La casona del Hospital de Allen: patrimonio cultural en riesgo

Cuando el equipo de filmación del Programa nacional de ATC (Argentina Televisora Color) "Argentina secreta" de Roberto Vacca llegó por primera vez a la región en 1987 –gestionado mientras dirigía el sector Educación para la Salud de ese nosocomio– se proyectaba a nivel nacional la historia desconocida de un hospital patagónico imaginado por un pequeño grupo como "museo de la salud". Esto me llevó invitado a exponer en el Congreso de Historia de la Farmacia en Rosario, Santa Fe, ese mismo año; a la descripción del inédito proyecto en los diarios regionales y a recibir sucesivas invitaciones de la Comisión Nacional de Museos para su inclusión, pero el objetivo principal de motivar a la población local por imponderables históricos se tornó en frustración. Con ello desaparecía la posibilidad de convertirse en el primero de su género en América Latina, felizmente concretado luego por el Hospital Rivadavia. Por Roberto Omar Balmaceda para Diario Río Negro, 12/07/2014

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A veintisiete años de aquella iniciativa, la comunidad de Allen –al menos los sectores más involucrados con el poder político, económico y cultural– sigue sin dar muestras de conciencia real, aquella que nos moviliza de inmediato y nos hace actuar en consecuencia, de poseer uno de los bienes culturales más preciados aún en pie, testimonio material arquitectónico, científico y cultural de la salud y del desarrollo de la Colonia Roca entre 1912 y 1940, del entonces territorio nacional de Río Negro.

La relevancia histórica, social y patrimonial del Hospital de Allen, del que "la casona" es una de las edificaciones del conjunto construido, reside en principio en haber formado parte del proyecto de creación de los primeros hospitales de la modernidad médico-científica en Argentina, que dotó a los territorios nacionales por primera vez de infraestructura sanitaria para dar respuesta a los problemas de salud de quienes no contaban siquiera con una cama hospitalaria.

Esto convierte al patrimonio de Allen en cuestión en una pieza insustituible del mapa histórico sanitario de nuestro país. Su fundador, el Dr. Domingo Cabred, presidente de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, concibió este proyecto sanitario que se plasmó a través de la ley 4953/1906, cubriendo norte, centro, este, oeste y sur. A sólo dos años de su nacimiento como localidad en 1912, Allen, con una población aproximada de 692 habitantes frente a General Roca y Neuquén que la sobrepasaban en número holgadamente y cumpliendo los requisitos mínimos de selección para la Comisión Asesora, celebró la aprobación del proyecto de creación del hospital, que fue depositario de la responsabilidad de la atención médico-social a toda la región sur, siendo por esta razón el primer hospital público de la Patagonia.

Su arquitectura se inspiró en los hospitales de la Colonia de Alt Sherbitz, Alemania, unos de los más prestigiosos de Europa de fines de siglo XIX, caracterizados por pabellones aislados unidos por circulaciones subterráneas cuyo principio fundamental era la aislación y descentralización de las salas, con énfasis en la ventilación y la iluminación, dado que se ignoraba el proceso de transmisión de las enfermedades por microorganismos atribuido a los "miasmas" presentes en el aire y superada esta concepción por un buen tiempo más, justificado por la inexistencia de antibióticos. Llamaba la atención en ellos la calidad ambiental de sus parques, la flexibilidad que brindaban sus amplios espacios interiores y la belleza estética de sus tejas rojas coronando las edificaciones tipo chalet. Allen vivió con él la experiencia del autoabastecimiento histórico en muchos de los rubros necesarios al desenvolvimiento diario. Sus huertas y granja proveían de alimentos que completaba la panadería propia. Muchísimas familias allenses y de la región que trabajaron en sus instalaciones fueron construyendo el patrimonio inmaterial, aquel que queda en la memoria y se transfiere en el recuerdo cotidiano, creando un sentimiento de identidad, pertenencia y orgullo de haber formado parte de esa historia. Su arquitectura ecléctica, europeísta liberal, constituyó la arquitectura de nuestra formación como nación que, como expresaba el arquitecto Federico Ortiz refiriéndose a la arquitectura argentina después de 1880, "aunque seamos totalmente conscientes de sus colosales insuficiencias, no podemos dejar de reconocer y aceptar esta realidad histórica".

Nuestra región cuenta con muy pocos bienes físicos conservados y conservables de carácter monumental rescatados por las comunidades locales en su afán de mantener la memoria de sus antepasados y de preservar para las generaciones futuras el legado que, como en este caso, no sólo pertenece simbólicamente a la localidad de Allen sino que ha devenido por su historia en un legado regional patagónico que todos deberíamos cuidar y proteger, porque constituye nuestra memoria colectiva activa.

En cuanto a la responsabilidad de su recuperación, conservación y restauración o destrucción definitiva, N. García Canclini, al preguntarse si puede cambiarse el uso o remodelarse un edificio de valor histórico por necesidades actuales, opone aparentemente dos conceptos nuevos en los procesos de urbanización que ponen en evidencia el campo de lucha y negociación política y económica al que está expuesto el patrimonio cultural.

Estas ideas exigen repensar su significado concreto deshaciendo los conceptos en los que se hallan envueltas; por un lado, aquellos que lo asocian a identidad, tradición, historia, monumento, que delimitan un perfil, un territorio en el cual cobra "sentido" su existencia y su uso desde la visión de expertos conservacionistas: arqueólogos, historiadores y restauradores, a los que se llama "especialistas del pasado". Y por otro quienes lo asocian a turismo, desarrollo urbano, mercantilización, comunicación masiva, conceptos que parecen oponerse como adversarios en una contienda. Sin embargo, la hipótesis de la que parte los considera complementarios; no es posible llevar adelante una política o una acción si no ubicamos el patrimonio en el marco de las relaciones sociales que la condicionan. La noticia de construir un nuevo hospital para Allen, ansiado y merecido históricamente, sujeto a la demolición de "la casona" la pone en el lugar de obstáculo para el crecimiento y el progreso como rémora de un pasado condenatorio al atraso, donde los vivos sobreviven a costa del olvido, quitándole a la salud su carácter de proceso de construcción social, colectiva e histórica hecha de personas concretas, de historia y de memoria.

Quienes adhieren a su demolición lisa y llana evidencian objetivamente no sólo una falta de reflexión crítica sobre su pasado reciente sino una forma de desprecio por lo propio, lo local, lo regional, que hace a nuestra frágil identidad que desde un poder hegemónico nos han enseñado a despreciar: "Nos han impuesto el desprecio como costumbre y ahora nos venden el desprecio como destino", concluiría Eduardo Galeano.

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