Campito, “el tonelero”

Mi abuelo, Campito, “el tonelero” (como le decían) era un artesano. Trabajaba el raulí, madera de perfume tan particular, que serviría como base para las bordalezas, barriles, toneles y pipones. Por Melina Campos.

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Libreta de afiliación con los aportes jubilatorios hechos en fábrica Bagliani.

Leer: La Fabrica Bagliani

Nacido en 1913 en Neuquén, de mirada serena, más bien bajo de estatura, bigote finito y peinado a la gomina, era un enamorado de su trabajo. Cada mañana se levantaba bien temprano, en busca de unos mates amargos que le dieran el empujón para comenzar el día. En el taller lo esperaba su bicicleta, de punta en blanco, ansiosa de reencontrarse con las calles de aquel tranquilo Allen de 1960. Había que llegar hasta la ruta, donde la Bodega “Barón de Río Negro”, una de las más importantes de la Patagonia, le confiaba sus enormes cubas de roble, para ser restauradas, a la espera de volver a hospedar una nueva cosecha de vino.

 
Bodegas

Toneles en Barón de Río Negro

Leer: Barón de Río Negro

A las 19 horas llegaba el fin de la jornada. Era entonces cuando el rojo intenso de su bicicleta se encontraba con la banquina de la ruta, de regreso a casa, junto con los primeros vestigios del atardecer. Mientras mi madre y mis tíos ya habían regresado del colegio y lo esperaban, junto a la abuela, en la vereda de la casa. Así, tras compartir los infaltables mates con la abuela, se internaba hasta la noche en su taller, al fondo del patio. Jugar allí significaba correr esquivando los toneles de productores de vino casero, llegados desde los alrededores de Allen, Fernández Oro y Guerrico en grandes camiones y camionetas.

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El primero de izquierda a derecha, cargando mercadería en los vagones de la AFD en la estación de tren.

AFD:(Associatión Fruit Corporation). 

Si había algo que disfrutaba era aconsejar a sus hijos. A cada momento era posible escucharlo hablar de esos valores que hacen del hombre una persona de bien. “Al trabajo hay que quererlo, ponerle ganas, mas allá de lo que sea, si lo hago con cariño es mas digno”, “Hay dos formas de hacer las cosas: hacerlas o hacerlas bien”, solía decir.

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De traje oscuro y cigarrillo en mano en una fiesta de la familia.

Ocio y tiempo libre en Allen (1940/1950). Primera y Segunda Parte.

Tampoco le faltaba compañero. Infaltable en la casa, estaba su perro, Rinti, un ovejero alemán. Era especial la relación que mantenían. Durante la semana cada uno ocupaba su función. Uno, la de cuidar la casa, con mirada severa y ladrido siempre firme, marcando el respeto; el otro, ya se sabe, la de trabajar de lunes a sábado para darle a su familia una vida digna. Pero el domingo las cosas cambiaban. Y Rinti lo sabía. Ya desde temprano que, recostado en la entrada de la casa, reclamaba su ratito de libertad, en el que poder volver a sentir como el viento le peinaba las orejas, cuando la tierra del patio era testigo de sus carreras sin freno, sin cadenas. El abuelo, que por única vez no salía a trabajar, lo observaba desde el cerco de tamarisco, sin demostrarlo, pero satisfecho de verlo disfrutar de tan merecido descanso.

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Afuera de su primera casa, junto a mi abuela Ana y sus hijos mayores Eduardo, Rogelio y Froilan.

Don Campito estaba tan orgulloso y feliz de ser tonelero (era unos pocos de la zona). Cada tanto, para algún aniversario de la ciudad o en una de las fiestas de la Patrona “Santa Catalina”, solía exponer sus trabajos (esos que hacia en sus ratos libres): Pequeños barrilitos, con manijitas, canillita y patitas para apoyar. Pero un día, el progreso y la tecnología llegaron hasta el pueblo y los toneles fueron reemplazados por damajuanas de vidrio, más prácticas y vistosas. Así, el patio de la casa de mi abuelo ya no se llenó de bordalezas, como sucedía en otra época… Hoy mi abuelo ya no está, la Bodega mas importante de la región tampoco…ni siquiera su champagne tan conocido. Sin embargo, no puedo, junto a mi familia, dejar de sentirme orgullosa de mi abuelo Antonio Campos, que con su amor por el trabajo y sus valores supo ganarse el lugar de esa persona querida que siempre se hace presente para mostrarnos qué lindo que es seguir el camino correcto…¡Te queremos Abuelo Campito!

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En el patio de la segunda casa donde vivieron, mientras le daba agua a Bochin, otro de los perros de la familia. Década del 70.

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La primera vez que pudo ir de vacaciones, en la década del 80, con su hija Lidia, en Entre Ríos.

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2 comentarios

  1. beatriz dice:

    solo muchos recuerdo de mi padre que trabajo tan duramente en esos años Diego Jose Glorioso un ves perdió sus dedos trabajando allí.-pero no era como ahora que por cualquier cosa dejaban de trabajar y los indemnizaban acá no siguió trabajando pobre viejo.-

  2. Ivan Priner dice:

    Doy fe de la capacidad y calidad de este vecino laburante, como tantos que pasaron por la historia de nuestro pueblo. Años de lucha y dedicación, siempre con la frente alta y sin bajar los brazos. Un recuerdo para Diego Glorioso, persona de bien.

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