Silencio… hospital

El Hospital Regional ubicado en Allen fue el primero de la región pensado para atender a un número importante de población, siendo el único de su complejidad entre Bahía Blanca y Chubut. Llegaban pacientes desde distintos puntos de la Patagonia y de Chile y, antes de construirse el puente carretero de Neuquén (1937), se establecieron salas de primeros auxilios en Catriel y dos en la Línea Sur, las tres dependientes del Hospital de Allen. La primera de estas salas fue creada por el Dr. Celiar Pomina quien se trasladaba en bote por el río para ir a atender pacientes de aquella región.

La salud fue uno de los pilares de las políticas llevadas a cabo por los primeros gobiernos de la región. Continuando la línea higienista, que fue popular en el país desde mediados de siglo XIX, los nuevos dirigentes territorianos impulsaron la radicación de médicos, el desarrollo de prácticas higienista y la construcción de hospitales.

La construcción del Hospital Regional de Allen (llamado más tarde Dr. Ernesto Accame en honor a quien fuera su primer Director) tiene una parte de su historia oculta y controversial. Trabajando con documentación de archivos regionales pudimos develar algunas de las cuestiones que rodean sus inicios, cargados de intereses de grupos, negocios y corrupción. Estas cuestiones se fueron marginando en el relato oficial, opacándose con la luz que significó su inauguración y su posterior importancia. Es que, hasta bien avanzados los años 70, el Hospital Regional de Allen lograba mantener su jerarquía y brillo a pesar del lento vaciamiento iniciado en los años 60 y que comenzó a acelerarse con la llegada del gobierno de facto en 1976.

Esta es la historia de los orígenes de nuestro hospital, ese que vimos caer frente a nuestros ojos por malas políticas públicas pero que aún sigue en pié gracias al personal que ha pasado por sus instalaciones y que, incansablemente hicieron del Hospital su vida.

Pastel de A. Gentili.

Antecedentes: La salud en los territorios y el pueblo

“Dominga era tan chiquitita que todavía no tenía el talón bien formado. En esa época era muy difícil que los bebés prematuros sobrevivieran. Ni el médico lo creía. Entonces, para que viviera, Dominga fue puesta entre algodones rodeados de ladrillos que debían mantenerse calientes. Era como una incubadora ahora. ‘Yo tenía siete años –continúa Inés- y era la encargada de calentar los ladrillos cada media hora más o menos. El médico venía dos veces por día y lo único que decía era que había que mantenerla así ‘hasta que viviera’” (Inés Cavanna en Yappert, S. 2004).

Difícil es imaginar hoy los métodos que aplicaban los primeros médicos que se establecían en la región aún carente de una infraestructura que le permitiera resolver los problemas más o menos graves de la población. Una de las dificultades era radicar de las regiones patagonicas médicos titulados, razón por la cual los pocos que se afincaron en las distintas ciudades gozaban de consideración y prestigio social. Para resolver el problema de la falta de médicos el gobierno permitió a idóneos de farmacias y médicos extranjeros a ejercer la profesión,  aún cuando no pudieran revalidar su título por no saber el idioma. Esto decía el diario Río Negro en 1914:

“(…) un número de agraciados se han unido como de una carta blanca expeditiva para curar, sin conocer, muchas veces, cuál es ni dónde está el dolor. Tales médicos han invadido los territorios”.

Río Negro, 1914

No obstante, los médicos (y los idóneos) fueron actores relevantes en los inicios institucionales de cada pueblo altovalletano; sus decisiones posibilitaron, a los nuevos gobiernos territorianos, implementar medidas para controlar el espacio social en cada pueblo. Por esto, una de las primeras medidas del primer Concejo Municipal de Allen (1916) fue nombrar al Dr. Velasco como inspector de Higiene, con amplias facultades para hacer cumplir la ordenanza vigente que regía los asuntos sanitarios del naciente pueblo.

Uno de los primeros impuestos del Concejo Municipal de Allen para el año 1917 fue regular las Casas de Tolerancia o prostíbulos.

“Las casas de Tolerancia abonaran una patente de doscientos pesos (200 $ m/n) y pagaran, además, un derecho de cinco pesos (5 $ m/n) por cada inscripción en el registro de prostitutas; de dos pesos (2 $ m/n) por cada “despunte” (1) , renovación de libretas o cambio de domicilio de las prostitutas y de dos pesos m/n (2 $ m/n) por cada permiso de baile” (Acta Municipal N° 12).

Como confirma este artículo, la prostitución era una actividad muy redituable; fue el tercer impuesto que estableció el flamante Concejo Municipal de 1916. Las prostitutas y los prostíbulos significaban una importante fuente de recursos de los primeros gobiernos locales, con el dinero obtenido pudieron realizar las obras públicas necesarias en los nuevos pueblos de la región. Pero también significaban un peligro para la salud del cuerpo social y como “mal necesario” decidieron reglamentar los prostíbulos y controlar la salud de las prostitutas.

Al año siguiente, en el Acta del 17 del 23 de marzo de 1917, se resolvió que las casas de tolerancia 1 y 2 de Allen, ya habilitadas, se ubiquen “del lado norte del pueblo y al otro lado de la línea del F. C. Sud”. También se estableció que se consideraba prostituta a la mujer que  “se entregue al acto carnal o sexual con varios hombres mediante el pago a ella o a la persona que explote su tráfico, la que permanezca en una casa de tolerancia y las de conducta notoriamente deshonesta”. Estas decían las reglamentaciones:

- El acceso a dichas casas será “por una sola puerta” la que tendrá a “un metro o metro y medio” una puerta cancel que “evite que los transeúntes ver el interior. Si hubiere ventanas, deberán tener celosías de madera clavadas y hechas en forma de que permita la ventilación e impida ver el interior”.

- Se establece un plazo de 5 meses para que se pongan en condiciones exigidas.

- No pueden vivir en dichas casas mujeres menores de 18 años ni niños mayores de tres “cualquiera que fuese su sexo o parentesco con la regenta y demás prostitutas”.

- Tendrán una libreta de sanidad timbrada con foto, edad, estado y nacionalidad. Tendrán inspección médica los días martes y sábado de cada semana en su domicilio. La regenta deberá presentar esos días el comprobante de la visita en la Secretaría municipal y en la Comisaría.

- Podrán salir a la calle los días lunes y viernes de 8 a.m a 6 p.m, no podrán “estacionarse en las calles y paseos públicos, puertas o ventanas, usar trajes indecorosos en las calles, llamar a los hombres aunque sea con signos”. Está totalmente prohibido estar en la puerta del prostíbulo en cualquier hora o día.

- No puede permanecer en sala de despacho de bebidas ninguna prostituta que figure enferma en su libreta sanitaria.

- Las prostitutas que lleguen a trabajar al pueblo deben presentarse antes de las 24 horas de su llegada para anotarse en el registro municipal y policial.

- Si se encuentra trabajando una menor de 18 años la regenta será multada: $ 20 la primera vez y luego se le clausura el lugar. -Las prostitutas que “habiéndose despuntado” volviesen a ejercer la prostitución, abonaran nuevamente libreta sanitaria.

- Si regentas o prostitutas no cumplen la Ordenanza se las multa por $ 20.

 

El Callejón del Pecado denominado Aroma en el Barrio de Monserrat (Bs. As.).  Fines del siglo XIX - al fondo la Iglesia de Montserrat - La imagen pertenece al libro ¨Monserrat, otro barrio olvidado¨ de Norberto García Rozada - edición año 1990.

Estas medidas tomadas para reglamentar los prostíbulos no son patrimonio solo de nuestro Concejo sino que estaban en consonancia con disposiciones similares que se venían tomando, desde mediados de siglo XIX, en aquellas ciudades del país que recibieron inmigrantes en gran cantidad y de distintas partes del mundo. El objetivo que buscaban estas medidas era evitar el peligro de enfermedades y contagios ya que, los prostíbulos no eran solo frecuentados por los sectores populares, recordemos que la iniciación sexual de los jóvenes, sin diferenciación de clases, “debutaban” con prostitutas.

También las reglamentaciones “ordenaban” los pueblos que comenzaban a urbanizarse, por esto, no solo los prostíbulos debían tener “su lugar” en el ejido de los nuevos pueblos sino que también debían tener visitas mensuales de los médicos municipales y luego, cuando se instaló del Hospital, de los médicos de dicho nosocomio.  Sobre este tema no vamos profundizar demasiado ya que lo hemos tratado en otra investigación[1] pero es importante recordar la importancia de la salud en los inicios del pueblo y del Hospital.

Decíamos en el Libro del Centenario[2] que la educación y la salud (en la corriente de la época: el higienismo), fueron dos de los ejes fundamentales para el disciplinamiento de las nuevas sociedades territorianas en construcción. Maestros y médicos serían, junto al desarrollo de la justicia (juzgados y comisarías)  los agentes asignados a la tarea de construir ciudadanos productivos, ordenados y disciplinados. La salud en los Territorios Nacionales, en particular, fue parte del proceso de construcción de los distintos pueblos patagónicos pues, a medida que llegaban poblaciones desde distintas partes del mundo, los primeros gobiernos debieron pensar distintas estrategias frente a las deficiencias sanitarias existentes en la región.

La salud también está en el discurso oficial y la “higiene” cruza las acciones políticas de los nuevos gobiernos constituyéndose en un programa moral que, frente a cualquier indicio separaba y/o expulsaba del conjunto poblacional a aquel (o aquellos) que podían perjudicar la vida de los sanos. El dispensario:

 “el lazareto, las casas de aislamiento, casas de tolerancias, las cárceles y el hospital, fueron los medios que institucionalizaron la vigilancia” (Cammarota, C. 2008).

De esta manera, las nuevas ciudades se “ordenaron” bajo la vigilancia de normas, reglamentos y disposiciones que moldearon las formas de vida, muchas veces reforzando esteriotipos que normalizaban la discriminación hacia, por ejemplo, los pobres, las mujeres o las poblaciones de países limítrofes…

“La memoria acerca de los modos de saber y hacer salud, como las formas arquitectónicas utilizadas, nos hablan de una etapa de construcción de la “utopía higienista” (Kohl A. 2006), utopía liberal, paradigma funcional y en armonía con un sistema dominante, expresión de un modelo económico de desarrollo agroexportador, simiente del capitalismo en gestación. La Patagonia de principios del siglo XX, es forzada a evolucionar por sus propios medios en un contexto de desintegración política, económica y social, “continente” de inmigrantes europeos y de países limítrofes, maltratados y abandonados por momentos, por el Estado Nacional” (Balmaceda, P. 2011).

Trabajadores de la alfalfa (Villa Regina)

Otro de los temas fundamentales para comprender la salud en su contexto histórico es la problemática del agua. En la región las poblaciones que se establecieron luego de la Conquista militar al “desierto” debieron soportar el desinterés del Estado Nacional por construir obras que les permitieran regar sus cultivos. Si bien algunos pudieron perforar pozos en sus fincas, el agua subterránea de primera napa estaba cargada de sales y la hacían salada y amarga. La construcción del denominado “Canal de los Milicos” primero, el canal principal y la red de canales surcando los pueblos permitieron que las poblaciones tuvieran agua potable. A pesar de que el agua era considerada un recurso fundamental para el discurso higienista, en Allen, recién en 1920, las obras tendieron a mejorar la surgente de agua que la Oficina de Irrigación había perforado en el borde de la propiedad del Hospital. Las poblaciones tuvieron la posibilidad de consumir agua de surgente del Hospital, de los canales o de una canilla que, hacia los años 40/50 se instaló en el barrio Norte. También el tren traía agua que era repartida entre los barrios por un carro y la gente iba a buscarla en baldes, fuentones, damajuanas y botellas. También se intentó obtener agua corriente del río, pero no fue posible. Para hacer que el agua sea potable las familias tenían distintos métodos: “Cada casa tenía una entrada de agua desde la acequia a un aljibe para almacenarla. Mientras corría agua por los canales no había mayormente problema, sólo había que estar atentos a que el agua viniera limpia, porque muchas veces venía color chocolate, hay que recordar que no estaban los lagos donde actualmente se decanta el agua. El verdadero problema surgía cuando se cortaba el agua para la limpieza de los canales (…) se almacenaba en los aljibes que por lo general tenían una capacidad de 5000 litros, pero llegaba un momento en que se acababa y era necesario comprarla. Recuerdo que venía a casa un camión tanque con agua dulce que traía del río y  descargaba en el aljibe y también pasaba un aguatero con agua un poco salada que provenía del surgente que había en la esquina del Hospital, hoy intersección de Velasco y acceso Güemes. El aguatero llenaba tambores y como el agua era muy “dura”, era utilizada sólo para algunas tareas domésticas como el lavado de pisos y baños. Como el agua no era apta para el consumo humano era una tarea diaria hervirla y luego airearla, acción que consistía en pasarla de un recipiente a otro varias veces. En casa había una pava enorme de 5 litros, de las que se usaban en los comedores de chacra, cuando se le daba la comida al personal, a la que llamábamos jocosamente la “pavona”. Otro método de potabilizar el agua era hervirla y luego pasarla por un filtro de piedra porosa. Años más tarde surgieron los filtros a vela que se colocaban en la cañería y tenía una canilla para extraer el agua. Cada tanto había que limpiar la parte central o vela donde se depositaban las impurezas que traía el agua, principalmente tierra porque se veía marrón. De esta semblanza hogareña cabe rescatar y valorar el espíritu de trabajo y dedicación de nuestros mayores ya que no era tan fácil la vida y no se gozaba de tantas comodidades como actualmente (Magdalena Bizzotto, para Yappert, S. 2010). “(…) buscábamos el agua de la acequia, íbamos con mi hermanos con una escobita y limpiábamos las hojas, el agua entraba a un aljibe y se filtraba con bolsas de arpillera,  adentro teníamos un filtro de cerámica para purificar bien todo. Las acequias rodeaban las casas” (Delia “Chiqui Carosio de Genga”). Íbamos a buscar agua para lavar, a un surgente que estaba al costado del Hospital sobre la calle Velasco, era un caño con una manga de lona que vertía agua que surgía natural, era medio salada pero salía tibia. Teníamos un carrito que llevaba unos tachos para traer el agua, lo tiraba mi hermano mayor y mis hermanas y yo empujábamos” (Alicia “Coca” Retamal).
“Alé Antonio Baquer nació en 1933 y cuenta: ‘cuando yo era chico en este barrio había, como mucho, diez casas’. En esos tiempos las casas eran pocas y los terrenos baldíos dominaban el paisaje del barrio Norte, recién en los años ‘40 y ‘50 salieron tierras para la venta junto a la promesa de servicios que tardaron bastante en llegar. ‘Todos los días salíamos con mi hermano Pepe y mi hermana Amelia a buscar agua. La acarreábamos en baldes de 15 o 20 litros… yo me hacía el vivo y llevaba dos latas de aceite de5 litrosnomás, porque era el más chico en ese momento. Traíamos el agua y la poníamos en una bordaleza de uvas de200 litros. También teníamos un filtro hecho de ladrillos y arcilla que cargábamos con15 litros, de ahí sacábamos para tomar’, recuerda Antonio” (A. Baquer para Stickel, L. en “Allen… nuestra ciudad” - 2009). 

Construcción del canal de riego

  El Hospital Regional, un negocio para pocos… El Hospital Regional de Allen es una de las instituciones más valoradas en la historia local, sin embargo pocos saben la verdadera historia en torno a su construcción. Esta historia está relacionada con los negocios inmobiliarios que tenía Patricio Piñeiro Sorondo en la zona, negocios que exceden a su persona ya que Patricio era representante de una empresa, con sede en Buenos Aires e integrada por su hermano Miguel, familiares de su esposa Celina Pearson y otros.  “El proceso de colonización privada de las tierras de la ciudad tuvo a Patricio Piñeiro Sorondo como representante visible. Él es quien acompaña y participa directamente en el proceso de subdivisión y venta. Realizando los trámites correspondientes y utilizando sus importantes contactos, desarrolló las obras de irrigación como parte de la primera Cooperativa de riego e impulsó la creación del pueblo, su desarrollo institucional y todo lo que fue necesario para valorizar las tierras de la zona y atraer compradores y colonos como mano de obra. La presencia de Patricio en Allen abarca unos 12 años, durante los cuales viaja constantemente a Buenos Aires y se mantiene en contacto con las elites intelectuales de la época. Cuando la tarea está cumplida, regresa a la capital porteña, donde muere en 1935. Por lo tanto, Patricio participa de cerca de las transformaciones que se desarrollaban en el período y decide venir al valle alrededor de 1907. Además, es funcionario de la administración “reformista” que impulsó la ley de Tierras (1903), la Ley de Fomento de los Territorios y otras leyes que ayudaron a la colonización privada. La historiadora Susana Bandieri señala que estas nuevas condiciones a comienzos del siglo XX son las que llevan a particulares porteños con capital a solicitar tierras públicas y promover aquel decreto de 1907 con el cual se les concedió expresa preferencia en el acceso a la adjudicación” (Libro del Centenario: Los Piñeiro Sorondo”) [3].

Patricio Piñeiro Sorondo

La construcción del Hospital Regional en Allen esconde una red de corrupción y negocios con la tierra. La inmensa importancia que tuvo posteriormente, por ofrecer atención sanitaria a prácticamente toda la Patagonia, dejó sepultada una historia turbia. Lo cierto es que los intereses que lo impulsaron no fueron nobles preocupaciones sociales. En realidad, existía “preocupación social” en los sectores políticos de la época pero en relación con el fenómeno de la inmigración que, como decíamos, impulsó en el país la corriente higienista a mediados del siglo XIX. Esta corriente llegó a la región a comienzos del siglo XX frente a la acelerada urbanización que descubría las deficiencias sanitarias que había por el desamparo del Estado Nacional hacia los nuevos territorios[4]. Las elites gobernantes de la región entonces, encontraron en el higinismo la forma de disciplinar el espacio social que se complejizaba y los Concejos Municipales se conformaron con médicos a los que consultaban para actuar en el “cuerpo” social. “La higiene articula el cuerpo individual con el colectivo, lo físico con lo moral, la sanidad del cuerpo con la sanidad de la mente, la enfermedad con la ignorancia y la pobreza (…) (…) La modernidad será ‘un fin’. De ahí que los sectores visualizados como alejados de las nuevas ideas serán los primeros en ser incorporados a las nuevas prácticas institucionales ya que sus ‘delitos’ serán entendidos como daños a todo el cuerpo social. Por último la familia será presentada como heredera de los valores cristianos, la cual no permitirá que sus integrantes se conviertan en un peligro, una carga para el Estado o la sociedad. (…) La preponderancia del enfoque médico para el abordaje de los fenómenos sociales fue resultado de una progresiva convergencia de distintas áreas del Estado tal como la criminología, la estadística, la salud pública, el derecho penal etc. Según subrayó el Dr. Rawson, la élite nacional estaba interesada en la higienización urbana por dos motivos: la auto preservación sanitaria y el interés económico de mantener fluidas relaciones con los mercados internacionales; ya que “los puertos sucios” corrían el riesgo de quedar marginados del comercio internacional. La salud se transforma en preocupación de los Estados, ‘El concepto de limpieza, de higiene como limpieza, ocupa un lugar central en todas estas exhortaciones morales sobre la salud’” (Cammarota, C. 2008).

Río Negro, 1913

El Hospital de Allen formó parte de un proyecto nacional de creación de infraestructura hospitalaria para todo el país, incluyendo los Territorios Nacionales. El proyecto se enmarcó en la creación de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Nacionales, Decreto-ley 4953 de 1906. Esta Comisión fue impulsada desde el gobierno nacional[5] y por el Dr. Cabred[6], quien se transformó en su director. En la misma época se construyó en Córdoba el Hospital Común Regional del Centro, Bell Ville; en Chaco, la Colonia Nacional de Dermatosos M. Aberastury y el Hospital Común Regional, Resistencia; en Entre Ríos, el Policlínico Regional del Litoral, Justo J. de Urquiza. Nuestro Hospital fue construido siguiendo los mismos planos utilizados para el del Chaco (1907), a cargo del arquitecto Huberto Schefer, con presupuesto aprobado para la construcción a cargo de Gerardo Pagano, en 1913. (Balmaceda, R. 2005)[7] Instalar un hospital en la región significaba, para los grupos gobernantes de la región, una urgente necesidad y como los otros grupos sociales no tenían peso en las decisiones políticos de esos sectores, las elites dirigentes protagonizaron un enfrentamiento entre sí que develó los intereses en puja. Todo podría comenzar en 1908, cuando el presidente del Concejo Municipal de Neuquén[8], Abel Chaneton, le reclama al Dr. Julio Pelagatti medidas de profilaxis frente a los casos de tipfoidea y escarlatina “que ya se ha sentado en esta población con carácter endémico” (Chaneton, A. 1908). Pelagatti era el médico del Concejo Municipal y había sido elegido en 1906 por quien presidia el 1° Concejo Municipal de Neuquen, presidido por Pedro Linares. Las medidas se planteaban urgentes y fue esta situación la que fue tenida en cuenta para iniciar las gestiones reclamando al Estado Nacional la instalación de un hospital en Neuquén.

Abel Chaneton

Graciela Iuorno, Glenda Miralles y Karim Nasser señalan, en “Actores y Espacio Público en la Etapa Territoriana rionegrina. Departamento de Gral. Roca y su Integración Desigual”, que las demandas y las gestiones de Neuquén por el Hospital en realidad, comenzaron entre 1910 y 1914, luego de aprobado el decreto entre el gobernador Pagano y la dirección Nacional de Arquitectura. La historia oficial neuquina recuerda que el Congreso Nacional aprobó en 1910 un subsidio para instalar un hospital en Neuquén pero “maniobras políticas lo desplazaron a la ciudad de Allen”[9]. Al aprobarse el subsidio del Congreso Nacional, Neuquén solo debía esperar el inicio de la obra. En 1913 se destinó $251.828,07 moneda nacional para la realización del Hospital Regional pero el destino fue Allen.  El malestar que provocó en los neuquinos la decisión de construir el Hospital en Allen fue reflejado por la pluma comprometida de Chaneton, director del periódico El Neuquén. “Desde estas columnas hemos combatido con patrióticas intenciones y fundados en el interés de los argentinos, cierta tendencia localista y absorbente exteriorizada por el elemento dirigente de la Colonia Roca, que a cada paso y en todos los actos se revela en perjuicio de los intereses de esta localidad y del resto del territorio. Hemos respondido a esa campaña de desprestigio con toda altura de miras y hasta hemos llegado, con nuestro silencio, a tolerar que se mistifique a la opinión pública presentando a la Colonia Roca como el super modelo en ese sentido o un nuevo Eldorado, cuya capital Manon o Allen nos harta con sus esplendideces”[10] (Diario Río Negro, 1912) Roberto Balmaceda lo recuerda así: “El periodista y gobernador de Neuquén, Angel Edelman, hace alusión al ‘hospital que nunca se hizo’ al referirse al proyecto hospitalario neuquino del mismo año, 1912, que ya había logrado la aprobación del senador Alejandro Sorondo para tramitar de Nación un subsidio que no se concreta y que finalmente cuando se efectúa ocurre en la gobernación vecina de Río Negro, por intermedio de Patricio Piñeiro Sorondo, anfitrión de Cabred, gran propietario de tierras, presidente de la Comisión de Riego del Alto Valle, miembro del Club Social de Buenos Aires, familiar del senador y cuñado del presidente Quintana (Balmaceda Op. Cit). Evidentemente, la instalación del centro hospitalario no fue una gestión simple. La historia oficial nos cuenta que fue la necesidad de un hospital lo que movilizó a nuestros dirigentes locales y, solo esas “caritativas” intenciones primaron a la hora de pujar por su construcción en Allen. Cuenta la leyenda, hoy ya parte del imaginario local, que fue Patricio Piñeiro Sorondo quien “tuerce”, utilizando su “picardía”, la decisión de instalar el Hospital Regional en Neuquén. Quien señala que el Hospital era para Neuquén es María Inés Mariani en su tesis de 1986 quien entrevistó a algunos descendientes directos de los protagonistas de esta historia. Según Mariani[11], el funcionario encargado de establecer el lugar de edificación era, nada más y nada menos que el Dr. Cabred quien, “casualmente” era amigo de Piñeiro Sorondo. Recordemos que el Dr. Cabred, fue el impulsor de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Nacionales, creada por Decreto-ley 4953 de 1906. Cabred vino a la zona (seguramente a conocer el lugar donde se instalaría el Hospital) y se hospedó en casa de su amigo Patricio. No hay en la crónica de esta anécdota referencias a ningún año solo cuenta que Patricio llevó a Cabred a Neuquén a ver el terreno un día de viento. Luego le mostró un terreno arbolado en Allen en un día soleado y eso, (¿nada más que eso?) inclinó la balanza hacia la decisión final de instalarlo aquí. Roberto Balmaceda lo relata así: “Circula una anécdota al respecto que los interesados aún recuerdan, en la cual atribuyen a Sorondo la picardía de haber llevado a Cabred en su visita de marzo a Neuquén un día ventoso, con la intención de disuadirlo respecto de la ubicación del futuro hospital, a cambio le hace conocer, un hermoso día, los terrenos fértiles de Allen, frente a la misma estación de ferrocarril (sic). Si bien las circunstancias permiten suponer que así fue, repasando las normativas de la comisión asesora acerca de los requisitos para la selección de los terrenos de emplazamiento, encaja perfectamente la decisión tomada. Viéndolo en perspectiva, más allá del lugar escogido, que sin duda ilustraría acerca de las relaciones de poder, lo destacable del hecho social es que la fundación del Hospital de Allen formó parte de un proyecto general de creación de infraestructura hospitalaria, por primera vez para todo el país, incluyendo los Territorios Nacionales a principios del siglo XX, a partir del decreto de creación de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales, ley N° 4.953 de 1906, durante el gobierno liberal conservador de Figueroa Alcorta” Balmaceda Op. Cit). Sabemos que Neuquen había iniciado las gestiones entre 1910 y 1914 y, si bien, no encontrarmos el año de la visita de Cabred es improbable que este “inocente engaño” haya sido la única razón por la que el gobierno decidió establecer el Hospital Regional en Allen. No deja de ser una anécdota graciosa aunque es poco serio pensar que la construcción del único hospital que se instalara en los Territorios pendiera de una acción tan banal. La “picara” acción parece, en realidad, solo una puesta teatral pues el Plano del trazado del pueblo de Allen de octubre de 1910 tiene claramente delimitado el Hospital Regional en tierras allenses. ¿Qué hacían los dirigentes neuquinos gestionando el Hospital entre 1910 y 1914 si ya en 1910 estaba ubicado en el plano del pueblo de Allen? ¿Por qué fue una sorpresa para ellos saber, entre 1912 y 1913, que se instalaría en Allen?

Mapa 19190

Sabemos que las conexiones de Patricio con los gobierno de la época, en especial, con los “reformistas”[12] impulsores, junto al capital inglés, del desarrollo frutícola en el Alto Valle, le permitían a Patricio realizar y lograr beneficios para Allen. El Hospital ¿fue un ejemplo de estas estrechas relaciones y contactos políticos?. Dice Roberto Balmaceda: “(…) intereses socio-económicos de miembros de la oligarquía porteña con propiedades en el espacio territoriano, primaron sobre la pertinencia de la cristalización de obras de infraestructuras en la capital de este territorio. En este sentido, el gobernador de la provincia de Neuquén Ángel Edelman (1958-1962) hace alusión ‘al hospital que nunca se hizo’ al referirse al proyecto de atención a la salud neuquino del año 1912, que contó con la aprobación presupuestaria del senador (sic) Alejandro Sorondo. Recordemos que Patricio Sorondo, familiar del senador y de Matías Sánchez Sorondo[13], era el propietario de tierras, presidente de la Comisión de Riego y miembro del Club Social de Buenos Aires” (Balmaceda, R. 1994). Según la Cámara de Diputados en su declaración del Hospital Regional como Monumento Histórico Nacional (2005) que en septiembre de 1912:  “(…) ya se encontraban realizados los planos del proyecto en el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, Dirección General de Arquitectura, figurando como Hospital Común Regional de Río Negro- Pueblo Allen de la Colonia de General Roca.- En 1913, el Poder Ejecutivo Nacional expidió un decreto aprobando su construcción. Además, se definió que hasta tanto no se construyera otro hospital en Neuquén, éste debería prestar servicios a toda la zona de influencia” (Cámara de Diputados: Declaración Monumento Histórico Nacional, 2005). Sin duda la decisión de instalar el Hospital en Allen tenía acciones previas que los neuquinos desconocían en 1910 cuando comenzaron a reclamar la construcción del Hospital en Neuquén.

Archivo Diario Río Negro

  El Hospital comenzó a construirse en Allen en 1914 en las quintas 15 y 16, que fueron cedidas por Joaquín Portela[14], Arturo Olmos y Juan Saporiti a cambio de otras parcelas en el pueblo. La historia oficial relata, además de resaltar la figura de Patricio a través de la anécdota “del viento”, que la cesión fue una donación desinteresada de estos 3 propietarios de tierras allenses.  Tal vez la afirmación de María Inés Mariani generó mas confusión:
El hospital se construyó en terrenos de Patricio Sorondo Piñeiro (Oficial Mayor dela Secretaría General de Correos e integrante dela Dirección General de Tierras y Colonias). Asimismo, los pobladores Juan Saporiti, Arturo Olmos y Joaquín Portela renunciaron a sus derechos de las quintas 12,15 y 16 que fueron cedidas para tal fin” (Mariani, M. 1986). Como vemos Mariani dice “cedidas” pero en la crónica periodística del día de la inauguración del Hospital se refiere a que las tierras fueron donadas por Olmos, Sapotiti y Portela. Sin embargo, en 1920 una Inspección realizada por el Inspector Riobó nos informa que:  “(…) el momento en que estas quintas fueron elegidas y solicitadas por la referida Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales, estaban afectadas por concesiones vigentes, a favor de los Señores J. Saporiti, Arturo F. Olmos y Joaquín Portela, quienes se apresuraron a hacer renuncia de sus respectivas concesiones, pero solicitando luego, como compensación, la concesión de otras fracciones en el pueblo”.  Las Inspecciones se realizaban con el objetivo de observar si los terrenos de la zona cumplían con las reglamentaciones que exigían leyes y decretos como la Ley de Tierras (1903), la Ley de Fomento de los Territorios en 1907, entre otras reglamentaciones. Estas leyes y disposiciones se crearon con la intención inicial de limitar el acceso a la tierra de los sectores con capital o con prestigio como para acceder fácilmente al crédito. Los acontecimientos de la política nacional de comienzos de siglo XX finalmente beneficiaron a esos mismos sectores que pretendía limitar la legislación. Las inspecciones cumplían una misión oficial informando la situación de las tierras en los territorios Nacionales, intentando que se cumplan las reglamentaciones. Estas inspecciones no estaban al margen de las tensiones entre las oficinas oficiales, ubicadas en Buenos Aires y lo que los inspectores veían, y, como siempre pasa en la historia del mundo, pasada y presente, cada tanto aparece alguien que intenta hacer su trabajo de manera eficiente. Y ahí tenemos, al Inspector Riobó que intentó dejar en claro en varias de sus inspecciones las irregularidades que se cometían a miles de kilómetros de los despachos oficiales donde muchas veces se reunían los hombres de las elites gobernantes de distintos puntos del país y acordaban estrategias al margen de las leyes con el objetivo de obtener beneficios personales. Una Inspección General de 1911, sin embargo, no tiene registrado el Hospital como lo está en el mapa de 1910. En esas parcelas se indica que son propiedad de Arturo Olmos (15) y Joaquín Portela (16); es extraño que no se indiquen en “Reserva” ya que, por ejemplo, hay en la Inspección tierras indicadas como “Reservadas”: el Correo y el Telégrafo (Manzana 42 – Solar c), una Escuela (Manzana 53 – Solar e y f de M. Yunes), la Comisaría (Manzana 80) y el Matadero ( Quinta 12)[15]. Ya para 1914 una nueva Inspección señala que la quinta 15 y 16 estaban destinadas para el Hospital y, en tierra allense, solo aparece como propietario Joaquín Portela como dueño de la Manzana 55 y la quinta 9. En este año se inició la construcción del Hospital que se esperaba terminar para 1915. Sin embargo, se paralizaron en 1916 “por un conflicto entre el Estado y la empresa constructora”; según el Libro Histórico de la Escuela 222 y el periódico Río Negro. Este señala en 1917 que entrevistaron al Inspector José Carella respecto de la demora en habilitar el Hospital quien manifestó que se debía “en primer término a la empresa, y en segundo, a ciertos empleados que no cumplieron con el deber que se les confiara”. Quien había quedado a cargo de la construcción era Gerardo Pagano.

Río Negro, 1913

En diciembre de 1918 el periódico insistía en que era lógico el malestar de los vecinos de Allen por la demora en la inauguración. Que habría una licitación pública “con severo pliego de condiciones” para arreglar los cimientos, realizar obras sanitarias, calefacción, electricidad e instalación de maquinarias”. Recalcaba que el problema más grave eran los cimientos pues eran deficientes por el terreno salitroso y “la calidad de las mezclas empleadas”. En julio 1919 el periódico Río Negro comunicaba que las obras estaban paralizadas y se refería al amplio capital que la Comisión de Hospitales Regionales contaba para realizar obras sanitarias. Agregaba que “el pecado capital de origen fue la ubicación” pues el terreno era “bajo y salitroso en proporciones verdaderamente catastróficas”, no hubo informe de tal situación y se dejó pasar el tiempo y el gasto de dinero. El resultado estaba a la luz ahora: resquebrajaduras, pleitos con el constructor y un expediente que avanzaba a “paso de tortuga” a la espera de un fallos definitivo. El periódico, además, remarcaba la “pasividad de los pobladores” frente a la situación: “un pueblo sin vida urbana, cuya anemia desaparecería con la inauguración. Si se hubieran formado protestas colectivas y se movieran determinadas energías parlamentarias, ante el escándalo, el poder público habría presionado al judicial para terminar cuanto antes el enojoso conflicto”. Esperando el fallo de la justicia, el periódico decía que las obras eran admiradas por los viajeros que se asombraban cuando se les informaba que eran “pura decoración y fantasía”. En noviembre de 1919 informaba que se había rescindido el contrato, que algunos vecinos pensaban dirigirse directamente al Presidente de la Republica y que la belleza arquitectónica del Hospital seguramente  tenía  “ratones y alimañas” que poblaban sus pabellones. ¿Dónde estaba el gestor, el impulsor de obras y del “progreso” del pueblo?. ¿Patricio Piñeiro Sorondo tendría algún sentimiento de culpa por haber sido parte responsable de la elección de los terrenos para construir el Hospital?. Realmente fue una “picardía” muy bien pensada. Año políticamente difícil, si bien Patrico estaba a cargo nuevamente del Concejo, la realidad es que para 1922, de las cinco municipalidades electivas del territorio -Viedma, Roca, Allen, Río Colorado y San Antonio Oeste- sólo quedaban en funcionamiento dos: Viedma y General Roca. Como los cargos  eran gratuitos, esto excluía a aquellos que dependían de su trabajo para subsistir y por ende tenían escaso tiempo libre para “hacer política”. Incluso las agrupaciones se formaban en vísperas de las elecciones y se disolvían cuando salían derrotadas. Así las cosas, el éxito en las elecciones obedecía a la capacidad de ciertos notables del pueblo para lograr movilizar una serie de relaciones personales. (GEHiSo, 2004). Es llamativo también que en las actas (1916/1930) no hay ninguna referencia al problema del Hospital. ¿Sería que los periodistas ya en esa época exageraban el problema?. No parece ser así pues en 1920 el Inspector Riobó decía: “A propósito de servicios públicos, se hace necesario tocar una cuestión, a cuya solución es necesario contribuir en defensa de los intereses de la zona, del pueblo y del Estado. Allen tiene un hospital, o mejor dicho, tiene un edificio construido para hospital y a pesar de que ese edificio ha costado $ 300,000 al erario y desde hace 5 años ha sido terminado, aún no está habilitado, aún no hay hospital. ¿Las causas? Numerosas y complejas aunque todas vienen a condensarse en ésta: el edificio se ha construido en un terreno cuyo nivel está varios metros más abajo que el del centro del pueblo y que es el salitral más denso que hay en la zona. El salitre y la humedad minan los cimientos y el único remedio que hay es rehacer los cimientos, a base de granito. La reforma está presupuestada ya. Hacen falta $ 120,000 para realizarla. Nosotros no hemos de criticar la obra. No es de nuestro resorte. Pero si hemos de señalar una circunstancia, porque entendemos con ello cumplir nuestro deber. Este hospital está ubicado en las quintas Nºs. XII, XV y XVI, las cuales fueron reservadas por decreto del 20 de Junio de 1912, con fines de utilidad pública, y puestos a disposición del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, en el Expediente 2950-R-1912 y a solicitud de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales.      Ahora bien, el momento en que estas quintas fueron elegidas y solicitadas por la referida Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales, estaban afectadas por concesiones vigentes, a favor de los Señores J. Saporiti, Arturo F. Olmos y Joaquín Portela, quienes se apresuraron a hacer renuncia de sus respectivas concesiones, pero solicitando luego, como compensación, la concesión de otras fracciones en el pueblo.      Esta circunstancia, si bien en apariencia no tiene nada objetable ni menoscaba la corrección de las actuaciones que determinaron las reservas en cuestión, las que obran en expediente 2930-912, abren al espíritu una duda que nos lleva a plantear estos interrogantes: ¿Por qué se eligió para la construcción del hospital, precisamente el peor terreno, el inepto para estas clases de edificios y que ya estaba afectado a concesiones vigentes? ¿Por qué hay tanto apresuramiento y tan rara unanimidad en los concesionarios de las quintas XII, XV y XVI de Allen, para hacer renuncia de sus derechos apenas 10 días después que la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales iniciara sus trámites? .       No hace falta demasiada suspicacia para entrever en el fondo de esta cuestión un manifiesto empeño por poner a salvo intereses personales, aún a costa de los más altos intereses del Estado y sus más benéficas instituciones. Porque no cabe pensar que la repartición que debe hacer construir el hospital ni la repartición encargada de edificarlo, carezcan de técnicos capacitados para conocer los terrenos en que han de construir obras de esta naturaleza”.  Pobre Inspector Riobó, esta no es la única denuncia que realiza en su informe. En su inicio, el informe decía que Allen era un pueblo “creado y poblado cuando las noticias de las estupendas riquezas del valle dieron origen a la fiebre de la especulación que llevó a esta región un capital inmenso en hombres y dinero”. Lo grave era que, además del salitre y la falta de irrigación, Allen era un pueblo “de escasa subdivisión de la propiedad en la cercanía de este pueblo, el que se encuentra materialmente envuelto y ahogado por grandes latifundios, como son los de Piñeiro Sorondo por el sur con sus 400 hectáreas aparentes y tal vez 1000 en realidad; el de Hans Flüger (sic), con cerca de 1000 hectáreas a continuación del anterior; el de la Sucesión Zorrilla con 1000 hectáreas tan bien, cerrando el paso por el Oeste y un poco más allá el Doctor Manuel Cordiviola con 500 hectáreas, y así siguen estos latifundios que han nacido al margen de la Ley, burlando sus disposiciones y pisoteando su espíritu, para servir solo de rémora al progreso de los pueblos, de las colonias y el país”. Parece que Riobó entendía una lógica que la crónica local ha soslayado y que refiere no solo al poder de Sorondo sino de otros como Zorrilla[15], dueños de grandes extensiones de tierras en Allen y en la región, cercanos al poder político nacional y  allegados a Alejandro y Miguel Sorondo (Juárez, F. 2004). A la casa de Benjamín Zorrilla llegó Patricio a comienzos de siglo junto a su mujer para luego asentarse definitivamente en Allen. También Cordiviola es citado en el informe. Dueño de 2500 hectáreasen la ColoniaGralRoca y concuñado del gobernador Alsina, Cordiviola participó en la creación de la Cooperativade Irrigación junto a Patricio y junto a Miguel Piñeiro Sorondo conformaron la insipiente comisión recaudadora de impuestos del pueblo (Acta Local N°4). Estos “amigos” unidos por su interés en la tierra son grandes latifundistas dueños de grandes extensiones de tierra en el norte de la Patagonia, conforman, junto a los Sorondo, la  “pléyade de capitalistas y hombres emprendedores, ideadores de la Cooperativa de Irrigación (…) que invadieron la colonia posesionándose de cuanto lote baldío encontraron a mano” (Guía Edelman de 1924) que incentivan el poblamiento de la región porque obtuvieron tierras en condiciones ventajosas. El impulso de toda obra pública (calles, comisaria, correo, hospital, canales, etc.) significaba un “progreso” para el lugar pues así atraían más compradores de tierras y sus bolsillos se veían beneficiados ampliamente. Era un aceitado mecanismo que tiene a un pequeño grupo que concentra grandes cantidades de tierra, que en connivencia con el poder político nacional obtiene mucha tierra a precios irrisorios gracias a leyes nacionales (Ley de Tierras -1903-, Ley de Fomento de los Territorios -1908- y Ley de Irrigación -1909-) realizadas para beneficiar a quienes tenían capital y estrechos lazos con la elite gobernante. El primer director del Hospital de Allen fue Ernesto Accame y entre los profesionales podemos citar a Carlos Bolthsauser, Celiar Pomina, Carlos Brevi, Francisco López Lima, Francisco Fernández. La inauguración llegó finalmente. Un 15 de febrero de 1925 sucedió el acontecimiento recordado como el “más importante de la región” por el periódico Río Negro de ese año. Tardó en construirse casi 12 años pero ese día estaban todos: funcionarios de otras localidades, Viterbori, el Gobernador del Territorio de Río Negro, los cónsules de Chile e Italia, el presidente del Concejo Municipal de Allen, Sr. Hans Flugël; el director del Hospital Regional, Dr. Ernesto Accame y representando al ministro de relaciones exteriores el Sr. Patricio Piñeiro Sorondo. El presbítero Zacarías Gengini bendijo las instalaciones. Todas las crónicas sobre la construcción del Hospital en Allen hacen referencia a la decisión de Cabred de instalarlo en Allen por cuestiones “meteorológicas”. Sin embargo, podemos afirmar que Allen nació con Hospital en su ejido; las acciones realizadas por Neuquén, después de 1910 para obtener la construcción del Hospital, se hicieron “en balde”. Si en los terrenos en que se ubicaría el Hospital en Allen, existía un “negocio” tendiente a ubicarlo en tierras improductivas con dueños (o “dueño”) y obtener, por cesión, otras en mejor condición, podemos imaginar el apuro. Visto desde la lejanía, algunos hechos pueden parecer anecdóticos sino comprendemos el grado de intereses en juego en una región que nacía a un modelo económico basado en la fruticultura. Un modelo impulsado por el capital inglés que tanto había invertido y tantos beneficios había obtenido como para hacer de la región el gran “vergel altovalletano” que muchos conocimos y que hoy está llegando a su fin. El negocio fue transformado en necesidad, la necesidad de instalar un hospital, el único en un basto territorio que esperaba más brazos para trabajar la tierra. Una necesidad real pero también una necesidad que a la luz del higienismo servía para el disciplinamiento y control social sobre esos “brazos”,considerados como clases peligrosas, cuyo principal objetivo fue resguardar y preservar a la clase dirigente (Cammarota, C. 2008).

Hospital día de la inauguración

Artículos sobre los temas tratados Algo más: - La historia de la construcción de hospitales regionales se inicia en 1906, cuandola Ley4963 destina el 25 % de lo recaudado enla Lotería Nacionala la construcción de hospitales y asilos regionales. - En 1923 se conoce una resolución judicial en la que no se hace lugar al pedido de nulidad del laudo arbitral pronunciado en los autos que el constructor del hospital regional, señor Pagano, seguía contra el gobierno nacional, por lo que quedaba terminado el litigio. Un año antes Pagano había sido favorecido en el laudo y se obligaba al gobierno a pagar costas y a reanudar las obras. Al conocerse la noticia, los vecinos reclamaron al presidente dela Naciónla inmediata culminación de obras y la habilitación el hospital. Un año más tarde el ministro de Agricultura dela Naciónvisita la zona y el abandonado Hospital de Allen. Pero lamentablemente esta visita tampoco dará frutos, pues la región tendrá que esperar varios años más para ver concretado este anhelo, pese a los reclamos permanentes de todas las intendencias de la región que se veían obligados a gestionar costosos traslados a las hospitales de Bahía Blanca o Buenos Aires. - Cuando se inaugura el Hospital la localidad tenía una vida social rica y mostraba su crecimiento. Ya contaba con una sucursal del Banco de Río Negro y Neuquén, un Centro Socialista Obrero que daba conferencias y clases nocturnas a adultos, también contaba con una sala donde se daban funciones cinematográficas, un club y cientos de hectáreas en producción que se multiplicaban día a día. - 1923 fue un año electoral. En la elección se enfrentaron dos agrupaciones políticas y sufragaron más de 600 electores. El partido que perdió las elecciones denunció que el procedimiento llevado a cabo en aquella no era válido, por no existir un padrón oficial.  La prensa pidió al presidente dela Comisiónelectoral, Patricio Piñeiro Sorondo, que explique a los ciudadanos los puntos de conflicto.  “A pesar de que la protesta del partido de la minoría ha sido ya fallada en primera instancia por el Concejo municipal, no puede decirse todavía que la elección es legal hasta que se hayan pronunciado las autoridades superiores”, afirmaba Piñeiro..

Hospital visto desde el tanque

  El Hospital en facebook Para saber más: -Balmaceda, R.: PATRIMONIO CULTURAL DE LA SALUD, IDENTIDAD Y CALIDAD DE VIDA.LA RESIGNIFICACIÓN ACTIVA DEL VALOR IDENTITARIO DEL “HOSPITAL COMÚN REGIONAL DE ALLEN”, RIO NEGRO, PATAGONIA NORTE, COMO PATRIMONIO CULTURAL DE LA SALUD. -El Hospital Regional de Allen, la primera institución de salud de la Patagonia - 80 años del Hospital Común Regional de Río Negro -Ciudad Invisible Parte II El hospital de Allen, modelo de toda una época  

[3] Para saber más: “Los Piñeiro Sorondo

[4] Para saber más sobre este tema: “Un poder más allá” 

[5] El gobierno de 1906 era el de Manuel Quintana, familiar de Celina Pearson, esposa de Miguel Piñeiro Sorondo, hermano de Patricio.
[6] “Domingo Cabred, nació en Paso de los Libres, Corrientes, en el año 1859.Sus estudios primarios los cursó en Buenos Aires. En 1875 ingresó a la Facultad de Medicina, de la que se graduó en el año 1881. Se inició como médico interno del Hospicio de las Mercedes en 1884, donde se desempeñó hasta 1886; pasó a ser subdirector por seis años y ascendió a director el 10 de octubre de 1892. Al año siguiente fue nombrado profesor titular de la cátedra de Patología mental, en reemplazo de su maestro, el doctor Lucio Meléndez, luego denominada Clínica Psiquiátrica. Como asesor honorario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, impulsó la creación de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales que sobrevivió a gobiernos de distinto signo hasta 1938 y mediante la cual proveyó al país de 11.885 camas hospitalarias. En el año 1916 padeció un accidente cerebro- vascular, que no consiguió detener su labor. Fallece en el año 1929. Cit. Malamud M., pág.123. Ministerio de Cultura y Educación Bs.As./1972”. Del artículo citado al final de este texto de Balmaceda R.
[7] Según Balmaceda en el artículo citado al final de este texto: El “Hospital Común Regional del Chaco”, en Resistencia, será el primero de la lista inaugurado en 1910. Le seguirá La Rioja en 1915 y Misiones en 1916. El 8 de agosto de 1921, en Bell Ville, Córdoba. La aprobación del proyecto de construcción del Hospital de Allen, Río Negro, se concreta en el año 1912.

[8] El Concejo Municipal de Neuquen se conformó en 1906 y el de Allen en 1916. Fue el sexto Concejo electivo de la región. Ver más Aquí 

[10] El “tono” de las palabras de Chaneton pueden entenderse si explicamos algunos sucesos que se producirán en esos años. El periodista y dirigente neuquino fue un actor importante en los inicios institucionales de Neuquén y seguramente su compromiso político lo llevaba ser critico de aquellos beneficios, que como sabemos, Patricio Piñeiro Sorondo obtenía del Gobierno Nacional. Hacia 1916 Chaneton protagoniza un acontecimiento que quedará marcado en la historia regional. Desde su periódico El Neuquén, Chaneton denuncia las pésimas condiciones de las cárceles y se enfrenta a la cúpula policial. El conflicto llega a su momento más álgido cuando sucede la matanza de presos en Zainuco sumando como enemigo a Elordi, Gobernador de Neuquen y amigo de Patricio Piñeiro Sorondo (juntos recibirán al tren que pasó por la zona con una comitiva nacional para la inauguración del ramal). La denuncia que Chaneton hace en su periódico salpica a policías y gobierno y, las elites regionales lo transforman en un “indeseable” que había que eliminar. Un periódico de la región sale en defensa de la policía y el gobierno neuquino: El Regional, primer periódico allenses cuyo propietario era Carlos Palacios. Este personaje pose tierras tempranamente en Allen y tenía vinculación muy estrecha con el gobierno de Elordi (Prislei, L. 2002). Casualmente… Carlos Palacios  participará en el asesinato de Chaneton junto al policía René Bunster . Sobre el asesinato de Chaneton ver: “La Prensa” 
[11] María Inés Mariani se basa en el testimonio oral de Victoria Pomina realizado en 1986.
[12] A finales del siglo XIX el modelo político y económico sufrió un revés durante el gobierno de Juárez Celman. Vientos de cambio llegaron después de la crisis política, la oligarquía se dividió y nacieron facciones que se disputaran el poder. Tradicionalmentela Sociedad Rural Argentina (SRA) representaba a los hacendados de la provincia de Buenos Aires y designaba, como mecanismo usual, a sus hombres en puestos claves del gobierno. En este período, cinco de los nueve presidentes eran socios dela SRA. Casi la mitad de los ministerios eran ocupados por  hombres de esa sociedad. Con la llegada  de Figueroa Alcorta (1906-1910) emergen figuras como Carlos Pellegrini, Ramos Mexía, Roque Sáenz Peña, Joaquín V. González, Carlos Ibarguren, Miguel Cané, Eleodoro Lobos, Indalecio Gómez, Figueroa Alcorta, José Ingenieros, Estanislao Zeballos, Ezequiel Ramos Mexía, etc. Todos ellos integraban una nueva generación, eran miembros de la elite, intelectuales y funcionarios cuyas ideas y accionar se ubican en el marco de un proyecto de reforma científica global (Favaro y Morinelli, 1991 en Lopez, S. 2003). Ramos Mexía será el Ministro de Obras Públicas, creala Ley de Fomento de los Territorios (1908) con la que impulsa el riego, la construcción del ferrocarril, para así valorizar la tierra pública y el mantenimiento de las relaciones carnales con Gran Bretaña como medio de progreso. Ramos Mexía fue presidente de los Ferrocarriles de Entre Ríos y Noreste Argentino (de capital inglés) y diplomático en Francia y Gran Bretaña como agente argentino de negociación con banqueros ingleses (1912). Coincidentes conla Ley de Fomento decretada por Ramos Mexía se impulsaron obras de riego en el Alto Valle del Río Negro. También se sancionó la ley de Irrigación en 1909, que sentó bases legales favorables para la inversión. Así llegaron más aportes del capital inglés. Así se emprendió la construcción de obras reguladoras del río Neuquén (como un dique y un canal aliviador), pues los inversores ingleses lo necesitaban para orientar la zona hacia la producción frutícola y el mercado externo.
[14] Joaquin Portela integró el primer Concejo Municipal de Neuquén. No tenemos mucha información sobre este personaje muy poco conocido en Allen salvo por ser uno de los dueños de un terreno sobre el que luego se asentaría el Hospital. Sabemos que era mason (como casi todos los primeros pobladores ilustres de la región) que fue electo Presidente del Club Gimnasia y Esgrima de Neuquen en 1906, que tenía relación con el gobierno nacional ya que cuando el Ministro del Interior Joaquín V. González viajó a Neuquén en marzo de 1904, se hizo acompañar por Portela.  Según algunas publicaciones fue Jefe de la Oficina Postal de General Roca (se asegura que era el encargado de supervisar el esquema postal de la región). De su actividad cívica puede decirse que el 11 de febrero de 1906 integró la Mesa receptora de votos de la primera elección municipal de Neuquén y así fue electo concejal.  Sería importante saber qué papel cumplía Portela en la región y en Allen, en particular. [15] En todas estas reservas se indica que “han sido costadas por el pueblo” demostrando, una vez más que Patricio Piñeiro Sorondo no cedió sus tierras para edificios públicos sino que fueron comprados por el pueblo. El dinero del pueblo era un puls que le pagaban a Patricio P. Sorondo para que realice trámites en Buenos Aires, a donde viajaba asiduamente, para “acelerar” los Títulos Provisorios de propiedad. Este trámite no era fácil en la época pero como la tierra allense pertenecía en gran parte a Patricio y flia. y a latifundistas de los que Patricio era representante, se lograba burlar fácilmente la ley. Así lo refiere el Inspector Riobó en otro pasaje de su Informe.
 [15] Zorrilla fue uno de los apellidos que aparece reiteradamente a finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando el Estado Nacional decide su avance sobre los territorios bajo el dominio de pueblos originarios del sur y del norte del país. Más: Los dueños de la tierra
MAPA DE LA COLONIA GENERAL ROCA: Ver nombres

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2 comentarios

  1. Bosani Jorge Alberto dice:

    Quisiera tener un contacto vía e-mail con ustedes. Espero que sea posible.Muchas Gracias.Jorge.

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