Un desierto muy poblado (I)

"Un desierto muy poblado" formaba parte del "Libro del Centenario: Allen 1910 - 2010". Debido a la extensión que significaba incluirlo (el Libro tiene más de 400 páginas) y a que se refería a una cuestión más amplia que el espacio local tratado, tomamos la decisión de dejarlo para la pagina. Aquí, entonces, a disposición de los interesados en una problemática a la que consideramos muy importante para comprender la región en la que se encuentra nuestra ciudad.

 

“Cuando sopla el viento trae fuerzas que se meten en mi alma y estallan en mi garganta,

una extraña mezcla de memorias en pedazos de esta historia, trae el viento en su carcaza

ay, somos partes del viento en el sur, frío azul..."

“Al sur del viento”. Rubén Patagonia.

Hace más de 12 mil años los cambios climáticos transformaron la región creando el marco natural que conocemos hoy. A este espacio más apto para la vida llegaron (presumiblemente de Asia) los primeros grupos humanos cazadores que iban detrás de mayores y mejores presas. La región era una sola, no habia limites, no había paises ni demarcaciones provinciales como existen en la actualidad.

Este espacio ofrecía nuevas posibilidades y los primeros habitantes se asentaron cerca de los grandes cursos de agua lo que fué definiendo las características del poblamiento prehispánico en la Patagónia. Eran poblaciones nómades, es decir, no vivían en un solo lugar todo el año sino que se trasladaban de un lado a otro para aprovechar los recursos de las distintas zonas en las distintas épocas del año. Realizaban asentamientos temporarios y vivían en cuavas para protegerse (del frio y las lluvias) y satisfacer las necesidades básicas (alimento y vivienda). Vivían al ritmo de lo que la naturaleza les proporcionaba, comenzaron a desarrollar técnicas e instrumentos de caza y para la vida cotidiana; el uso del fuego les permitió mejorar y organizar su vida.

Vivienda Tehuelche

Hasta la llegada de los españoles se distinguen al menos 3 etapas de la historia sociocultural patagónica, donde diferentes desarrollos y adaptaciones no significan niveles de evolución ni sociedades más o menos simples que otras, sino solo cambios y transformaciones necesarias en función de la obtención de recursos para la supervivencia. Las diferencias idiomáticas y las vinculadas con el control del territorio, no impidieron los intercambios. Los grupos conformaban organizaciones sociales y estructuras de poder complejas y fueron desarrollando niveles tecnológicos específicos para mejorar el aprovechamiento de los recursos, en especial, para la caza del guanaco y el avestruz, que por su abundante cantidad les permitía una gran variedad de usos: alimentación, vestimenta, vivienda, fabricación de utensilios, etc. Los arqueologos reconocen que a comienzos de la era cristiana existen ciertos rasgos de cultura común por lo que denominan tehuelchense a todos los grupos que ocupan el área continental de la patagónia. El nombre tehuelche (de chuwelchü: Gente brava o arisca) les habría sido impuesto por los araucanos del área transcordillerano (hoy Chile), luego los españoles comenzaron también a utilizarlo pero jamás existió una sociedad que se autodenomine “tehuelche”. Las denominaciones fueron impuestas por quienes primero refieren sobre la vida de estos pueblos, misioneros españoles, expedicionarios aventureros o científicos que los veían como “curiosidad etnográfica y lo estudiaron –salvo excepciones, como la de Musters (1871)- como eslabon de lo que más tarde y con la ayuda del blanco, se convertiría en mundo civilizado” (Mendéz, L).

Familia tehuelche

En la actual provincia de Rio Negro habitaban grupos indígenas organizados por clanes y familias polígamas (según las posibilidades económicas, pues el matrimonio se realizaba por compra). Cuando las niñas entraban en la pubertad se realizaba una fiesta en su honor y desde es día la joven podía contraer matrimonio. En la vida cotidiana cazaban, en especial avestruces, guanacos y ñandúes, aprovechando la piel, carne, huevos, las plumas, etc., también recolectaban raíces, frutas y bulbos, y conocían las propiedades de cada vegetal. Obtenían sal de las salinas para conservar la carne, hacían productos como escobas, jabón, medicinas e instrumentos de caza muy elaborados y duraderos. Otras prácticas eran la horticultura; el maíz, el trigo, la cebada y otras, significaron un posible uso de arados y canales de riego en el proceso de producción.

Los primeros pobladores habrían ingresado a América desde Siberia durante las últimas fluctuaciones climáticas del Pleistoceno Tardío y una vez ingresado al hemisferio se dispersaron por distintas regiones. Parece que ocuparon el área interserrana bonaerense y con menor frecuencia se los encuentra en el territorio patagónico. Los principales yacimientos que nos proporcionan información sobre ellos se encuentran en Santa Cruz y Tierra del Fuego, aunque evidencias de su presencia se han registrado también en Neuquén y Río Negro, principalmente por el hallazgo de puntas cola de pez. (Perez, A. 2005) La utilización del termino “pueblos originarios” podría confundir pues como vemos llegaron a la región desde otras zonas, fueron “migrantes”. Sin embargo, su uso intenta dar cuenta de que esos pueblos fueron los “primeros” pobladores de estas tierras. También el uso de “indígenas” (admitido por muchos pueblos americanos) no es igual al uso de la palabra “indios”, que muchos descendientes no aceptan pues además se confunde con los grupos originarios de las Indias del oriente asiático. Con respecto al término “tehuelches” es una denominación impuesta pues estos pueblos no se denominaban así a sí mismo. El juego de las identidades y los nombres, evidentemente, es mucho más complejo de lo que parece a primera vista (N. Floria y Nicoletti, 2001; p 32). Existían diferencias de dialectos, de territorialidad, etc. entre las varias sociedades patagónicas pero procedían de un tronco común que históricamente se conoce como tehuelche.

Indios Tehuelches de Santa Cruz. Patagonia Argentina, cazando

  Algo más:

En los últimos años el reclamo de tierras de agrupaciones mapuches de la región de Chile y Argentina ha generado reacciones, generalmente mediáticas muy a tono con los tiempos que corren: alto crecimiento de la discriminación y el racismo. Estas impulsan ideas como "jamás existió una etnia mapuche en el territorio Argentino”, “los mapuches son en realidad araucanos chilenos”, que eran “agresivos y expansionistas”, “vinieron a invadir territorio argentino”, “robaban animales de las estancias” o eran “crueles y traidores”, entre otras, que son, en realidad manifestaciones del gran desconocimiento que hay sobre nuestros pueblos originarios.

La Constitución Nacional (1994) en su art. 75, inciso 17, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, sin embargo, esto no significa su aplicación. Los medios de comunicación masivos al tratar la problemática de los pueblos originarios no cuentan con el asesoramiento de profesionales especialistas en el tema ni dan cuenta de los últimos estudios que se han realizado. Sin profundizar sobre la importancia y responsabilidad que los medios tiene a la hora de informar sobre estas cuestiones y sin desconocer que son corporaciones de la información con variados intereses, es fundamental impulsar la real y compleja situación de la problemática.

Ilustración de Carlos Alonso de los años 60 para el libro “La guerra del malon” del Comandante Prado (1907)

Intentaremos, entonces, establecer el estado de la cuestión según Susana Banideri que en su Historia de la Patagonia (2005) señala: “En los trabajos clásicos (…) se sostenía que los grupos araucanos provenientes de Chile habían ejercido desde fines del siglo VXII una presión decisiva sobre el oriente cordillerano dando lugar a un proceso de propagación de modelos sociopolíticos y culturales denominado araucanización, iniciado primero en las áreas septentrionales y extendido luego al sur patagónico, que se habría afianzado a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII y, con mas fuerza, en el XIX. Mas recientemente, se ha llegado a cuestionar esta categoría por su matriz difusionista, sosteniendo que la incorporación de bienes culturales araucanos fue previa al asentamiento definitivo de grupos de ese origen en el oriente cordillerano, que recien se habría producido en las primeras décadas del siglo XIX. En opinión de quienes sostienen esta última posición, las profundas transformaciones culturales sufridas por las sociedades indígenas del este andino a lo largo de este periódo se deben más a su dináica interna que a las influencias provenientes de un centro difusor de cultura, como sería el caso de la Araucanía.  Es decir que las nuevas condiciones históricas, derivadas, entre otras cosas, del contacto con los europeos, habrian favorecido la incorporación de elementos provenientes de la cultura araucana, en especial la lengua.”.

Además, es necesario tener cautela al referirse a las sociedades indigenas con expresiones “interno” o “externo” ya que es la etapa formativa de los estados nacionales de Chile y Argentina y los limites territoriales adquieren otro carácter.  Son los españoles quienes denominan araucanos a los pueblos  de la región del río Biobío y Tolten (la denominación se utiliza por primera vez en un poema del siglo XVI de Alonso de Ercillia y Zuñiga). Los pueblos se llamaban a sí mismos reche (gente verdadera) y el etnónimo mapuche (gente de la tierra) aparece en las fuentes hacia el siglo XVIII y es una denominación para referirse a estos mismos pueblos como producto del contacto con los españoles lo que derivó “en la construcción histórica de una nueva identidad cultural.  No es posible rotular unidades étnicas pues es posible que no se correspondan con la realidad sino por “una identificción impuesta por otros, en este caso los españoles”.              Por la complejidad del tema Bandieri señala que es necesario profundizar los estudios.

Lamentablemente el paleontólogo y arqueólogo Rodolfo Casamiquela sumo, en los últimos tiempos, mayor confusión al decir a un medio de la región que los mapuches y sus reclamos no son justos pues no son originarios de Argentina: “el mapuche es chileno” y “no tiene profundidad histórica, son 100 años aquí” . En Bolsonweb.

Casmiquela ignoró solapadamente la base (y clave) para abordar el tema: hasta la conquista militar del “desierto”(mitad de siglo XIX), lo que hoy es Chile y Argentina era toda una zona única y diversa donde numerosos pueblos indigenas circulaban sin fronteras.

La conquista militar de la segunda mitad del siglo XIX en nuestro país impuso una nación (en Chile la conquista militar de la Araucanía fue en 1881) a la región. Esto no significa que los indigenas que quedaron y sus descendientes (después de las luchas, del sometimiento o su dispersión por la región o los traslados como esclavos a otras regiones o simplemente de su asesinato) reconozcan a esa nacion (tanto en Chile como Argentina) u olviden todo lo que la memoria ancestral de sus antepasados les ha dejado.

La región de sus ancestros fue desmembrada por los Estados nacionales y la tierra pasó a su propiedad desconociendo a los grupos que no se ajustaban a las nuevas fronteras nacionales ni a los intereses de las élites gobernantes. De esta manera, los pueblos originarios quedaron fuera del "principio de igualdad" que las nuevas naciones proclamaban para sus habitantes. Se "pertenecía" o no y estos grupos por cultura, costumbres, idioma, historia, etc. no pertenecían; por todo esto, también tenían (y tienen) sus propia concepción política diferente al estado - nación impuesto.

El tiempo trajo visiblidad a los pueblos originarios que no habían sido totalmente eliminados y fue necesario darles alguna forma de reconocimiento. Se los llamó "grupos étnicos" lo que en realidad significaba aceptar el destino o la suerte de la mayoría de los inmigrantes que ingresaban al país, vale decir, transformarse en fuerza laboral, muchas veces barata, y dejar de lado la cultura de sus ancestros para sumarse al tren de la cultura dominante. La ideología de la “etnicidad” significó la aceptación del sistema de dominación en la sociedad y la negación por ende, del pasado histórico del grupo étnico. Una de las últimas cruzadas de Casmiquela fué convencer, a travéz de medios masivos de comunicación, que los mapuches como grupo étnico chileno “invadió” el territorio “argentino”, desconociendo que la Nación mapuche comprendía las provincias de Maule, Ñuble, Bío-Bío, Arauco. Malleco, Cautín, Valdivia, Osorno y Llanquihue en Chile, y las provincias de Neuquen, la Pampa y Río Negro. Todas estas zonas, por más que algunas tengan nombres realacionados con la cultura indigena, fueron y son territorio mapuche. La insistencia de Casamiquela de que a "nuestros" originarios tehuelches (denominación también impuesta) los sometieron los pueblos originariois "chilenos" (¿?) busca ahondar más en la triste herencia que nos dejó la conquista, la de tratar a nuestros hemanos chilenos como enemigos, herencia que se fué profundizando por los conflictos por el canal de Beagle y la Guerra de Malvinas.

Finalmente, aceptar la teoria de la etnicidad, es aceptar tambien la idea de una minoría etnocéntrica y renunciar al derecho de ser un pueblo co-fundador de las naciones chilena y argentina. Los pueblos indigenas en el norte del continente, y en América Latina demandan el derecho a la libre determinación como pueblos. La politica de la etnicidad no hará posible que esa demanda se haga realidad. (Gavilán, V. 2008) 

Para saber más Sitio que informa sobre la actualidad de los pueblos originarios en el Alto Valle  

Janenkeo: Ilustración de Chelo Candia para el libro "La patria también es mujer", Las Juanas Editoras (2010)

 

  Bibliografía:

Alimonda Hector y Ferguson Juan: “La Producción del desierto” (Las imágenes de la Campaña del Ejército Argentino contra los indios – 1879).  http://www.antropologiavisual.cl/Alimonda_&_Ferguson.htm Bandieri, Susana: “Historia de la Patagonia”.Bs. As.: Sudamericana, 2006.
Habegger, Virginia: “El mundo indígena frente a la dominación estatal. Norpatagonia, fines del siglo XIX - Principios del siglo XX”. En Mundo Agrario, vol. 8 Nº 15 – La Plata, 2007.
Molini, Judith: “Walter Mario Delrio, Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia 1872-1943”. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2005, 310 páginas. iesh@fchst.unlpam.edu.ar
Navarro Floria y M, Nicoletti: “Rio Negro Mil voces en una historia”. Ed. Manuscritos Libros, 2001. Neuquén Navarro Floria, Pedro: Politicas de frontera y Politicas de la Memoria” – Discurso de la Segunda Jornadas Politicas de la Memoria y Construcción de la Ciudadanía.  en www.poderautonomo.com.ar – Segovia 2008

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