Aguarfuertes Valletanas – Leonardo Stickel
DES-OCUPAS
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Los Nadie, por Eduardo Galeano.
Un techo para vivir. Un lugar digno para criar a nuestros hijos. Son las dos respuestas más comunes que te ofrecen “los ocupas” de mi ciudad. Allen es mi ciudad. Y como mencioné antes, tiene “ocupas”. O así los llaman. O mejor dicho, así los mal llaman. Se ganaron (¿ganaron?) ese titulo hace más de seis meses, cuando cansados de pedir por terrenos, en su mayoría baldíos públicos, decidieron tomarlos por sus propios medios. Ahí instalaron sus precarias chocitas con al ilusión de que de esta manera llamarían más la atención de quien corresponda. Pero eso nunca pasó. No en mi ciudad por lo menos.
Como si estuvieran rotulando el cuaderno de primer grado de su hijo, el grueso de la gente los empezó a llamar “ocupas”. Sin preguntar ni por qué, ni cómo, ni cuándo, ni nada de nada. ¿Ocupas de qué? ¿Qué ocupan? No, eso es mucho trabajo. Para pensar hay que parar un poco. Hay que apagar el celular de última generación unos minutos, dejar el control remoto y levantarse del sillón un ratito. Hay que bajarse, unos segundos, de la nube que nos separa de la realidad y preguntar. A quien sea, pero hay que preguntar y así poder sacar conclusiones propias. Pero acá nadie pregunta nada. No en mi ciudad por lo menos.
Otra vez el histórico problema de las tierras en mi ciudad. Nunca pareció importarle a nadie las tierras periféricas al centro allense. Ahora si. Ahora que ellos ocupan un terreno. Ahora si. Ahora que ellos ocupan un pedazo de tierra. En el que están viviendo de la manera más humilde posible. Sin luz. Sin gas. Sin agua. Sin preguntarse quién ganó el bailando por un sueño. Sin saber qué hizo Britney esta semana. Sin nadie que los tome en serio. No en mi ciudad por lo menos.
No ocuparon lugar en agenda de los políticos locales. No ocupan lugar en las charlas de los grandes señores en el café de la esquina. No ocupan lugar en los comentarios de las distinguidas damas en las colas de lo bancos. No ocupan lugar en las clases de los secundarios. No ocupan lugar en las combativas letras de las bandas de rock. No en mi ciudad por lo menos.
Dejemos de mirar qué ocupan los demás, cómo ocupan los demás y cuándo ocupan los demás. Mejor miremos que lugar estamos ocupando nosotros. Miremos en qué ocupamos nuestro tiempo. Miremos en qué ocupamos nuestras energías. Miremos. Preguntemos. Indaguemos. Dudemos. Concluyamos. Volvamos a preguntar. Volvamos a mirar. Y, quizás, el rotulo “ocupa” deje de ser sinónimo de vago, chorro, borracho, delincuente. No nos quedemos con lo que nos dicen. No nos quedemos con las verdades que venden los medios. Pero, quizás, eso es mucho pedir. Quizás las cosas nunca cambien. No en mi ciudad por lo menos.
Leonardo Stickel