Sin pretensiones de analizar el conflicto entre el gobierno y el campo, quisimos presentar este video. Su letra hace referencia a cómo algunos sectores critican las acciones del otro, las menosprecian e incluso las criminalizan, pero luego las copian para lograr sus objetivos personales.
Los métodos “piqueteros” no son una modalidad nueva de demanda. Siempre que los pueblos necesitaron expresarse tomaron las calles, pero a finales del siglo XX, en nuestro país, grupos heterogéneos desarrollaron este método, plasmando la acción colectiva y comunitaria de manera organizada y militante.
Los piquetes se iniciaron a partir del cierre de fuentes de trabajo y de los consecuentes altos niveles de desocupación. Posteriormente, fueron transformándose en una herramienta usada por múltiples sectores que necesitaban “hacerse sentir”. Como “movimientos de movimientos” (Colectivo Situaciones, 2002), el piquete fue concentrando demandas de tonalidades y temperaturas muy variadas. Los sectores medios y altos nunca vieron con buenos ojos los cortes de ruta ni las manifestaciones callejeras. Sin embargo, desde hace un tiempo el método pareció serles útil en varias oportunidades, en las que vieron restringidos sus privilegios, sus bienes materiales amenazados o a alguno de sus líderes encarcelado o puesto a disposición de la justicia.
Con más glamour y supuestamente más “dignidad”, estos sectores no hacen ollas populares, sólo golpean cacerolas. Tampoco “cortan la ruta” ni “toman la plaza de mayo”, simplemente “caminan por la calle” y se “juntan en la plaza” a presentar petitorios o a hablar con la prensa, que en general tiene los micrófonos listos para escuchar sus quejas de bolsillo y el pesar del grupo. Aunque endulcen las palabras y suavicen los términos, el resultado es el mismo o peor, ya que no tienen en sus manos sólo el poder del pueblo, sino también la poderosa garra del dinero. La pregunta es: ¿Qué hace que un grupo o persona sienta que “su pesar” es mejor o superior al de otros? ¿Qué lleva a creer que una acción es posible y legitima dependiendo de quién la realice?
Proyecto Allen toma la vida cotidiana como centro del acontecer histórico. Pensamos que todo empieza y vuelve a ella, pues es allí donde nos expresamos día a día y podemos analizar conductas para reflexionar.
¿Podemos pensar la realidad más allá de intereses, alianzas y acciones? La realidad es una construcción colectiva que necesita la diferencia de pareceres, de pensamientos y de ideas. Sin embargo, hoy se hace muy difícil pensar realidades mejores o distintas, sin antes reflexionar sobre aquellos hechos que históricamente han respondido a intereses de ciertos grupos o personas, que han mantenido su prestigio en el imaginario social tradicional.
Para que otra historia sea posible, es necesario que la cacerola de teflón no vuelva al estante, sino que se una al sonido de la olla popular.