos casamos.

I: ¿Era el primer novio?

F: Si. El primer novio que fue a mi casa e inclusive eran contados los días que podía ir, solo los jueves o los domingos, además, él tenía que viajar y no tenía en que moverse. Una vez perdió el último colectivo y se vino desde Cipolletti caminando!. Nos casamos en Cipolletti en la Sagrada Familia, la iglesia  nueva, fue el segundo casamiento de la Iglesia. Después nos vinimos a vivir a Allen. Nos casamos un once de abril del ’59, fuimos de viaje a Bahía Blanca, a la Pampa, por ahí anduvimos y llegamos acá como el 22 de abril. La primera casa que fuimos fue a la de Luis Langa, no Luis sino el padre de Luis[3] porque él era amigo de mi marido y fue a sacarnos las fotos, nos regaló todas las fotos del casamiento y nos dijo “cuando vengan a Allen vayan a cenar a mi casa”. Entonces cuando llegamos (veníamos en tren) fuimos a cenar a lo de Langa, Luisito no había nacido todavía. Yo me relacioné con mi marido porque él estaba en la Iglesia Católica, en Cipolleti estaba en la Unión Católico de Jóvenes.

Eduardo Zalazar en Vocal Euterpe

I: Eso le quería preguntar, usted decía que a su marido lo conoció en la misa ¿esta relación tan cercana con el tema de la iglesia lo trae de toda la vida?

En mi familia había una religiosidad popular diríamos, pero sin práctica porque en el campo no teníamos la posibilidad, si recuerdo que mi papá y mi mamá nos enseñaron siempre a rezar.

 I: ¿y eso lo entendían o lo hacían simplemente porque los papás les decían?

F: Yo no sé si entendía realmente, o creo que algo se sembró porque solas empezamos a venir a la parroquia también y eso que en Cipolletti vivíamos muy lejos del centro. Nos quedaban quince cuadras, teníamos que pasar por pura chacra.

I: Toda la familia iba?

F: Casi todas las mujeres todas, los varones eran más ariscos!

I: ¿A los varones les permitían no ir?

F: Si, pero éramos totalmente libres. Nos permitían ir o no ir, nadie nos imponía nada. Mi papá nos acompañaba a la misa que se llamaba Misa de Gallo, en Navidad,  que se hacía a las doce de la noche, entonces desde tan lejos no nos dejaba venir solas y venia él caminando con nosotras. Recuerdo que él decía que creía en Dios pero no en los curas. Esa cosa las tuvo hasta el día en que se murió. Mi papá se murió en Bahía Blanca, estaba conmigo, yo tenía dieciocho años. Fuimos a pasear y de golpe se descompuso, hubo que operarlo de un tumor en el estomago tremendo, en esa época había mucho menos medios, te estoy hablando del año ’55. Yo quería traer al sacerdote a la cama porque además el médico me había dicho que se moría, que era muy difícil que se salvara pero como era tan enemigo del sacerdote no me animaba y resulta que el último día estaba mal, inquieto en la cama y el pidió que viniera el sacerdote. Cómo en esa época en el Hospital había Capilla, vino el sacerdote. Se quedaron conversando los dos en la habitación y después de que se fue el sacerdote quedó en paz, sonriendo, no se quejaba ni se inquietaba como antes. Era como que estaba necesitando esa palabra posiblemente porque a las dos o tres horas se murió, con una sonrisa, en paz, tranquilo. Entonces pienso que realmente lo llevaba adentro también pero a veces el orgullo no lo dejaba o pensaba que la religión era para mujeres y de viejas. Y bueno, ya después quedó enterrado en Bahía Blanca. En aquellos tiempos no había medios solo el tren que pasaba una vez al día así que mi madre llegó un día antes de que muriera, mi hermano llegó media hora después que había muerto.

Después seguimos, fue difícil seguir después. Además mi hermana mayor tenía cinco hijos y quedó viuda. De los cinco hijos tres vinieron a vivir a mi casa, lo trajo mi mamá para criarlos. Le dejo la más chiquita que tenía seis meses y la más grande que tenía diez u once años. La más chica que había vivido con nosotros había nacido enferma así que a los trece años murió estando con nosotros. El varón se casó, tuvo hijos, murió antes que mamá. Tenía cuarenta y dos años, de un infarto pero era gordo, fumaba como un caballo y la hija mayor también murió de un infarto no hace mucho y la otra, la chiquita que se había quedado con mi hermana murió hace poco en Tandil. De los cinco hijos quedó una, la que se crió con nosotros y que vive en Zapala.

I: ¿Qué fue lo que encontró yendo a la parroquia, a misa y después integrarse en distintas actividades,  relacionadas muy estrechamente con la religión, qué la movilizó?

F: Yo creo que el servicio. Empezáis a leer partes, partes porque yo no era muy lectora de la Biblia porque no la entendía, después con el tiempo fui viendo que la palabra te está hablando a vos, Dios te está hablando a vos, en ese momento sentí que no era la lectura de un libro histórico. Entonces cuando te movilizan cosas, por ejemplo, en una de las bienaventuranzas cuando te dice “Cuando te mueras y te vayas te tendré un lugar destinado a mi derecha porque tuve hambre me diste de comer, estuve enfermo me fuiste a visitar, estuve  preso me fuiste a visitar, tuve frío y me abrigaste” y uno piensa ¿pero señor cuando lo hice? Cuando lo hiciste con él más pequeño, que quiere decir el más pobre de mis hijos conmigo lo hiciste. Porque Jesús está en los más pobres aunque sea un borrachín, un drogadicto. Todo ese servicio de poder ayudar y la esperanza que es lo que te hace feliz, de pensar que te vas a morir y vas a tener otra vida junto a Dios. Después en el grupo, en la Parroquia, con la gente, uno se siente identificado. Yo siempre le digo a ellos que tengo otros amigos que no frecuentan la Iglesia y a veces me siento mal. No es que nosotros hablemos siempre de religión, contamos cuentos, jorobamos,  nos reímos, no estamos con el rosario en la mano a cada rato, somos personas normales pero tenemos otra visión de la vida. La vemos con más esperanza, mas alegría. Entonces yo le digo que con este otro grupo me siento bien pero no es la misma comunión porque no hablamos el mismo idioma. Yo no trato con palabras inculcar mi fe o mi religión sino con actos, lo que se ve, se ve invita… Con actos con presencia y no con imposiciones. Con imposiciones no vas a llegar nunca a creer, tiene que ser un despertar natural.

I: ¿Y esto del servicio, del ayudar qué es lo que le deja?

F: Yo siento un paz interior cuando ayudo a los demás, me deja bien, no para publicarlo ni nada por el estilo sino que me ayuda a relacionarme y entender mejor a la gente, incluso a la familia misma. Yo creo que así como mi papá a último momento le llegó la hora yo creo que a todos Dios nos da la oportunidad para arrepentirnos. Todo eso, el compartir… cómo te puedo explicar… yo ahora estoy en el grupo el CEFRA (Centro de Formación Religiosa de Adultos) esto se puso en la Diócesis hace nueve años, estamos empezando el cuarto ciclo, son ciclos de tres años, tres años de duración cada ciclo. Yo empecé hace nueve años, fui al primer ciclo, yo y varias personas de acá, unas veinte personas que lo hacíamos, una vez al mes, en Cipolletti. Cuando terminamos el tercer ciclo yo quedé, por que se venden las cartillas para trabajar, me dejaron para manejar eso, para cobrar las cartillas, etc. Entonces iba cuando tenía que cobrar las cartillas. Ya el año pasado cuando terminó el segundo ciclo, el sacerdote Juan, el que está acá, que es el responsable, me dijo que integrara el equipo entonces estuve en el tercer ciclo, que fueron tres años y ahora estoy empezando el cuarto. Y hay una cosa, una amistad que no se cómo poder explicar porque yo creo que el grupo con que nos miremos nos entendemos y aparte con todo lo que pasé ellos han estado al pie del cañón como ninguno, todo eso fue lo que más fuerza me dio para no tener miedo al cáncer… fue las oraciones porque yo sabía que ellos estaban rezando, la comunidad con la que nos reunimos, inclusive en la Diócesis y en las misas de Catriel, todos lo que me conocen en las distintas parroquias me contaban después que pedían por la recuperación de Flori y bueno, todo eso me ayudó muchísimo. Cuando entré al quirófano iba segurísima y hasta que me dormí vi la cara de toda la comunidad de la parroquia, de la familia y me fui durmiendo tranquila aunque a lo único que le tenía miedo era a la anestesia, tenía miedo de no despertarme más!. Escribí una carta a los chicos antes de entrar porque creí que no los iba a volver a ver. No tenía miedo al cáncer no, yo sabía que si salía de la anestesia me iba a curar y lo tomé de entrada con mucha tranquilidad.  Me descubrí mi cáncer en marzo del 2005 y justamente se le dije a mis amigas… ellas me decían “anda al médico” pero justo se casaba el hijo de María Olga el treinta de abril, yo dije: si voy al médico me van a operar y al casamiento no voy a poder ir, entonces no voy a ir al médico total ya sé que es cáncer lo que tengo. Voy a ir después del casamiento. Así que fui el dos de mayo y si, para el quince de mayo ya sabía que tenía cáncer porque me hicieron la biopsia.

I: ¿En algún momento tuvo temor cuando recibió la noticia?

F: No, mi hija estaba el lado mío y Susy lloraba pero a mí si me hubiesen dicho que tenía angina era lo mismo. Yo en ningún momento tuve miedo, es probable que a lo único que le tenga miedo es a sufrir, a tener una larga vida de sufrimiento y no solamente que me haga sufrir a mi sino también a mi seres queridos a eso es a lo que más miedo le tengo, al sufrimiento y a darles trabajo, miedo a la muerte no, a morir no porque tal vez ese es mi fin. Creo que voy a resucitar en el sentido de estar junto a Dios, no voy a resucitar en cuerpo y alma, pero si hay otra vida que para mí es una vida invisible, junto a Dios. Por eso me tomé muy en broma todo, hasta la caída del pelo!. Cuando se me empezó a caer, me vine al baño, agarré una bolsita y empecé a sacarlos, como me quedaban unos pelos ahí medios parados, me fui a la peluquería y me pelé, después tenía como “pirinchitos” que te quedan como espinitas, me enjaboné la cabeza y me pasé la track y listo.

Lo tomé bien, me encargué sola de muchas cosas porque al sacarme la mama he quedado mutilada. Bueno, el mismo hematólogo que es para mí un genio, el petiso!, me dijo como podía hacerme una prótesis con una bolsita de semillas de mijo sino encontraba algo de silicona. Así que yo cuando salía a la  calle y había humedad o lluvia con la gente de la parroquia decía “no me tengo que mojar porque me puede empezar a brotar el mijo y se me empiezan a salir las raíces”!!. Me he tomado el pelo sola, lo he tomado no en broma porque fue una cosa seria pero... bueno yo se que de este cáncer no me voy a morir. Ahora que puede salir otro por otro lado puede ser, no estoy libre pero de este que tenía me curé y bueno así fui tomando las cosas de la vida, con más optimismo pero me sigue doliendo el sufrimiento de las demás personas. Yo en las noches cuando me acuesto pienso en esas personas que tendrán frio, si les entrará frío por las hendijas de esos ranchitos mientras yo estoy calentita en la cama y más de una vez cuando abrís el gas prendes la luz, abrís la canilla y tenés agua corriente, cosas que no valoramos porque las tenemos cotidianamente… No las valoramos  porque está incorporado en nosotros pero hay tantos que no las tienen y que sufren por no tener, eso me duele. Pienso siempre en toda esa gente de las bardas que está, cuarenta o cincuenta años viviendo ahí y los quieren echar… me duele el dolor de los demás y de no poder hacer nada, que no está la instancia de poder ayudar de otra manera.

I: Pero Usted a lo largo de todos estos años ha participado de muchas actividades y ha hecho cosas.

F: Si, gracias a Dios sí, he participado de muchas cosas, yo no pare nunca desde el año ’59 que llegué a la Parroquia, no paré nunca de trabajar para la Parroquia.

I: Volvemos un poquito para atrás, justo cuando Usted me estaba contando que llega a Allen recién casada, el nombre de su marido.

F: ¿El nombre? Eduardo Lorenzo Salazar.

I: Un año de novios, se casan e inmediatamente se vienen a vivir acá a Allen... usted conocía mucha gente?

F: Al único que conocía era a mi marido y para él era que todo conocido de él es amigo, yo después con el tiempo siempre le digo: no todos son amigos.

I: ¿Él hace cuanto que vivía acá en Allen?

F: Él había venido a los dieciocho así que hacía diez años más o menos que estaba acá. Estaba trabajando en Agua y Energía[4], o sea cuando recién llegó, empezó a trabajar en lo los Silvetti, no sé que hacía ahí, después con Santamaría, armando las máquinas, él es tornero. Esa es una de las cosas que el también agradece a sus salesianos porque, además de terminar la primaria en San Miguel, lo llevaron a la escuela técnica a Bahía Blanca, donde se recibían de mecánico, carpintero, tornero, etc. Él estudió tornería, el titulo de él incluso está certificado por la Universidad de Mendoza. Ahí después entró, por medio de Silvetti, a Agua y Energía y trabajó toda su vida ahí hasta que desapareció. Trabajó donde es ahora el Corralón Municipal, después fue a trabajar a Neuquén, cruzando el puente, a la empresa Alto Valle creo que se llamaba.

I: ¿Y usted que hacía?

F: El primer año viajé como te decía a Viñeteros Unidos, después dejé de trabajar pero no mucho tiempo menos de un año y empecé a trabajar con Mariani – Bizzotto, un galpón de empaque. Tenía una oficina, creo que hay un bar ahora ahí, frente al mástil, ahí era la firma de Tarántola, que era una firma de Buenos Aires y trabajaba con Mariani y Bizzotto. Ahí trabajé siempre, en la época de cosecha no teníamos horario de salida, vivíamos ahí adentro...

Galpón Mariani - Bizzotto

I: Y a eso se suma el trabajo de la casa, ¿verdad?

F: Si, y a los hijos, Daniel nació en agosto del ’60 y lo cuidaba, mientras que yo trabajaba, una familia que vivía atrás, que tenían tres hijos varones. Te digo atrás, porque ahí donde está el Supermercado Gol[5], eran dos entradas de departamento. En el banco Nación había otra entrada y mi marido alquilaba de soltero, una habitación, una piecita chiquita, ni baño teníamos, solo agua fría nomás… teníamos que calentar en una olla, para todo… me acuerdo que lavábamos la ropa con la tabla!.

Por el trabajo de oficina, traía todas mis manos cuidaditas pero mi marido usaba mameluco, lleno de grasa! Después de lavarlo me quedaban todos los dedos lastimados!!. Después nos pudimos comprar un lavarropas a pedal, veo los lavarropas automáticos y digo que me quedaría un mes sin comer, si se me rompe, para poder comprarme otro, es una maquina que me ha salvado, después de tanto trabajar, hemos trabajado mucho. Ayer precisamente vi a mi hermana mayor, no la que se le murieron los hijos sino otra, que va a cumplir ochenta y tres años. Me decía que le duelen los huesos ¡y como no, si hemos trabajado como animales toda la vida!

Ella se jubiló de portera de una escuela, imaginate lo que se limpia en una escuela!!  tiene dolores de huesos por todos lados… Y yo te decía que entré formando una agrupación en una parroquia, éramos doce mujeres de las cuales la mitad ya ha muerto, empezamos en el ’59, yo llegué el veintidós y el veinticuatro ya la formamos, no lo dejé nunca. En la capilla Santa Catalina, donde ahora está La Anónima, ahí trabajábamos e inclusive cuanta más actividad teníamos comprendí muchas cosas de la Iglesia, fue cuando vinieron en esa época los curas españoles, en el ’70. Ellos nos hicieron ver más aterrizada la realidad no tanto de la altura celestial sino de la realidad de ahora. Ese cura hizo un templo grande, yo junté recaudando fondos en la Iglesia grande de Cipolletti, nos llamaban las abejas… Incluso el templo grande de Cipolletti tiene escrito en algún ladrillo los nombres de todas las que trabajamos juntando dinero para hacer el próximo, yo salía a juntar con la señora de Santo.

I: ¿En qué año se empezó a construir la Iglesia nueva?

F: Se inauguró en el ’72, así que se construyó un poco antes. José María le hizo poner el cielo raso, ya el otro, le puso el piso, después de los españoles vino el padre De Roia que estuvo como diez años y después estuvo, un año, Jorge Fernández Pasos que es el Vicario en la Diócesis. Después vino el padre Luis Torta quince años y después vinieron unos de San Nicolás, vinieron muy poco tiempo.

Foto de 1970 del Libro de la Escuela 222.

I: Siempre se entendieron bien con los curas?

F: Yo generalmente sí. Lo que yo nunca tuve es esto de decir que si a todo lo que dicen, lo que no estoy de acuerdo se lo digo y bueno… tuvimos buena relación porque los he respetado.  Eso me lo enseñó un cura gallego, que yo me tengo que relacionar, trabajar con la comunidad y seguir  a la gente de la comunidad, no tanto con el cura porque, el cura está de paso, está cinco años, seis, diez y se va, la comunidad es la que se queda, no tenemos que quedar llorando por el que se fue porque vendrá otro.

I: ¿Y con qué cosas empezaron cuando formaron el grupo, las primeras actividades?

F: Generalmente, catequesis, es lo que se da.

I: ¿Dónde trabajaban en la misma parroquia?

F: Como antes no había capilla en los barrios, yo trabajaba mucho en los barrios. Yo trabajé mucho en el barrio La Costa Este, después di catequesis en las chacras, en Colonizadora, en Tiro Federal, en las casas de familia, en el barrio Hospital.

I: ¿Cuanto duraba?

F: Como ahora, dos años y se preparaba para la comunión. Tomaban eso y empezaban otro.

I: ¿Y trabajabas sola?

F: Sola y con un grupo si, de ocho o diez chicos. He dado catequesis acá en mi casa. Ya de chicos no doy más, creo que esto le compete a la gente más joven ahora porque tienen más creatividad, otra manera de entender a los chicos y jóvenes de hoy, que por ahí yo no los entiendo y no puedo imponer cosas como las entendía yo antes. Entonces la gente joven puede relacionarse con los chicos de otra manera, cuando yo era joven me iba de campamento con los chicos, jugaba, me tiraba al piso, ahora ya no puedo.  El padre Miguel era un tipo inquieto y nos tenía a todas corriendo a la par de él, hacíamos campamentos pero no acá cerquita,  en Viedma, en la cordillera. Lo que sí, dividíamos, los varones iban una vez, las mujeres iban otra vez.

I: ¿Había diferencia entre los chicos de la costa, de algún barrio y los del centro?

F: Nosotros tratábamos de que no pero surge como espontaneo la discriminación. Yo he tenido chicos de los barrios y del centro juntos, en apariencia se tratan bien pero después en las calles ni se miran. Eso ha ocurrido, me parece que ahora no tanto. Por eso los chicos de la costa o de las chacras quieren venir a tomar la comunión acá, en el centro, porque se sienten más importantes. Por eso juntamos a los dos grupos para tomar la comunión y la toman el mismo día, para que no digan que lo pobres toman la comunión un día y los ricos otro.

I: ¿Qué otro tipo de actividades fueron incorporando?

F: Juntar fondos más que nada, hacíamos rifas, comidas, cuando llegué acá se hacían quermeses en el patio o en el Teatro Municipal, porque esa parte, donde están las oficinas que es de vidrio, eso no había nada, había una puerta grande que se entraba al salón y ahí se hacían las kermeses, se ponía un kiosquito, se hacían bailes, no habían guitarra, no había nada. Yo la verdad es que siempre digo que nadie es profeta en su tierra, yo traté de inculcarles lo que a mí me inculcaron, los mayores, a mis hijos, ellos ninguno de los tres es religioso, de ir ni nada, ninguno de los tres. Sé que tienen actitudes muy buenas en algunos casos, sé que son solidarios los tres, que no tienen vicios tampoco o sea que algo de lo que se sembró quedó.  Fernando y Susy cuando tenían diecisiete años integraron el grupo del padre Miguel, después tomaron ellos un grupo de adolescentes, los llevaron de campamento, después de que Miguel se fue, pero después se alejaron… se alejaron y listo. Ellos saben que a mí no me van a cambiar porque, yo estoy segura de lo que hago, de mis convicciones, pero ellos son libres, siempre los dejé que actuaran en libertad. Germán y Camila tomaron la comunión y quizás me arrepiento de haber insistido en que tomaran la comunión y por eso en los otros dos no metí la cuchara para nada. En Germán y Camila quedaron cosas muy buenas pero no prácticas, de practicar.

I: Fue muy complicado combinar tus actividades de la iglesia con las de la casa o el trabajo afuera.

F: No es que me quiera mandar la parte pero, soy una máquina de trabajar, siempre he tenido el tiempo ocupado, yo he trabajado siempre. Lamenté trabajar en tiempo cortado y no poder trabajar en lo público para trabajar de corrido, tener los sábados, los domingo y todos los colorados, el camino libre. Yo trabajé siempre dentro del gremio de la Fruta, trabajé en galpones de empaque siempre en la oficina, con Viñeteros Unidos trabajé en la administración, después trabajé con Mariani – Bizzotto, en la parte del galpón; eran tres galpones: Mariani - Bizzotto, Tarántola y Pollio. Después de eso seguí trabajando con Mariani Bizzotto y Tarántola en los galpones que tenían en la calle Brown, que hoy es el frigorífico de Martinez. Trabajé hasta el año ’83 ahí, en esos galpones y después en ese año le hicimos juicio al que había comprado el frigorífico porque no nos pagaban. Nos consideramos despedidos los cuatro empleados que habíamos, que eran el que atendía la cámara de frío, un encargado, un autoelevadorista y yo, que trabajaba sola en administración. Bueno, nos consideramos despedidos y le hicimos juicio, eso fue en septiembre del  83’. Yo me dije en ese momento: “no busco más trabajo”, acá en Allen me quede, pensé, quien me necesite, que me vaya a buscar… y efectivamente, en enero vinieron a buscarme si quería trabajar en la cosecha.

I: ¿Ha sido más trabajo de oficina lo que has hecho?

F: Siempre, siempre, liquidación de sueldos, jubilaciones, facturaciones, cosas así. Después cuando me fui a Sidra Real, me jubile. Trabaje hasta el 92’, podría haber seguido trabajando pero se enfermo mi madre y la traje para acá, fue todo un año… la cuide hasta que murió, acá en mi casa. Así que yo deje de trabajar a fin de año, principios del 93’. Igual el mayor trabajo fue con los chicos en la escuela porque, yo los mandaba a la escuela, casi siempre fueron de mañana los 3 y, si bien, tenía alguna mujer para que me los cuidara, yo por ejemplo, venían los varones con los guardapolvos sucios de jugar al futbol o lo que sea y dos veces por semana les cambiaba el guardapolvo, los ponía en jabón, los lavaba y después los planchaba a la noche o a la mañana tempranito. Lo que tienen los galpones de empaque es que al mediodía es muy poco tiempo, no es como un comercio, que te abre a las cuatro a las cinco de la tarde, el galpón de empaque o la fabrica ya a las 14:30 hs. está abierta, así que veníamos a comer a gran velocidad y salir porque yo entraba a las 14:30 o las 15:00 como máximo.

I: ¿Y todo lo que tenía que ver con el trabajo comunitario quedaba más relegado al fin de semana?

F: Si, si al fin de semana y había épocas en que trabajaba hasta los fines de semana, por ejemplo, cuando teníamos que hacer los sueldos (no había todos estos adelantos que hay hoy en la oficina), justo le decía hace poco a los chicos, que, cuando hacíamos los sueldos en Biscote, eran más de 400 o 500 empleados, entre obreros y empleados de todos los galpones; hacíamos todo a mano, yo hacia los recibos, otro muchacho, Pochocho Morales que murió, manejaba una maquinita a pedal, que se daba vuelta con la mano para hacer la multiplicaciones, él me iba dictando y yo iba escribiendo los recibos, cuando teníamos que sacar el porcentaje de las extras, el porcentaje de jubilaciones, de retenciones, todas esas cosas con esa maquinita!! Después lo volcábamos a mano en un recibo, a mano! por triplicado para todos los empleados de Pollio, Tarántola y Bizzotto. Cuando era liquidación de sueldos a fin de mes, a lo mejor nos quedábamos hasta las 3 de la mañana haciendo sueldos sin cobrar nunca una sola hora extra… siempre el administrativo gano mucho menos que todos los demás, a nosotros los administrativo no nos pagaban bien, salvo en Sidra Real, que ya fue otra cosa. Allí en Sidra Real, donde me quedaba media hora de más me la pagaban aunque también se trabajaba hasta muy en la época de la cosecha, cuando entraba la manzana, que empezaba a entrar en febrero y terminaba a fines de mayo entonces. Cuando estaba la cola de camiones, yo atendía la báscula, hacía las entradas de fruta, bueno, de todo un poco… después que yo me salí de Sidra Real en el 93’, te imaginas, ya compraron computadoras, que les salió más barata porque con un sueldo mío pagaron otra computadora y ya no necesitaron otra empleada, la empleada que quedó manejaba la computadora y listo, se agilizo todo.

Foto de 1970 del Libro de la Escuela 222.

I: Y a partir de ahí ¿cómo fue utilizando el tiempo?

F: El primer año fue atender a mi madre, que estuvo postrada solamente un mes, pero tenía 94 años, así que había que atenderla, se valía por si misma gracias a Dios, lucida completamente… murió lucida, sabiendo que se moría, es más, ella no tuvo instrucción religiosa y prácticamente escuela tampoco, sin embargo, era un viernes, me acuerdo, como las 11 de la noche, y nos dijo a mí y a mi hermana, que estábamos las dos cuidándola: “rece mi hija porque me muero” y al rato entró en coma. A las 12 de la madrugada, listo, así que bien, sabiendo que se moría en paz, tranquila, pidió inclusive, antes de morir, conversar con nosotras, nos pidió que en el velatorio pusieran música mapuche, porque eran sus raíces… su abuela, y ahí nos enteramos, que su abuela había sido mapuche y porque nunca nos dijo. Así que la bisabuela mía era mapuche y, cuando les preguntamos, porque nunca nos había contado, dijo que para que no nos discriminaran en la escuela, porque si sabían que teníamos descendencia mapuche nos iban a discriminar.

I: ¿Aprovecha a descansar un poco?

F: Y si, para mí fue descanso esto, un poco sí.

I: ¿Después de estar con tanto trabajo, tantas ocupaciones, había lugar para cuestiones más recreativas que tengan que ver con usar el tiempo libre, había momento para eso?

F: Si, yo te digo, con un grupo nosotros no nos quedábamos un día sin ir al rio, por ejemplo, cargábamos todo, nosotros no teníamos vehículo pero siempre pasaban a buscarnos alguien del grupo, cargábamos la comida, cargábamos a los chicos, la parrilla y a divertirse!. Era pasar el día en la isla, la 19 creo que se llama, allá donde hicieron el otro puente cerca de donde creo que hicieron un zoológico, que hay muchas plantaciones y todo eso, ahí había un lugar muy lindo, nos juntábamos un montón de gente, 4 o 5 matrimonios, mas los chicos nuestros y de los otros… después salimos de vacaciones, cuando tuvimos el primer autito, el AMI8, nos íbamos a Aluminé, a San Martin de los Andes.

I: ¿Y qué actividades hacían cuando iban al rio, jugaban a las cartas, charlar?

F: Jugábamos a las cartas, tomar mate, comer asado, contar cuentos, cantábamos, si había alguno que toque la guitarra, mejor, sino cantábamos siempre sin guitarra, cantábamos todos, sobre todo folklore. También, sobre todo cuando recién nos casamos, que estaba el cine San Martin y el Lisboa, íbamos 2 veces por semana al cine. El cine San Martin era el único en el Valle que traía estrenos, venia gente de Neuquén, de Roca a ver las películas acá, se llenaba los sábados y domingos. Los martes y miércoles, creo que eran las entradas baratas y daban películas nacionales, por ahí también nos gustaba ir. Daban películas de Sandrini y todas esas de Palito Ortega, que se yo!! “El profesor tira bomba”… hasta daban las de Isabel Sarli, que hoy se la podes dar a los chicos del jardín de infantes, con lo que se ve en televisión pero en ese tiempo, eran prohibidas.

I: Cuando llegaron conocía poca gente ¿cómo se fueron vinculándose socialmente? ¿Cuando llegaron con su marido acá?

F: El ya vivía en Allen, para el ya era una zona conocida… al lado de nuestra casa, vivía la familia Ramos, que eran 7 mujeres, pero en ese momento había 5, las otras dos creo que estaban en Salta y nos relacionamos con ellas primero. Íbamos a la iglesia, a misa y nos juntábamos… yo note en ese tiempo, y lo sigue siendo, un Allen muy solidario y muy abierto a recibir a la gente de afuera, a los que vienen. Si vos te pones a analizar acá, muchas veces la gente desde el ámbito que yo estoy, por ejemplo, en la Junta Vecinal, miro desde otro ángulo el pueblo y lo veo individualista, que cada uno mira su ombligo y cada uno apoya lo que le gusta. Por ejemplo, que se yo, me gusta el futbol, entonces, voy a apoyar al futbol, a tal club, porque me gusta el futbol o me gusta el básquet… pero a lo mejor, otras cosas que se hacen no se apoyan, porque a mí no me gustan. Voy al coro y apoyo al coro, porque me gusta, pero no voy a la escuela de danza porque a mí no me gusta, entonces, no existe. En eso lo veo individualista, porque nos cerramos en una cosa y nada más. Pero para lo solidario pasa algo y la comunidad enseguida está al servicio, lo veo mucho sobre todo desde que hay capillas en los barrios, en la gente de los barrios, los más pobres son los que más dan, son más solidarios, si tienen dos papas, te dan una para compartir, eso es la solidaridad. Nosotros tuvimos oportunidad de irnos a vivir a Neuquén porque no teníamos casa, estábamos alquilando y como Agua y Energía hizo un plan de viviendas cruzando el puente de Neuquén nos podríamos haber ido a vivir. Pero a mi realmente me cautivo la gente de Allen. Yo quiero a Allen como si fuera mi lugar de nacimiento y lo defiendo a muerte, a pesar de todas las falencias que tiene y muchas veces cargamos todo lo de los gobierno… decís el pueblo es sucio y no es el pueblo, sino la gente!! Nosotros.

I: En estos 40 años de trabajo ¿recuerda algún periodo en el que por algunas circunstancias haya sido más difícil llevar adelante su actividad religiosa?

F: Desgraciadamente el dinero es el que mueve todo y cuando no hay para una cosa o la otra, se para la actividad. Los distintos gobiernos, mal o bien, regular, que hemos tenido, han hecho que las familias se tengan que ajustar mucho mas y eso lleva a no tener con que colaborar o ayudar.

I: Recién mencionaba lo de los gobiernos ¿hay alguno, en particular, en el que haya sido más complicado llevar adelante las actividades? ¿Ha sentido presiones de algún tipo? O por el contrario ¿algún periodo en el que haya habido más libertad o más facilidad que en otros?

F: Yo creo que nosotros, mi generación, tuvimos sucesivos gobiernos militares, entonces no hemos aprendido por eso es tan difícil vivir en democracia todavía hoy, porque no hemos aprendido a mantener la democracia, veíamos como “normal” que nos impusieran cosas y que la obediencia, por ejemplo, en la época militar, cuando los chicos tenían que ir a la escuela con pantalón azul y zapatos negros y las chicas con la colita atada o con trenza, nada de pelo suelto, nada de zapatillas nada de jean… uno lo tomaba en esa época como “normal”, como que estaba bien. Después, con el tiempo, nos dimos cuenta que no, que eran imposiciones del régimen militar que nos exigía… es lo que decía mi hija, una vez, hablando con una persona, con otra familia y le dicen: “A vos te hicieron algo los militares, a mi no me hicieron nada”, dicen (se refería a los 30.000 desaparecidos, la gente que dicen que fue secuestrada o desaparecida) “por qué a mí no me hicieron nada, ¿y a vos te hicieron algo?” y mi hija Susi les dijo: “si, a mi sí, me hicieron”, “¿Qué te hicieron?” le preguntan, “A mí me cortaron la libertad de poder ir como yo quería a la escuela, yo no podía leer lo que yo quería leer sino los libros que imponían en la escuela”.

Foto: Pablo Cerolini

I: Como que en ese momento no había conciencia de eso.

F: No había tanta conciencia

I: Era como interiorizado, normalizado, como que era de esa manera.

F: Claro! yo me empecé a dar cuenta de muchas cosas desde el 78’, cuando fue el Mundial. Fue un poco antes del contacto que tuve con este sacerdote español, que te comentaba, y la hermana que vivía acá. Era una mujer de la edad mía, más o menos, hemos sido y seguimos siendo muy amigas y nos escribimos. Ella vive en Barcelona, viste que, desde afuera, se veía todo lo que estaba pasando acá, bueno, a ella, le llegaban las noticias de España, de que acá estaban tirando gente al rio… entonces, ella me contó, también, que secuestraban y tiraban al rio o al mar, que los tiraban vivos…  te ibas cuidando de abrir la boca, de hablar, de que sabíamos que había persecución, por ejemplo, por la Biblia latinoamericana, que tengo yo tengo y que se me añejó, de llevarla a los campamentos. Allí hay un dibujo y una frase que dice que el cristiano debe ser libre ante cualquier régimen, por ejemplo. Entones vos sabias que estaba todo prohibido así que yo la agarraba, la sacaba y la dejaba arriba de la mesa del comedor, para que los que vengan acá vean, esta es mi arma.

I: Y este tipo de cosas ¿las hablaban dentro de la parroquia?

F: Poco, yo lo hablaba con una o dos o tres personas, por ejemplo, con ellos, con los españoles, no lo hablaba tanto con mi marido, mi marido venia de un régimen casi militar también, donde todo lo que hacían los militares estaba bien visto. El, como muchos, se dio cuenta mucho tiempo después lo que era, cuando fue la guerra de Malvinas, incluso un poco antes, cuando parecía que iba a haber guerra con Chile. Recuerdo que mi hijo Fernando decía en esa época que “si tenemos guerra con Chile nos ganan, porque no tenemos armas, yo he visto en  Junín de los Andes las armas viejas que tenemos, prehistóricas, yo creo que tenemos que agarrar ondas y tirarles piedras mejor”. Se decía después de que iban a incorporar a la Clase 61 pero no alcanzaron a llamarlo. Yo estaba furiosa en esa época porque ya me había dado cuenta lo que eran los militares, no colaboré con la plata que juntaban para la ayuda de las Malvinas porque, viste? era todo mentira, vaya a saber para qué bolsillo iba, no quise colaborar.

I: ¿Le trajo problemas con alguien, no querer formar parte con eso?

F: No, no porque el ámbito en el que moví, a lo mejor muchos ni se enteraron y muchos, a lo mejor, estaban de acuerdo con lo que yo hacía también, no?.

I: ¿Alguien le pidió ayuda puntualmente?

F: A la iglesia le pidieron ropa y me acuerdo que estuvimos tejiendo para mandar a los soldados, que no se si les llegaron alguna de las bufandas y gorras que hicimos. A mí me llamo mucho la atención la mente abierta de Fernando, un poco porque lo vivió en el servicio militar, que fue muy distinto el servicio militar de mi hijo mayor, Daniel. Él estuvo en la Marina, en donde se arman los astilleros, en Buenos Aires. Antes había estado en Puerto Belgrano pero después lo llevaron a Buenos Aires porque él quería ser enfermero, en realidad, para Daniel, en todo lo que no fuera mucho baile se anotaba, se anoto para ser enfermero y lo llevaron a Buenos Aires. Y ahí hizo vida de estudiante, tenia clases de las 8 de la mañana hasta las 12 y nada más, después ya libre. Se tomaba el tren y se iba a Bs. As., como iba vestido de marinero viajaba gratis. En cambio Fernando la paso feo en Junín de los Andes, baile, durmiendo en el campo, arriba de la nieve, porque en esa época, los hacían buscar un paso para Chile, por si se armaba la guerra.

I: ¿Qué le pasaba a usted cuando veía durante el conflicto de Malvinas que la gente salía a la calle con las banderas, pegaba la cintita en la antena del auto, festejaba y todo eso, teniendo ya una visión diferente de lo que era el gobierno militar?.

F: Mira, cuando tomaron las Malvinas, acá se hizo un acto en la plazoleta, yo fui al acto pero es probable que todo esto, poder ver un poco más, pensa que yo estudiar no estudie, sexto grado y nada más, ósea, lo que aprendí lo fui aprendiendo con mi trabajo, con la vida, con leer entre líneas, porque no me trago todo eso que dice el diario, así que yo me acuerdo, no se con quien fui al acto pero, sé que cuando termino el discurso que decían de que recuperamos las Malvinas y que se yo cuanto, yo dije: “no las recuperamos, ¿por qué festejan? Los ingleses no se van a quedar así, con que las recuperamos”. Y bueno, también  era la pelea o discusión, porque mi marido decía que sí, que las íbamos a ganar nosotros, que si ya habíamos combatimos a los ingleses tirándole aceite… entonces yo le digo: “y será cierto esa historia del aceite” para mí que no fue tan así ¿no?.

I: ¿Molestaba ver la ingenuidad de la gente?

F: Claro para mi sí; me acuerdo que estaba Gómez Fuentes, un periodista de ATC y Mónica Gutiérrez, que nos vendían que íbamos ganando y que se yo cuanto!! Yo no sé si vos viste un dibujo de Fernando? En tiempos de Malvinas estaba dele dibujar cosas de las Malvinas. Por ejemplo, hizo algo que me quedo muy grabado: era ATC en color la A y la T pero puso, ojos, unos ojos grandotes como que éramos nosotros, toda la gente del pueblo que está metido así, en el televisor, y abajo del televisor, un montón de soldados muertos, dibujaba todo soldaditos muertos… él tenía ya esa visión, mientras nosotros, los adultos, nos tragábamos todo, de que íbamos ganando la guerra y que se yo… él se daba cuenta que allá, los estaban matando. Ya teníamos un grupo de jóvenes que nos reuníamos en la Parroquia, chicos de 18 años, más o menos, y como nos reuníamos los sábados, yo casi siempre les preparaba pizzas y esas cosas, para que comieran y después se iban a bailar. Y Fernando me acuerdo que un día entro a la cocina y me dijo: “como puede ser que estos pibes no piensen, se quieren ir a bailar mientras pibes más chicos que ellos, están muriendo en las Malvinas? ¿Cómo puede ser que no piensen?”. Fue al único de mi familia que escuché pensar así en ese momento. Después perdimos la guerra, perder la íbamos a perder porque, las armas sofisticadas que tiene el Primer Mundo no las tenemos nosotros y más si colaboraba Chile con ellos… hasta colaboro Estados Unidos...

Por eso analizo muchas cosas y me duelen las injusticias, me revientan los acomodos, que se usan tanto y se ven tanto sobre todo en los políticos, ¿Por qué pusiste a tu señora a candidata a concejal? Le preguntaron a uno de acá, que no quiero dar nombre y dice: “porque trabajo mucho para el partido se lo merece” entonces, ¿estamos trabajando para los partidos o estamos trabajando para el pueblo? Esa es la diferencia, yo no puedo asumir o sea no podría trabajar para un gobierno y estar en un partido político, lógicamente, para poder estar en algún cargo político tengo que estar en algún partido político, pero yo soy enemiga de trabajar en un partido político y entrar a trabajar en la comuna de Allen. Eso es lo que me revienta, de todos los partidos políticos, porque creo que en todos los partidos políticos pasa igual, tienen hambre por subir porque saben que la lata todavía tiene mucho para dar.

I: Pero ¿fueron notorios los cambios con el regreso de la democracia? Siempre centralizándonos en lo que era su actividad dentro de la parroquia, su actividad comunitaria ¿Qué cambia con el regreso de la democracia?.

F: Yo no sé si cambió demasiado, yo creo que un poco nos fuimos a dar cuenta y, sobre todo, se fueron dando cuenta las nuevas generaciones de sacerdotes, de que nuestra iglesia también fue cómplice de la represión, de hecho están juzgando un cura, y hoy hay muchos que lo reconocen, el obispo de acá reconoce que sus superiores callaron o hicieron la vista gorda no sé si, por el terror al comunismo, porque eso es lo que me vuelve loca que se le tenga tanto miedo al comunismo, porque, nunca viví en un régimen comunista, pero a mí me parece que no es tan cuco, tampoco quisiera vivir en un régimen imperialista como en Norteamérica!! Creo que prefiero al comunismo, tranquilamente te diría que prefiero el comunismo, porque me parece que se valora más al ser humano y el imperialismo, en cambio, es la máquina de la plata, de la guita, de la bomba, el ser humano no le importa, si muere viene otro.

I: La dictadura dejó muy lastimada a la sociedad, aparecen las primeras villas miserias, desmantelamiento de la industria, deja una carga bastante pesada para la sociedad, lamentablemente, después se fue intensificando con el menemismo. Todas estas carencias que fueron creciendo cada vez ¿ustedes los palparon como más necesidades para atender?

F: Se fue viendo mucho, se vio en Caritas porque ni siquiera la Cruz Roja o la ONU ni Unicef respondían. El lujo que viven los de Unicef… es deplorable. Mi hermana desde África y Europa dice que realmente lo único creíble es Caritas, que cuando tienen que dar algo, se lo den a Caritas para que se encargue de distribuirlo (…) la necesidad se fue sintiendo muchísimo, por eso se intensificaron las colectas de alimentos, las ofrendas, cosa que antes no se veía así. Sobre todo, se vio después del menemismo, cuando la gente se quedó sin trabajo, al quedar tanta gente sin trabajo, no se fomentó el trabajo sino la cultura de “que me den, que me regalen”, no trabajar, porque no hay. Está tan impuesto ahora eso de que den la bolsa, la comida, el plan trabajar…

I: El que viene a pedir ¿lo hace de buena manera o con exigencia?

F: No, de buena manera, lo que si es que el gobierno actual (2009) está haciendo cosas malas pero algunas buenas debe haber hecho porque ya no vienen nenes a pedir, por ejemplo. Y cuando venían chicos grandes yo les decía que antes de pedir algo por qué no pedían una escoba para barrer, que hay que ganarse las cosas con dignidad y no que te den. Yo he sido quizás más pobre que ustedes pero en mi casa me enseñaron que lo único que teníamos que pedir era trabajo, no pedir que te regalaran nada, pedir trabajo si, acomodo tampoco. Porque si es por acomodo, en el año ’73, en cuando volvió Perón, yo estaba trabajando en el galpón que quedaba atrás una maderera, allí estaba este señor Paulini, que era justicialista. Él me decía que si lo votaba, me daba un lugar en la Secretaría de Gobierno en la Municipalidad, le dije que no, que: “gracias a Dios camino, no voy en silla de ruedas y no me gusta que me acomoden, yo me gano los puestos por mí misma, no porque me acomodó fulano”.  Entonces me decía que yo era una gorila. A veces digo que yo me podría haber jubilado mejor, porque me jubilé con la jubilación de Industria, que es una miseria…

I: ¿Hay cosas particularmente que se acuerde que hayan hecho, colectas o actividades de ese tipo, alguna que recuerde más que otra, algo que le haya quedado más grabado?.

F: A veces nos reímos de lo que hacíamos para juntar fondos, por ejemplo, feria de platos… vos trae tal cosa, vos otra, algunos dos otros tres. A veces se vendía la mitad y el resto lo comprábamos nosotros mismos. Lo llevábamos, gastábamos para llevar y después lo comprábamos y gastábamos para consumirlo, para que quedara algo. Cosas así han ocurrido muchas veces. Mientras que yo me sienta útil para trabajar espero que me dejen un lugarcito, de mi experiencia puedo enseñar cosas y tengo capacidad organizativa para eventos, ferias, convivencias porque me la han dado los años. Ahora quieren hacer una comida y me andan buscando, pero bueno, pero que vengan las nuevas también, porque yo ya me estoy yendo.

I: ¿Se disfruta ese trabajo?

F: Si, te cansas como un perro pero se disfruta. Se disfruta porque es un grupo muy lindo. Hay algún roce pero todo se perdona, no quedan rencores, por suerte. Se disfruta trabajando. A veces las más viejas somos las primeras en llegar y las que se quedan  hasta el final.

El trabajo de Caritas es un trabajo que nunca me gustó hacer, yo se lo he dicho a mas de una de Caritas, entre los políticos y la Iglesia han fomentado mucho la cultura de no trabajar porque la Iglesia le da la ropa, los zapatos, hay gente que le pide hasta magia!! vienen a pedir “ah no pero esta zapatillas no las quiero ¿no tiene Adidas? ” y es todo regalado, o por ahí le das un pulóver verde y te dicen que querían uno azul. Te exigen que les des porque le Iglesia tiene que estar siempre dando y el gobierno tiene que estar siempre dando. Son cosas que en mi época, de joven, no nos dieron, porque nos ganábamos las cosas trabajando. Y en Allen, de mis últimos trabajos, sigo estando en la Junta Vecinal hasta que termine el gobierno de Carlos Sánchez y venga otro gobierno, pero hay que ver si va a seguir habiendo Juntas Vecinales. Hay mucho para hacer pero no tenemos autoridad para tomar decisiones, como llamarle la atención a esta gente que tiran la basura en la calle o a los que estacionan acá a la vuelta en doble fila… Nosotros lo vemos, elevamos las quejas la comuna pero no pasa nada y eso que nos llegan reclamos a la Junta de todos lados, por la basura, por las bicicletas en contramano… No sé si faltan inspectores o faltan decisiones. En una reunión que tuve con el Intendente le dije que somos hijos del rigor, cuando empiecen a cobrar multas, se van a empezar a organizar mejor, es la única forma de poner un poco de orden. Los baldíos llenos de yuyos, las veredas disparejas, no hay planificación, los arboles que se sacan y no se reponen. Yo me acuerdo cuando un chico en catequesis le dije de no rayar el monumento a San Martín y me dijo “qué importa si es de la municipalidad”, yo le respondí “¿cómo de la municipalidad? Es de nosotros, la municipalidad no es dueña de nada, administra y pone orden en lo que es del pueblo y como no es nuestro hay que cuidarla”. Un pueblo limpio, no es que el más se limpia, sino el que menos se ensucia.

I: Para que queden registrados sus datos, ¿Me repite su nombre, edad, nombre de su marido, de sus padres y sus hijos…?.

Mi nombre es Florinda Pizarro, tengo 71 años, me casé a los 23, casi cumplidos. Mi marido se llama Eduardo Lorenzo Zalazar. Mis padre Eduardo Pizarro y mi mamá Pilar Encina, eran oriundos de Loncopué, mi mamá era de Santo Tomás, entre Zapala y Junín, era numerosa la familia Pizarro, fuimos once hermanos de los cuales quedan dos varones y seis mujeres: los varones eran mayores que yo, de la mujeres las que fallecieron era una mayor que yo y la otra menor. Tengo tres hijos, Daniel va a cumplir cuarenta y siete, Fernando, cuarenta y seis, Susana, cuarenta y dos, ella vive en Cipolletti, es Profesora de Biología. A Fernando se le dio por el arte y a Daniel por el comercio. Desde chico ha tirado por el comercio. En una época jugaban en el patio que daba a la cancha de pelota paleta, Daniel juntaba las pelotas que caían al patio y se las vendía a los tipos, les salían más baratas!!. A Fernando se le dio por la pintura y por el arte, quiso ser arquitecto pero se lo llevaron para el Servicio Militar y cuando volvió ya no pudo ingresar en la facultad, así que se fue a estudiar a la Facultad de Bellas Artes en Neuquén.

Y bueno, esa ha sido mi vida y eso que no te hablé de mis cinco nietos!!.

Fernándo "Fito" Zalazar. Foto de su Facebook.

 Algo más...

En el audiovisual "Una imágen, mil palabras" se puede ver a  Florinda durante esta entrevista.

 
[1] De 2009, año en el que fué realizada esta entrevista.
[3] Alberto “Tito” Langa.

[5] Supermercado ya desaparecido, ubicado sobre calle San Martín, al lado del Banco Nación Argentina.

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