{"id":3671,"date":"2021-05-14T00:49:38","date_gmt":"2021-05-14T00:49:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.proyectoallen.com.ar\/3\/?p=3671"},"modified":"2021-11-16T19:59:08","modified_gmt":"2021-11-16T19:59:08","slug":"por-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.proyectoallen.com.ar\/3\/?p=3671","title":{"rendered":"Por la tierra"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este cuento basado en una historia real sobre Jos\u00e9 M. Rial, Jefe de la Estaci\u00f3n de Allen en 1924 (Guia Edelman, 1924). La empresa de ferrocarriles le dio tierras como parte del contrato. Lleg\u00f3 a Allen para establecerse primero y luego, traer a su familia que lo esperaba en La Plata. Su esposa Mar\u00eda Celia Villamarin y un hijo esperaron en vano, como cuenta la historia, Jos\u00e9 fue asesinado. El caso nunca se esclareci\u00f3: en aquellos tiempos la justicia depend\u00eda de la determinaci\u00f3n que pudiera tener los personajes encumbrados de la localidad, deb\u00eda recorrer el camino de favores e intereses y de all\u00ed esperar\u00a0 desiciones que se cocinaban en Buenos Aires. La familia logr\u00f3 saber, con los a\u00f1os,\u00a0 que las tierras quedaron en manos de alguien de apellido Rodr\u00edguez.<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more Seguir leyendo...--><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por la tierra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Por: Mar\u00eda Langa.<\/em><\/p>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una noche amplia abrazaba el insomne paisaje valletano. Las tabernas gritaban y los parroquianos espantaban a los pocos polic\u00edas que intentaban, a destiempo, poner alg\u00fan orden. A estas tierras todo llegaba tarde. Hasta la ley y la justicia se perd\u00edan en el largo y estirado camino desde Buenos Aires.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viento silbaba en los o\u00eddos de un serio inglesito que caminaba a casa. Hab\u00eda perdido una importante suma de dinero a las cartas casi sin darse cuenta. Su cabeza estaba en otro lado y ese as no llegaba. As\u00ed que apur\u00f3 el vaso de aguardiente y se fue. Paso tras paso por las calles terrosas escuchando ese aire que levantaba polvo y mov\u00eda las copas de los \u00e1rboles. Y tambi\u00e9n mov\u00eda su conciencia. Paso tras paso, tras paso. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 este maldito viento patag\u00f3nico no me deja en paz?\u201d, pens\u00f3 sin pensar. Estaba empezando a sentir que ese aire violento y sereno a la vez estaba en todos los rincones del valle y lo segu\u00eda s\u00f3lo a \u00e9l, como si fueran los fantasmas de sus ancestros al acecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada noche ten\u00eda que recordarse por qu\u00e9 estaba ac\u00e1. \u00bfPor qu\u00e9 estaba ac\u00e1? Por el tren. Claro, hab\u00eda venido a administrar los ferrocarriles del sur. Y justo hab\u00eda venido a parar a un pueblo con nombre ingl\u00e9s. En alg\u00fan punto le hac\u00eda acordar a s\u00ed mismo: mitad brit\u00e1nico, mitad argentino&#8230; en apariencia, en realidad, m\u00e1s argento que la Reina del Plata. \u00bfPor qu\u00e9 estaba ac\u00e1? por la estaci\u00f3n, si&#8230; y por la gran cantidad de tierras que le entregaron para que viniera. Porque la verdad es que nadie quer\u00eda venir a vivir en estos pagos. Nadie. Ni siquiera su esposa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paso tras paso, tras paso. No se sent\u00eda muy bien, hab\u00eda perdido mucho dinero, hab\u00eda tomado de m\u00e1s y no se hab\u00eda divertido. Y su esposa no quer\u00eda venir. Estaba en La Plata con su hijo y se negaba a hacer el viaje. Y claro, \u00bfqui\u00e9n querr\u00eda vivir en un desierto? \u201cBueno\u201d, pens\u00f3, \u201cpero la verdad es que desierto, lo que se dice desierto, no est\u00e1. Hay casas, una iglesia, viento, bares, chacras, viento, un hospital y tierras. Muchas tierras con due\u00f1o. Y viento, hay viento de sobra\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando lleg\u00f3 a su casa, cay\u00f3 en la rutina como un borracho que tropieza con su propia sombra. Se sac\u00f3 los zapatos, el saco, el chaleco y el pa\u00f1uelo del cuello. Luego revis\u00f3 los papeles de sus tierras por en\u00e9sima vez. Ley\u00f3 la peque\u00f1a letra que se api\u00f1aba en la amarillenta superficie. Dec\u00eda que el portador era due\u00f1o de dos mil leguas. Dos mil leguas de las mejores tierras del Alto Valle del r\u00edo Negro que no dud\u00f3 ni un instante en aceptar. En la empresa siempre se rumoreaba que el valle era una mina de oro. M\u00e1s precisamente una mina de fertilidad y negocios con la tierra. Por eso sus compatriotas hab\u00edan tra\u00eddo el tren: para poder llevarse otras cosas. Hab\u00eda que aprovechar ahora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00bfPor qu\u00e9 estoy ac\u00e1?\u201d se pregunt\u00f3 antes de rendirse al sue\u00f1o. \u201cPor la tierra\u201d respondi\u00f3 una voz que parec\u00eda no pertenecerle. \u201cPor la tierra\u201d repiti\u00f3 y cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, fue a la estaci\u00f3n seguido por el viento y la tierra. Mientras se dispon\u00eda a hacer su trabajo entr\u00f3 a su oficina un hombre en ropa de dormir. Era un gran amigo del lugar que se hab\u00eda escapado de su mujer para ir a jugar a las cartas a un pueblo vecino. Ven\u00eda a pedirle que pagara su pasaje, porque aparentemente no le hab\u00eda ido muy bien anoche. Rieron de la situaci\u00f3n. Pero cuando el empijamado se fue, su semblante volvi\u00f3 a estar serio. Ese viento. Ese maldito viento que lo segu\u00eda. Trat\u00f3 de calmarse, se dijo que era tan s\u00f3lo viento. Viento. Molesto, pero no amenazante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00f3 su d\u00eda lo mejor que pudo. Era dif\u00edcil sin una esposa esperando en el caser\u00f3n. Mejor ir al boliche. All\u00ed el ruido era tan alto que casi no pod\u00eda escuchar sus pensamientos tortuosos. Pidi\u00f3 un aguardiente en la barra. Y luego otro. Pero muy de mala gana tuvo que distraerse de su trago. Dos hombres se le acercaron. Uno se llamaba se\u00f1or R., Ro, Ra\u2026, algo con R era. Le dijo que quer\u00eda conocer al jefe de la estaci\u00f3n, el hombre tan distinguido y con tantas tierras que se comentaba en el pueblo. Tambi\u00e9n desliz\u00f3 algo de unos asuntos que necesitaba solucionar. Algo que transportar, algo que negociar en\u00a0 los ferrocarriles del sur, algo as\u00ed. \u00c9l lo atendi\u00f3 cordialmente, al fin y al cabo era su trabajo. Al otro hombre lo perdi\u00f3 un poco de vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente se fueron y \u00e9l pudo volver a la ardua tarea de ignorar sus pensamientos. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 estoy ac\u00e1?\u201d se pregunt\u00f3. \u201cPor las tierras\u201d respondi\u00f3. Una mujer curvil\u00ednea y desali\u00f1ada se le acerc\u00f3. Quer\u00eda ofrecerle sus servicios por unas cuantas monedas y un aguardiente. Estuvo a punto de concederle el trago, pero se neg\u00f3. La se\u00f1orita era insistente y se acerc\u00f3 m\u00e1s, acariciando su apretado cuello de camisa. \u00c9l la rechaz\u00f3 nuevamente. La mujer levant\u00f3 los hombros y se fue a buscar otros clientes que nunca escaseaban en la estaci\u00f3n del tren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Acerc\u00f3 su vaso a la boca. Justo en ese momento, alguien abri\u00f3 la puerta para irse y la mantuvo abierta demasiado tiempo. Y ah\u00ed lo sinti\u00f3, con m\u00e1s fuerza que nunca. El maldito viento patag\u00f3nico se ci\u00f1\u00f3 sobre su cuerpo como una sentencia de muerte. Con un escalofr\u00edo pens\u00f3 \u201cmejor me voy\u201d. Empin\u00f3 el vaso y dej\u00f3 el dinero sobre la barra. Camin\u00f3 entre las ruidosas mesas del bar. Pero no lleg\u00f3 a la puerta. Un dolor insoportable le desgarr\u00f3 el cuerpo, como si una min\u00fascula navajita recorriera cada una de sus venas. Llev\u00f3 una mano a la garganta y se desplom\u00f3 sobre el polvoriento suelo de la taberna. Algunos parroquianos se alejaron, otros miraron por sobre el hombro con curiosidad. S\u00f3lo unos pocos se acercaron para verlo estirar un brazo, estrujando la mano como si quisiera agarrar fuerte la vida que se le iba. Pero un segundo despu\u00e9s se qued\u00f3 quieto sobre el piso fr\u00edo. El viento que entraba por la puerta todav\u00eda abierta le despein\u00f3 el cabello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los amigos le hicieron un lindo funeral, si se puede llamar lindo a un funeral. Era un d\u00eda particularmente ventoso. Mucha gente fue, el ingl\u00e9s era muy querido en el valle. Mientras un grupo de mujeres y algunos hombres lloraban, alguien forz\u00f3 la entrada a la casa del muerto y cerr\u00f3 unos avariciosas dedos sobre unos papeles que dec\u00edan que el portador era due\u00f1o de dos mil leguas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La viuda y el hu\u00e9rfano recibieron un caj\u00f3n, pero ninguna tierra. El llanto lleg\u00f3 en forma de viento a la Patagonia. La advertencia molesta y amenazante. La justicia se enred\u00f3 una vez m\u00e1s en el largo camino entre Viedma y Buenos Aires&#8230; Pobre ingl\u00e9s. Por la tierra vino. Por la tierra se fue. Y s\u00f3lo qued\u00f3 eso. La tierra. Y el viento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<p style=\"text-align: center;\">\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este cuento basado en una historia real sobre Jos\u00e9 M. Rial, Jefe de la Estaci\u00f3n de Allen en 1924 (Guia Edelman, 1924). La empresa de ferrocarriles le dio tierras como parte del contrato. 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