Gustavo Gurtubay: «Zakoga era el boliche donde te encontrabas con todo Allen»

Gustavo Cristian Gurtubay nació en Allen el 6 septiembre de 1964; su mamá es Alicia Retamal y dsu papá Humberto Gurtubay quien era hijo de Blas, "el alambardor" que llegó a la zona a comienzos del  siglo XX.

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Gustavo Gurtubay

Gustavo pasó una parte de su vida en la chacra familiar viviendo junto a sus abuelos, en aquella chacra N° 61 que administraba Blas, que trabajaba junto a sus hijos y a algunos peones que “eran como parte de la familia”.  Conoció a sus cuatro abuelos y se acuerda mucho de ellos, aunque fue con Blas con quien pasó más tiempo. “El abuelo manejaba, así que salía en su camioneta después de almorzar derecho al Boching Club o al Club Union a jugar al mus, yo algunas veces lo acompañaba. Me acuerdo que también lo acompañaba a recorrer la chacra después del desayuno (…) siempre por las chacras andaban vendedores ambulantes como Cesáreo García, que en su camionetita vendía productos básicos o Mansur, que llevaba carne y otros productos a los chacareros de la zona. Recién en los años 70 se mudaron a la ciudad con toda la familia, cuando él tendría unos 6 o 7 años. Tenía como vecinos a “Mario Gobbi, a “Daddy” Costa, hijo del Dr. Costa, a Javier Herrera, Juanjo Osiniri, hijo del jefe de Gas del Estado, a “Cachito” Benjamín -su papá tenía Distrigás- (…) empecé la escuela en la 153 hasta 3° grado y luego me cambié a la 222”. Gustavo recuerda que el barrio le pareció muy lindo, todos “eramos muy unidos, no había fronteras… nos reuníamos en un baldío al lado de la escuela 153 y jugábamos al fútbol, hacíamos pistas para los autitos (…) la campana de la escuela era el punto de reunión y ahí hacíamos toda clase de travesuras como probar un pucho y después yo masticaba hojas de menta, que traía  de la chacra, para sacarme el olor a cigarrillo. El único límite eran las vías, si bien en esa época no pasaba nada, las vías generaban cierto "miedo" porque había como la idea de que el barrio Norte era distinto… pero en realidad  no había problemas de clases sociales, la gente del barrio Norte venia siempre acá, pero algunos les hacían fama de "peligrosos". Quizás había diferencias de clases, pero como chicos que éramos no las veíamos…  mientras vos no marcaras la diferencia, todo estaba bien, se compartía mucho”. En la escuela él tampoco recuerda diferencias sociales ni religiosas, eran cursos de 20  chicos más o menos y recuerda algunas maestras como Nina Verzii, la Sra de Herrero o Perla Alonso de Sagredo. Hoy piensa que si “mis hijos hacen lo que yo hacia, me muero porque no había limites!! Nosotros agarrábamos la bici y les  decíamos a los viejos "me voy acá atrás con los chicos" y nos íbamos al río o a las chacras de Orell a comer cerezas. Nos controlaban por los horarios, vos decías “llego a tal hora” y tenías que cumplir porque después de esa hora empezaban a preocuparse. Uno de los lugares prohibidos era el Canal Grande, a donde¡¡¡no íbamos!!! –dice Gustavo riendo- y obvio que terminaban ¡¡¡en el Canal Grande!!!. “A pesar de que teníamos la pileta del Club Unión ir al Canal tenía otro sabor”.

“¡Oh, necesaria, deliciosa y detractada siesta! Sabios horarios de provincia, que cierran las puertas de los comercios y los talleres; que nos zambullen en un agua de silencio rayado de chicharras, entornando también la puerta del día hasta que llega la tarde, dulce y fresca como sandía recién sacada del pozo, con una boca gruesa y jugosa, abierta en carcajada”. Arturo Jaureche, Manual de Zonceras Argentinas

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La siesta era un clásico, algunos tenían que escaparse porque los obligaban a dormir, pero “la gracia era a la siesta agarrar el auto a escondidas de los padres. Yo sabía manejar porque había aprendido con el tractor de la chacra (…) pero no había tránsito, mirá para que veas que no andaba nadie, vos te ponías a las tres de la tarde en el cordón de la calle en Mariani al 220 y veías desde ahí  la bodega de Bilo”. El Secundario lo comenzó en el Industrial, pero en instalaciones prestadas por el Mariano Moreno y  luego terminaron el edificio propio “en el 77 0 78”. Fueron tiempos muy buenos, arrancó el Industrial y todos los varones nos fuimos para allá, así que el comercial era casi exclusivo de mujeres. Igual ya para el 85 u 86 había varias mujeres en el Industrial (…) En un momento se generó un conflicto cuando querían sacar al Director Izaguirre pues no tenia titulo para ser director del Colegio Industrial pero en esa época muy pocos tenían título docente y cuando surgíó el colegio, no había profes recibidos, daban clase Ingenieros y Técnicos. Por ejemplo, Navarro el de la Agencia daba electricidad, Pieragostini, torneria y así se arrancó. Muchas materias se hacían en talleres externos, por ejemplo aprendíamos a bobinar motores en el taller de Arauz. Íbamos y si te querías ir te ibas, pero como el grupo la pasaba bien nos quedábamos, los docentes nos tenían mucha confianza (…) Al hacerse el colegio nuevo viene toda una nueva estructura y a Izaguirre se lo separa del cargo y queda Mary Verdinelli. Pero Izaguirre había sido el “motor del nuevo colegio”, él hizo todo y después le pegaron un futbol. Creó toda la estructura y después lo desplazaron. Y nosotros nos opusimos, pero no logramos que se quede”.

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El Pregon, 12 de mayo de 1984

Ya en los años 80 empezó a salir y “así como antes íbamos al río en bici a los 17 íbamos en auto a boliches como “Aquelarre o Zakoga” (…) antes de los 15 años hacíamos asaltos en casas, generalmente en los garajes de la familia, poníamos música y tomábamos gaseosas”. Cuando empezó a salir Gustavo recuerda que no se tomaba tanto como ahora “y no había restricción en la venta de alcohol, te divertías de otra manera, por ejemplo, se tomaba tragos que eran suaves y a parte no estaba bien visto andar borracho, menos en una mujer (…) igual yo creo que se está volviendo a la tendencia de divertirse sanamente. En esa época se salía era a bailar, a conocer chicas, Zakoga era el boliche donde te encontrabas con todo Allen”.

179400_505218069526748_431830922_n¿Querés recordar Zakoga?

Pasá por: YO FUI A BAILAR A ZAKOGA Y BALLOTAGE CIPOLLETTI ALLA POR LOS 80

Para Gustavo todo lo vivido fue “lo mejor que le pasó”, la libertad que sus padres le dieron, los amigos “buenos amigos, de verdad” y como adulto él quiere “adaptarse a la actualidad, a los cambios (…) porque si todo pasado fue mejor, hay algo que no estamos haciendo bien. Fue muy bueno el pasado, pero hoy tenemos esto y es muy lindo, hay que adaptar lo bueno del pasado a la actualidad. Porque eso antes era muy complicado, eras muy diferente a tus padres, hoy todo es más simple, no tan estricto como antaño. No quiere decir que no se pueda trasladar la cultura vieja a la actualidad pero antes todo era  mucho más sacrificado, ahora  es más sencillo y más compartido, no sólo en lo material. Transmitiendo lo que vivimos a las generaciones que vienen, sean hijos o sobrinos se puede valorar todas las etapas por las que pasás en la vida”.

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Gustavo en Bilbao donde tiene familiares y pueblo, calles, hospital... con el apellido Gurtubay.

Gustavo hoy vive en Cipolletti, pero toda su familia y sus amigos están en Allen, por lo que viene muy seguido. A la pregunta de cómo ve la ciudad nos dice: “No ves que avance como avanzaron otras ciudades. Pero creo que están volviendo los buenos tiempos,  y obviamente que me gustaría hacer algo por mi pueblo. Lo primero que hice fue devolverle a Allen una plantita que había sacado de Allen: mi hijo. Yo siempre pregunto como está todo porque hubo una época en la que ejercer un cargo, por ejemplo, se hacía con ganas, con amor por la institución que representabas. Yo andaba siempre metido en algún lado. Participé en grupos parroquiales, en el Club de Leones, en el Club Leo. Ahí fue presidente 2 años. Mi hijo Santi va a Rugby en Marabunta y tienen los diplomas de todos los clubes que han sido campeones desde los años 60 y allí esta Allen, con el Allen Rugby Club, pioneros del rugby regional, me animaría a decir patagónico... Creo que hoy está volviendo a interesarse la gente por las instituciones. Cuando recién empezaba a sonar la Fiesta de la Manzana en Roca, Allen ya tenía la Fiesta del Yeso. Y era famosa, pero después se perdió.  Hoy resurge con la Fiesta de la Pera. Y la gente que está en la Comision no lo hace porque sea rentable, lo hace porque le gusta. Allen tiene esa tendencia sana de pueblo, de grupo, de hacer cosas por la comunidad. Me parece que esto tiene que mantenerse siempre vigente en Allen”.

Entrevista realizada en 2009 por G. Vega. Texto: M. Langa - G. Vega.

Algo más... Blas, el alambrador

La chica de Zakoga (Diario Río Negro, 2004).

La siesta: su protocolo y sus señorías

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