El agua: una surgente proveía a todo Allen

La surgente estaba en la esquina del Hospital, entre Velasco y acceso Güemes.

A pesar de que el agua era considerada un recurso fundamental para el discurso higienista, en Allen, recién en 1920, las obras tendieron a mejorar la surgente de agua que la Oficina de Irrigación había perforado en el borde de la propiedad del Hospital. Las poblaciones tuvieron la posibilidad de consumir agua de surgente del Hospital, de los canales o de una canilla que, hacia los años 40/50 se instaló en el barrio Norte. También el tren traía agua que era repartida entre los barrios por un carro y la gente iba a buscarla en baldes, fuentones, damajuanas y botellas. También se intentó obtener agua corriente del río, pero no fue posible. Para hacer que el agua sea potable las familias tenían distintos métodos:

“Cada casa tenía una entrada de agua desde la acequia a un aljibe para almacenarla. Mientras corría agua por los canales no había mayormente problema, sólo había que estar atentos a que el agua viniera limpia, porque muchas veces venía color chocolate, hay que recordar que no estaban los lagos donde actualmente se decanta el agua. El verdadero problema surgía cuando se cortaba el agua para la limpieza de los canales (…) se almacenaba en los aljibes que por lo general tenían una capacidad de 5000 litros, pero llegaba un momento en que se acababa y era necesario comprarla. Recuerdo que venía a casa un camión tanque con agua dulce que traía del río y descargaba en el aljibe y también pasaba un aguatero con agua un poco salada que provenía del surgente que había en la esquina del Hospital, hoy intersección de Velasco y acceso Güemes. El aguatero llenaba tambores y como el agua era muy "dura", era utilizada sólo para algunas tareas domésticas como el lavado de pisos y baños. Como el agua no era apta para el consumo humano era una tarea diaria hervirla y luego airearla, acción que consistía en pasarla de un recipiente a otro varias veces. En casa había una pava enorme de 5 litros, de las que se usaban en los comedores de chacra, cuando se le daba la comida al personal, a la que llamábamos jocosamente la “pavona”. Otro método de potabilizar el agua era hervirla y luego pasarla por un iltro de piedra porosa. Años más tarde surgieron los iltros a vela que se colocaban en la cañería y tenía una canilla para extraer el agua. Cada tanto había que limpiar la parte central o vela donde se depositaban las impurezas que traía el agua, principalmente tierra porque se veía marrón. De esta semblanza hogareña cabe rescatar y valorar el espíritu de trabajo y dedicación de nuestros mayores ya que no era tan fácil la vida y no se gozaba de tantas comodidades como actualmente". Comentario de Magdalena Bizzotto, para Yappert, S. 2010.

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“(…) buscábamos el agua de la acequia, íbamos con mi hermanos con una escobita y limpiábamos las hojas, el agua entraba a un aljibe y se filtraba con bolsas de arpillera,  adentro teníamos un filtro de cerámica para purificar bien todo. Las acequias rodeaban las casas” (Delia “Chiqui Carosio de Genga”).

Íbamos a buscar agua para lavar, a un surgente que estaba al costado del Hospital sobre la calle Velasco, era un caño con una manga de lona que vertía agua que surgía natural, era medio salada pero salía tibia. Teníamos un carrito que llevaba unos tachos para traer el agua, lo tiraba mi hermano mayor y mis hermanas y yo empujábamos” (Alicia “Coca” Retamal).

 

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