77 años de la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio

El 17 de mayo de 1931 vecinos de los valles de Río Negro y Neuquén fundaron la CAIC. Se propusieron impulsar la agroindustria regional y la comercialización de productos locales. Una historia que nació hace casi ocho décadas y que hoy se sigue escribiendo en la región. POR: SUSANA YAPPERT para Diario Río Negro (mayo 2008)

 El 12 de abril de 1931, 40 vecinos del Alto Valle de Río Negro y Neuquén se reunieron en Colonia Lucinda para crear la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio (CAIC). En ese encuentro, en el que participaron propietarios, agricultores, industriales y profesionales, se planteó la urgente necesidad de contar con una institución para dar impulso al motor económico que se encendía en esta zona del país.

Así, el 17 de mayo de ese año en el Teatro Español de Roca quedó formalmente inaugurada la CAIC, que hoy cumple 77 años.

Leyendo las actas de esos días y actualizando los objetivos de la cámara en el presente aparece una coherencia profunda entre aquella siembra y las proyecciones actuales de la institución.

En 1931 había unas 25.400 hectáreas de alfalfa y unas 1.800 toneladas de peras y manzanas en la zona del Alto Valle. Desde el ámbito nacional se imponía la sustitución de importaciones de fruta con el fin de estimular el desarrollo de la producción local y recién a finales de esa década su exportación se volvió sistemática.

Durante los primeros tiempos, la principal fruta de exportación era la uva de mesa, que salía de Cuyo con rumbo a Brasil y Estados Unidos, y en segundo lugar se consolidaba la salida de peras y manzanas del Alto Valle, que se vendían a Brasil y Suiza en primer término y a Inglaterra e Italia en segundo lugar. Aun así, la Argentina importó manzanas de Estados Unidos durante unos años más.

Varios acontecimientos se conjugaron para el despegue de la producción: la llegada de la Argentine Fruit Distributors de los ingleses en 1928, destinada a dar solución a los problemas que planteaba la comercialización y logística de una actividad primaria nueva; la labor de las estaciones experimentales, que ensayaban variedades y atendían los problemas sanitarios; algunas leyes que se sancionaron en favor del sector frutícola, la culminación de la principal obra de riego y la creación de instituciones que representaban los intereses de la naciente actividad como cooperativas, la Sociedad Rural y la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio.

Las actas del año de la fundación de la CAIC son una formidable fuente documental de ese momento de la Argentina.

Cuentan que varios vecinos a fuerza de necesidad comenzaron a generar un espacio para dar solución a los problemas que aquejaban a una economía regional que emergía. Estos encuentros ocasionales se multiplicaron hasta que alguien tomó la iniciativa. Invitados por el señor Andrés

G. de Sherbinin, inmigrante norteamericano y presidente de la usina eléctrica que daba energía a la región, decidieron organizarse.

El Valle crecía silencioso y planteaba desafíos cotidianos. La mayoría de los vecinos eran agricultores, algunos profesionales y otros comerciantes, en gran medida extranjeros. Éste es uno de los datos que aparecen en las actas primigenias: el multiculturalismo del origen de la cámara. Una anécdota: la primera reunión, que se celebró en Colonia Lucinda, fue convocada por Sherbinin, quien pidió al vecino González Larrosa que hablara por él debido a su dificultad para expresarse en castellano con corrección y "por carecer de palabra clara y precisa".

El segundo dato: la cámara nació como una institución regional de la que formaban parte todas las localidades del Valle, desde Plottier hasta Choele Choel. Con el paso del tiempo este espíritu se quebró, ya que cada localidad procuró tener su propia cámara. En vista de esta nota, durante el encuentro realizado en mayo en la Asociación Española de Roca se formó una comisión directiva de la cámara, integrada por vecinos de todos los pueblos. Ellos fueron: Alberto Plottier y Agustín Battilana (Plottier), Andrés de Sherbinin y José Fava (Neuquén), Augusto Mengelle, José González Larrosa y Baldomero Criado (Cipolletti), Kurt Seeman y Eduardo Durand Cordero (Cinco Saltos), Aquiles Lanfré, Salvador Auday y Amadeo Biló (Allen), Christian Nielsen, Sergio Gil y Renato Fabris (Roca), Santiago André (Cervantes y Mainqué), Baltazar López y Baldomero González (Huergo), Emilio Bignami e Ítalo Rafaelli (Colonia Regina), Gastón Pawly (Chimpay y Belisle) y Juan Rosauer (Choele Choel). En esta sesión en

la que quedó conformada la CAIC actuó de secretario el ingeniero Juan Barcia Trelles, entonces a cargo de la Estación Experimental estatal.

En el acta Nº 1 se expresan los motivos de la creación de la entidad: "sería un factor importantísimo para el adelanto inmediato de la región..." y "se encargaría de realizar una activa y permanente propaganda en el país y en el extranjero con el fin de atraer nuevos capitales y estimular el turismo".

Aquel día fundacional quedaron establecidos los objetivos y se discutió un proyecto de estatuto de funcionamiento: "Art 1. Bajo la denominación de Cámara de Agricultura, Industria y Comercio del Valle del río Negro Superior y de Neuquén se constituye con domicilio legal en Fuerte General Roca, de la que formarán parte las localidades de Plottier, C. Cordero y Choele Choel. (...) Art 3. Tiene el fin de examinar y comparar las tarifas aduaneras y de transporte. Inc. G. De crear exposiciones permanentes o temporarias". Tras un cuarto intermedio se decide corregir un artículo: en lo que respecta a autoridades de la cámara, "en lugar de (decir) 'sea ciudadano argentino' debe decir 'esté radicado en la zona y tenga intereses en ellos'". Otra vez el dato de la composición social del Valle.

La siguiente reunión se realizó en Allen el 5 de junio de 1931. Los vecinos confluyeron esta vez "en el salón 'Quo Vadis', cedido gentilmente por el Sr. Guarnieri, y allí se forma la comisión directiva, que quedó conformada de la siguiente manera": presidente, Andrés Sherbinin; vice, Alberto Plottier; tesorero, Augusto Mengelle; protesorero, Sergio Gil; secretario, Renato Fabris; prosecretarios, Emilio Bignami e Ítalo Rafaelli; síndico titular, Batillana; suplente, Salvador Auday y los representantes de cada localidad mencionados antes. Aquel día se formó una caja para administrar los primeros gastos, con un fondo de 30 pesos. Se designó un secretario rentado para que comprara insumos y alquilara un local en Roca para la sede. Se estableció la cuota social: A) de 5 pesos y B) de 2 pesos. José Fava pidió la palabra para que se autorizara a miembros de las comisiones locales a designar comi

siones de propaganda dentro del radio que representaban. Se aprobó esta moción y se estableció que la nueva asamblea sería en Neuquén el 4 de julio de ese año.

Si bien durante el transcurso de su primer año hubo una fuerte energía invertida en organizar la institución, fueron inmediatamente visibles las urgencias que se planteaban para los sectores involucrados.

En el tercer encuentro se decidió publicar los objetivos de la cámara en los medios regionales e imprimir 5.000 volantes de propaganda; los trabajos de imprenta fueron encargados a Fernando E. Rajneri, director del entonces semanario "Río Negro". También se resolvió considerar como modelos para elaborar el reglamento interno el de la Asociación Española de Roca y el de la Cámara de Comercio de San Rafael, Mendoza. Aquel día se informó que se había rentado una sala para el funcionamiento de la CAIC y que el alquiler costaría 50 pesos mensuales. Los socios aceptaron por unanimidad la sigla "CAIC" para designar a la institución.

Ese invierno se adoptó la primera resolución fuerte: se decidió "enviar nota al ministro de Obras Públicas reclamando que el impuesto recaudado por concepto de sobre tasa del precio de la nafta vendida a la región sea invertido en la construcción de caminos para nuestra jurisdicción...".

Por otra parte se pidió al agrónomo regional Juan Barcia Trelles que informara sobre el estado de la fruta del Valle y las perspectivas de nuevas cosechas. También le solicitaron datos sobre importación/exportación de semillas de alfalfa. La reunión se extendió en consideraciones vinculadas con el "asunto de la fruta" y la conveniencia de que la cámara se ocu

para de gestionar ante el gobierno la imposición de impuestos a la fruta que se importaba o de solicitar franquicias para la que se producía en la región. Esto suscitó un debate porque uno de los socios consideró que no tenía sentido imponer una carga a la importación ya que el Valle aún no podía abastecer el mercado interno.

El acta Nº 5 se firmó en la Colonia Regina el 10 de octubre, en el Círculo Italiano. Allí se dejó constancia del carácter de urgente con que se había llamado a asamblea. El motivo central de la convocatoria era el estudio del modelo de contrato elaborado por la Argentine Fruit Distributors a firmar con los productores para la siguiente temporada. En el escrito se guarda recuerdo del malestar de los chacareros como consecuencia de las altas tarifas de flete que cobraba la empresa inglesa y el precio pagado por la fruta. La mayoría de los socios consideró el nuevo contrato como "beneficioso" aunque no todos levantaron la mano para su aceptación. El vecino de Regina Bignami expresó que "la AFD no goza de las simpatías en la zona y por lo tanto no es la cámara una entidad llamada a patrocinar a dicha compañía".

Aquel día también se informó que la entidad ya contaba con 253 socios. Sin dudas, no había otra institución de tal magnitud en los territorios para esa fecha, por lo que se infería que la convocatoria había sido un éxito y comenzaba a mostrar sus resultados: aquella temporada la AFD redujo las tarifas por flete, envases y clasificación de fruta, por lo que subieron la apuesta e invitaron a los ingleses a bajar las tarifas de los pasajes de aquellos colonos que quisieran radicarse en la zona.

La propaganda de la producción regional tomó forma ese año: Radio Nacional LRA3 transmitía los cometidos y planteos de la CAIC, al igual que los diarios regionales. En aquel encuentro los socios pidieron extender la propaganda a diarios del exterior y se solicitó a la empresa Ferrocarril Sud que permitiera exponer productos regionales en su hall de la Estación Constitución.

Un capítulo aparte constituye el interés de la CAIC en participar en exposiciones y ferias (ver "Historia de por acá"), para lo cual pidió asesoramiento a la Sociedad Rural, con mayor experiencia al respecto. Por su parte, se destacó la organización de charlas y el envío de comisionados a Buenos Aires para avanzar en demandas específicas: hacer una estación experimental en Cipolletti, lograr la derogación del decreto que declaraba zona filoxerada a Río Negro y manifestar al Ministerio de Agricultura la necesidad de realizar estadísticas de frutales. También se planteó la creación de una escuela experimental para que a ella asistieran los hijos de los colonos. Años más tarde la CAIC se sumó al reclamo de la comunidad valletana para la creación de la Universidad Nacional del Comahue.

A partir de entonces, el éxito se mensuró en términos de la capacidad de negociación y de defensa de los intereses del conjunto. Así, la CAIC fue tomando vuelo y partido por todas aquellas situaciones que involucraron a su comunidad y a la región. Las primeras: el pedido de la radicación del Juzgado Letrado en Roca, la urgente necesidad de construir desagües y caminos y la conveniencia de anexar el departamento General Roca al Territorio de Neuquén, entre otras. Lo más recordado: las gestiones para la construcción del puente de Paso Córdoba y las rutas 6 y 22, los estudios para la navegación del río Negro y las tratativas para la construcción del aeropuerto de Roca y la obra para la contención de aluviones.

El 31 de diciembre de 1931 se realizó la última sesión de la CAIC de un intenso año, el tiempo de los cimientos que hoy se observan desde la obra y desde una Argentina distinta que reclama salir al mundo a ofrecer sus materias primas y, si es posible, desde la Patagonia.

 

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