Los boliches de las chacras, lejos de su era dorada

En otros tiempos vendían tres o cuatro medias reses por semana, fiaban de palabra y cobraban al fin de la cosecha. Ahora apenas tienen clientela, acorralados por la crisis frutícola y la inseguridad. Pero son refugios de la memoria y se resisten a dejar la escena del Alto Valle. Por Diego Von Sprecher dievon@rionegro.com.ar. Para Diario Río Negro, 19/07/2015

Aunque muchos ya bajaron las persianas hace varios años y en algunos casos sólo quedan las ruinas, unos pocos mantienen sus puertas abiertas y entre sus paredes aún persiste el recuerdo de un pasado próspero. Los almacenes y bares rurales -también llamados boliches o despensas- fueron parte de la vida social de las chacras, pero en la actualidad están al borde de la desaparición.

Hay largos mostradores de madera que ocupan buena parte de los salones, estanterías altas hasta los techos, amplios ventanales con postigos y hendijas que dejan filtrar la luz del sol, salamandras o estufas construidas con tachos, mesadas de granito con arcos en los que se colgaba la carne, sierras circulares arrumbadas en algún rincón, heladeras exhibidoras tipo mostrador de esas que ya casi ni se ven, puertas que crujen y cuyas bisagras chirrían cuando se abren...

                                                                                

Almacenes que aún resisten. Fotos Alejandro Carnevale

Un puñado de despensas que todavía existen en la zona rural de Allen, entre Contralmirante Guerrico y el este, es parte de la "historia viva" de las chacras. El éxodo de los peones rurales hacia la ciudad, la aparición de los grandes supermercados y las reiteradas crisis frutícolas dejaron estos almacenes como puntos perdidos entre las chacras, con muy poca clientela y la esperanza de salir adelante agotada.

Las despensas de ramos generales tenían en sus estanterías todo lo que el cliente pudiera necesitar. Desde un paquete fideos y latas de conservas hasta pomada para los zapatos, alpargatas y alcohol de quemar. No faltaba nada y los "bolicheros" trabajaban con cuentas corrientes que se cobraban de manera quincenal o mensual y -a veces- se cancelaban cuando terminaba la temporada de cosecha. La "palabra" era una garantía de pago que se respetaba a rajatabla. Si había algún empleado moroso, seguramente el patrón de la chacra se encargaba de saldar la deuda.

Entre el kilómetro 1.192 y 1.193 de la Ruta Nacional 22, una centenaria construcción de ladrillos a la vista, resalta en el paisaje valletano. Se trata del almacén que ahora tiene colgado en su fechada un cartel con la inscripción "Don Domingo" pero que durante muchos años llevó el nombre de El Pobre Onofre.

Mirta Herrera y su esposo alquilaron el histórico local hace 11 años, lo reacondicionaron porque estaba muy deteriorado y lo mantienen abierto con mucho sacrificio. "Subsistimos con lo poco que estamos vendiendo. Muchas familias que vivían acá, en los alrededores, abandonaron las chacras y se nos achicó demasiado la clientela. Vienen a comprar los pocos trabajadores que quedan, camioneros y turistas que paran para tomar alguna foto y preguntar por el edificio. Este local tiene mucha historia, dicen que por acá pasó Vairoleto (ver aparte)", contó Mirta.

Un grupo de amigos se reúne cada día para conversar de sus cosas en uno de los boliches de la zona. Fotos Alejandro Carnevale

Un grupo de amigos se reúne cada día para conversar de sus cosas en uno de los boliches de la zona. Fotos Alejandro Carnevale

A mediados de los 60, en almacenes de chacra como La Titina, que estaba ubicado a pocos kilómetros del ex El Pobre Onofre, se llegaban a vender hasta 160 kilos de pan en un sábado, 1.200 litros de vino por semana, tres o cuatro medias reses y corderos.

"Este año, lácteos no pudimos comprar porque son muy caros y no nos dan los números. Lo que se vende es lo de todos los días. El pan, vino o la gaseosa y las garrafas. Tenemos pollo y algo de carne. Hace algunos años te pedían patamuslo pero ahora los obreros que vienen del norte en la temporada, si tenés rancho, llevan rancho, porque es mucho más barato. Ojalá que algún día la cosa cambie porque va de mal en peor, y si la fruticultura sigue en crisis no sabemos qué vamos a hacer", agregó Mirta.

Cerca del acceso Amadeo Biló de Allen, también a la vera de la Ruta 22, una mujer que hace muy poco reabrió un viejo boliche de chacra cuenta que vendió apenas dos kilos de pan en medio día de trabajo. Desalentada, asegura que pronto va a tener que cerrar.

Más adelante, en Fernández Oro, a la altura de la Isla 10, el mercado de Mastrocola se convirtió en una vivienda y en la fachada instalaron un puesto de venta de frutas, verduras y conservas regionales que atiende Gustavo.

En un camino de tierra que atraviesa la zona rural, entre la Ruta 22 y la 65, a pocos metros de la Escuela Primaria Nº 54, un hombre de 86 años de edad lleva la mitad de su vida atendiendo uno de los almacenes de chacra que -tal vez- cuenta con más trayectoria.

La inseguridad hizo que se viera obligado a atender a su clientela por una pequeña ventana que deja ver hacia el interior la postal de una típica despensa de chacra, en la que el tiempo parece haberse detenido.

       
Allen 17/07/2015 Almacenes y bares de chacra.Foto Alejandro Carnevale

Allen 17/07/2015 Almacenes y bares de chacra.Foto Alejandro Carnevale

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