Morir… de amor

El suicidio no siempre obedece a un auténtico deseo de quitarse la vida. Muchas tentativas de suicidio son el desesperado deseo de expresar un drama interior de larga data, que encuentra en el suicidio el ultimo modo de comunicar, de pedir ayuda a los demás. No es facil hablar de este tema y menos aún si la razón de tal decisión es "el amor". ¿Podemos pensar al amor como una razón para poner fin a una vida?

"Manos crispadas me confinan al exilio. Ayúdame a no pedir ayuda. Me quieren anochecer, me van a morir. Ayúdame a no pedir ayuda". Alejandra Pizarnik, poeta argentina, se suicidó en 1972 a los 36 años.

Según algunos especialistas, en los últimos años el argumento del "amor" como razón para el suicidio a superado al "suicido por razones económicas". Parece extraño que la concreción o tentativa de un suicidio sea por amar a alguien... si pensamos que ese sentimiento es de alguna manera "positivo", mientras que la muerte está siempre asociada a lo "negativo" (en tanto que significa la ausencia de la existencia humana en el mundo), matarse por amor sería un oxímoron, un absurdo difícil de comprender.

No importa si cuando llama el amor yo estoy muerta. Vendré. Siempre vendré si alguna vez llama el amor.

Poema II, Alejandra Pizarnik

Igualmente no se puede minimizar el hecho sólo porque la razón que se esgrime pareciera incomprensible, pues cuando alguien nos alerta acerca de que existe esa posibilidad es necesario tomarlo con la mayor seriedad posible, buscando la manera de ayudar a quien siente que es la única salida a su dolor.

"No puedo precisar en qué momento, sin proponérmelo, empecé a distanciarme de Alejandra. Olvidaba las citas que hacía con ella, pasaba semanas y meses sin llamarla por teléfono. Culpable y sin poder explicar mi comportamiento descortés, leía la tarjeta que ella había deslizado bajo la puerta de mi departamento y que todavía conservo entre mis papeles: 'Juanjo querido ¿te olvidaste de nuestro rendez vous? Traía tantas cosas lindas para vos. Llamame cuando encuentres un segundo para tu Alejandra'. Ahora pienso que ella estaría pasando por una de sus frecuentes postraciones nerviosas y que yo, bastante propenso al contagio de los depresivos, de manera inconsciente me ponía al resguardo de su aura angustiante y mortecina". J. J. Hernández sobre A. Pizarnik.

Hablar de la posibilidad de suicidio no depende del valor de una persona, es tal vez una forma de acercar al otro al dolor que se siente. Se relaciona con el estado de ánimo: reflexivo (pensado minusiosamente), impulsivo (no premeditado, casi un acto reflejo) y de confusión (la persona no sabe muy bien lo que hace).

Muy lejos de querer analizar y dar respuesta a un fenómeno difícil de aprehender, intentamos con estas palabras preliminares introducirnos al tema para contarles algunas historias que nos han relatado. Este relato es real, la ficción es nuestra forma de preservar a los protagonistas y a quienes nos dieron su testimonio.

Me adueñé de mi persona,

la arranqué del hermoso delirio,

la anonadé a fin de serenar el terror

que alguien tenía a que me muriera en su casa

 Alejandra Pizarnik, 1964

Si la muerte pisa mi huerto…[1]

 

Daniel Caminotti[2] miembro del GEHiSo analiza el suicidio en la región planteando distintos estudios sobre el tema. Un clásico en el análisis del suicidio es Durkheim, quien considera importante tener en cuenta a las sociedades modernas y su desintegración social para comprender mejor las causas de tal decisión. Halbawchs (1930) plantea que no solo se debe estudiar los suicidios exitosos sino también los intentos y las vinculaciones con el genero y la edad. Otros como Douglas (1967) cuestionan las estadísticas del suicido como fuente confiable y proponen hacer un análisis de tipo biográfico y cualitativo. Baechler (1975) sostiene que el suicidio es una solución “estratégica” que el individuo da a problemas existenciales. Estos últimos autores resaltan el papel del individuo frente a la sociedad y su particular decisión ante los mandatos sociales. Berger (1971) reconoce el carácter dialéctico de la sociedad en cuanto a que es producto del hombre y este es un producto de la sociedad en la que vive.

Si bien Caminotti analiza el suicidio en el Territorio de Neuquén en la primera mitad del siglo XX[3], las similitudes geográficas y sociales nos permiten pensar circunstancias parecidas en toda la región. Es importante recordar que la región a comienzos de siglo XX no tenía una clara separación entre lo urbano y lo rural. Sin embargo, hacia 1950, las áreas urbanas ya estaban claramente delimitadas.

La historia que relatamos se acerca al análisis que realiza Caminotti sobre el suicidio femenino quien indica que la mayor cantidad de suicidios es entre amas de casa o empleadas domésticas. Es útil para análisis lo que refiere a “tecnologías del suicidio”, esto es, en las formas de suicidio que tenían hombres y mujeres en la zona, se ve una tendencia de las mujeres a suicidarse sin atentar contra su cuerpo: “hay una búsqueda deliberada de cuidar el aspecto exterior (…) de parecer un ‘cadáver agradable’ (…). Las mujeres se matan ‘de adentro hacia fuera’, es decir que optan por ingerir sustancias venenosas, arrojándose al río o, si se usa el revólver, en contados casos se daña la cabeza” (Caminotti, D. op. cit.).


[1] “Si la muerte pisa mi huerto”, título de una canción de Joan Manuel Serrat
[2] Caminotti, Daniel: "Morir en el territorio del Neuquén. Una aproximación al estudio del suicido (1903 – 1957)" en: Historia Social y política del delito en la Patagonia. Comp. Gabriel Rafart. Ed. EDUCO, 2010.
[3] Los casos fueron tomados de los Expedientes dela Justicia Letrada del Territorio de Neuquén de la primera mitad del siglo XX .    

Morir de amor

 

No [poder] querer más vivir

sin saber qué vive en lugar mío

ni escribir

si para herirme la vida

toma formas tan extrañas

Alejandra Pizarnik 

 

Lunes 4 septiembre 1945

¿Para qué es la vida? Nunca lo supe.

Desde chica no entendí el amor que la gente tiene por la vida, ese deseo de vivir a pesar de los sufrimientos diarios. Tal vez esa es la única respuesta: venimos al mundo a sufrir. Eso lo sé muy bien porque yo he sufrido siempre. Mis hermanas también. Mamá colaboraba bastante con en eso y poco ayudaba a hacernos sentir alguna razón por la cual vivir. Además de los golpes, el maltrato era constante.  A veces hasta preferíamos un golpe y no escucharla decir todo lo que nos decía. A mi, por lo menos, ya me había sacado las ganas de vivir siendo muy pequeña.

Por suerte, en un momento decidimos irnos de Chichinales y dejamos a mamá sola en el campo. Nos fuimos todas y nos llevamos a papá, la otra víctima de mamá, que nos siguió con profunda tristeza. No había más nada que hacer allí. Mamá no iba a cambiar su eterna locura.

Se quedó en el campo sólo unos años más hasta que perdió todo y debimos recibirla en nuestra casa en Allen. Se cuidaba un poco al comienzo pues sentía cierta culpa. En realidad, era vergüenza por lo que le pasó... por tener que volver con nosotros. Ya estaba más vieja y no tenía ese carácter del demonio que la carecterizaba, no nos podía pegar pues ya éramos grandes pero igual hacía de las suyas. Fran, mi hermana mayor, le hacía frente o frenaba sus malas intenciones. Fran siempre se enfrentó a mamá, recuerdo que ya de muy chiquita la enfrentaba y debía desaparecer el día entero porque si mamá la agarraba la mataba.

Pero ya está... el mal está hecho ¿Quien te saca las tinieblas de una infancia amoretonada?

 Jueves 21 septiembre 1945

La vida te da lo mejor... pero también lo más terrible. Y lo más terrible es aquello que no podés explicar. Tal vez escribir le de algún sentido de nuevo... encontrar aquel sentido perdido en el olvido o darme cuenta que nunca fue significativo, que fue sólo una ilusión.

Cuando lo conocí, sentí que el mundo tenía algún sentido. Me sentí bella y única. Cuando Bruno me lo dijo me convencí y me sentí seductora. Me compre ropa, comencé  a tener ganas de salir, ir al cine, a pasear por la plaza o ir a la estación  a ver pasar el tren… éramos dos enamorados que disfrutábamos estar juntos y era hermoso lo que sentía por primera vez en mi vida.

Nos casamos, fue la única etapa de mi vida en que fui feliz. Cuando se iba me quedaba esperándolo, lo extrañaba durante todo el día. Si se retrasaba me preocupaba y me distraía tratando de cocinar lo que a él le gustaba. No había un solo día en que no sintiera que yo era importante para él, que también él me extrañaba y estaba feliz al volverme a ver.

Pero nada le alcanza a la vida. Nada nos alcanza para saber para qué venimos a este mundo. Cuando encontré la razón para seguir viviendo, Bruno enfermó.

 Martes 2 de octubre 1945

Un día fuimos con Bruno a hacerse algunos estudios. Parecía que todo andaba bien, Bruno comía y los estudios que tenía que hacerse daban bien. Aunque no salíamos mucho, el medico me dijo que Bruno debía descansar. Igual, ilusa, yo estaba feliz y me ponía linda para él. Habábamos mucho, jugabamos a las cartas y nos reíamos con los radioteatros.

Ese mismo día fui a ver a mi hermana Fran. Estaba trabajando, como siempre. El marido la ayudaba poco y nada, así que la pobre no daba a vasto con el negocio y la familia. Le conté lo que me dijo el médico y me sentí mejor, ella me daba seguridad. Con mi felicidad yo era inocente, viendo a mi hermana con tantos problemas... así es siempre, una buena y una mala. Pero no lo veía en ese momento, sólo pensaba en él... igual que ahora. Eso no ha cambiado.

 Viernes 19 de octubre 1945

La esperanza es un sentimiento batante cruel en realidad. Te permite ser feliz y disfrutar lo que uno tiene con la ilusión de que lo malo pasará. Pero lo malo pasa... y se queda. Eso es lo que nadie te dice, se queda adentro y te carcome de a poco. La felicidad es un engaño para los mortales.

Pero me di cuenta de eso demasiado tarde. Bruno estaba cada vez peor. Fuimos al médico para hacerle nuevos estudios ¡Estábamos tan tristes! Se sientía mal casi todo el día, pero se preocupaba por mí, me pedía que salga, que vaya a ver a mis amigas… la verdad yo no quería dejarlo solo, con él estaba tan bien y juntos pensábamos que apenas mejorara ya tendríamos tiempo para salir a divertirnos.

Me acuerdo que una tarde salí un rato y pasé por la casa de Amanda... ¡qué mujer por Dios! Ella siempre se sabe todo de todos. No sé cómo hace, pero nunca se le pasa nada. Ese día me contó que el hijo de Perla se casaba con la novia que tenía desde hacía años, que parecía que había sentado cabeza y tenía, por fin, un trabajo…la verdad que me contó tantas cosas que ya ni me acuerdo. Pero sí me acuerdo que llegué y le conté sobre el hijo de Perla, él lo quería mucho. Pero estaba tan triste que nada lo animaba.

Hoy pienso que podría haber pasado ese rato con él en vez de ir a escuchar a Amanda, pero es tarde para esas decisiones. Si hubiera sabido, no lo hubiera dejado ni un segundo.

Miércoles 7 de noviembre 1945

La realidad siempre cae por su propio peso. Por más que uno quiera levantarla y sentirse bien, en algún momento todo cae. Los estudios empezaron a  salir todos mal ¿cómo podía ser? Apenas hacía un mes de los primeros estudios y habían salido bien. No entendía. No podía ni quería entenderlo.

Al ver a Bruno tan desmejorado le propuse ir a otros médicos pero no quiso. Yo decidí entonces llevar los estudios a un medico nuevo que había llegado al pueblo, todos hablaban muy bien de él. Yo estaba decidida a no caer, a mi esto no me iba a derrotar. Bruno iba a salir de esto, estaba segura. Lo quería tanto, nuestro amor lo iba ayudar.

 Sábado 17 noviembre 1945

Desde que Bruno empezó a decaer, ya no puedo acordarme de nada que pudiera haberme sostenido la esperanza. ¡Pobre amor! Tan deteriorado, un desastre. Todo era con esfuerzo, yo lo animaba a caminar un rato pero después caía rendido en el sillón.

Fran venía a vernos, nos traía unas tortitas fritas, tomabamos unos mates y charlamos. Trataba de todo para mantener la normalidad. Enfermo que come no muere, dicen siempre. Así que yo siempre le cocinaba algo rico a mi Bruno. Pero él estaba muy flaquito, cada vez comía menos. La preocupación me mantenía todo el tiempo ocupada en hacerlo sentir mejor. Ahora pienso que si no hacía cosas todo el tiempo, me hubiera desmoronado completamente. Y no podía hacer eso, tenía que ser fuerte por él, aunque la esperanza se aflacara como él.

 Viernes 18 de enero 1946

La muerte caía sobre nosotros y yo no podía hacer nada. No pude hacer nada. Por eso nada tiene sentido. No tiene sentido que a pesar de todo lo que uno haga, nada mejore. No tiene sentido que lo que más nos importa se pierda por más esfuerzo que hagamos por retenerlo.

Bruno siguió empeorando y cayó definitivamente en cama. Yo lo cuidé durante estos largos meses de enfermedad, no sirvió de nada.

Mis hermanas ayudaron tanto… siempre conmigo. Ellas evitaron que me desmoronara en ese momento. Ahora intentan sacarme de mi estado… pero ya nada se puede hacer, yo nada puedo hacer. No queda nada de él para cuidar.

 Martes 29 enero 1946

Y finalmente pasó. No hubo esperanza, cuidados ni amor que lo cambiara.

Bruno murió de noche. Fue la noche más fría de la historia y la que inició mi invierno definitivo. Yo ya camino hacia la oscuridad, hacía el mar de la muerte que yo conozco muy bien porque es Bruno. Nada tiene sentido, todo vuelve a ser definitivo para mí. Definitivo y final como la muerte. No hay nada más final que eso.

Domingo 2 marzo 1946

Las cosas que quedan atrás cuando un hombre muere son tan emotivas como terribles.

Unos meses después de la muerte de Bruno llamaron de Buenos Aires por unas propiedades que él tenía allá. Con las pocas fuerzas que me quedaban me fui a resolver esos problemas y así cerrar su historia. Me dicen que son unas tierras que estaban alquiladas, de las que nunca me había contado nada… ahora aparecen como su fantasma.

 Jueves 4 octubre 1946

En la gran ciudad todo pasa tan rápido que parece que tus fantasmas Bruno son más pasajeros. Pasé un largo tiempo en Buenos Aires, me hizo bien. Conocí a personas que me ayudaron ya que habían muchos papeles que poner en orden. La verdad me enojé un poco con vos amor por dejarme sola con todo esto.

Finalmente logré venderlas y volví a Allen. Pero llegue y todo se me vino encima, la casa, tus cosas… Hoy dejé la casa, nuestra casa, y me fui a vivir con Fran. Con su ayuda puedo seguir un poco más.

 Enero 1947

 Te extraño, cuánto te extraño amor mio. No sé que hacer. Pude escaparme de mi mamá, pero ¿cómo escaparme de alguien que no está?  Tengo que volver a Buenos Aires por nuevos problemas de papeles. Otra vez a escuchar tu nombre, hablar de vos como si estuvieras vivo. Le pedí a Fran que vaya ella pero no puede. Voy a tener que ir yo.

 Mayo 1948

En Buenos Aires todo pasa más rápido. Yo siento que no me muevo, pero me lleva de aca para allá. Es hora de poner un poco de voluntad por los que me rodean.

Recibí una propuesta de matrimonio de un hombre que dijo haberme amado apenas me vio. Se llama Carlos, es muy amable y afectuoso. Él y su hermano me han ayudado con esto de las tierras, sin ellos hubiera hecho cualquier cosa; ahora ya está todo encaminado. ¿Qué dirías mi amor? Seguro querrías que intente ser feliz de nuevo... no le encuentro mucho sentido, pero sé que hubieras querido que intentara.

 Agosto 1948

 Me voy a casar... así de simple. Me voy, a empezar de nuevo. Pero empiezo desde un pozo más profundo esta vez. Le avisé a Fran ayer y se puso contenta.

Tal vez me quede un tiempo aquí… Allen me duele. Llego y Bruno me espera allí siempre. Nadie te enseña a amar a la vida pero Bruno me lo estaba enseñando. Ahora tengo este agujero en el pecho que no se cierra. Carlos logra hacerme creer que no está por momentos, pero sigue ahí, lo siento.

¡Pobre Carlos qué paciencia! He empezado a pensar demasiado en la muerte... y supongo que hablo demasiado de eso. Pero es que lo veo a Bruno en el sepelio, allí inerte en el cajón, no puedo sacarme esa imagen de mi cabeza, de mis sueños… Me ahogaría en sus cabellos si pudiera... el hombre que me enseñó qué es vivir, ahora es igual a la muerte.

 Enero 1949 

 Si alguien logra sacarte del agua antes de que te ahogues y después desaparece, ¿qué queda por hacer? Me ahogo, todos los días un poco más. Se lo cuento a Carlos y se pone tan triste, no sabe cómo hacer para que me olvide, que piense en otras cosas. Me ha dicho que vaya a visitar a mis hermanas, no quiero volver a Allen así, lastimada, destruida. Eso le dije. Pobre Carlos…

Pero esas cosas no se olvidan, se quedan. Me gustaría irme on él, parar de sufrir y así liberar de mí a los que me rodean. Pero no puedo hacerles eso. Ya no puedo más, no se puede vivir si uno no quiere.

Agosto de 1949

 He pensado en irme de una buena vez de este mundo. En verdad es lo único que siento desde que se fue Bruno. Siento la muerte hasta en los huesos. Pero finalmente lo he aceptado, no voy a vivir en una ilusión.

Lo pienso todos los días y me aseguro de sentirlo pues lo deseo. Es la mejor solución. Carlos, mi marido, es muy bueno e intenta ayudarme. Pero no puedo, no siento nada, nada ni nadie me apega a la vida, solo me atrae la muerte. Fue un error pensar que casarme ayudaría a no recordar más a Bruno.

No hay vida a mi alrededor, los vivos que intentan sacarme de esto están vivos… No entienden. Yo estoy muerta.

 Septiembre de 1949

Es imposible no recordar a Bruno, me persigue, no me deja ni de día ni de noche, sueño con él y me llama. Me veo yendo a su encuentro, nada me ata a la vida, mis hermanas ya tienen bastante con sus vidas yo sería una carga, especialmente para Fran, que siempre esta cuando alguna de nosotras la necesita.

¿Para qué seguir así? No puedo estar sin Bruno, él está conmigo, ¿que voy  hacer aquí sola?.

Los temas de papeles ya están resueltos definitivamente, todo listo… faltan algunos detalles pero se resuelven en el día. Voy llamar a Fran para que se haga cargo de mis cosas... una vez más Fran, sólo una vez más, te lo aseguro. Carlos solo no va a poder con todo, Fran es mas resuelta y va a poner todo en orden.

No estés triste Fran. No te sientas mal. Esto es lo que quiero y me voy con él. No sé por qué esperé tanto, ahora estoy tan segura. Fui a la peluquería, me hice las manos y me puse aquel vestido que le gustaba a Bruno. Quiero verme linda, que me vean bien.

No te olvides de llevarte mis cosas, son para vos todos los vestidos y alhajas, después verás si las repartís entre mis hermanas, pero yo te las doy a vos y está en vos quedártelas o regalarlas. No puedo dejarte nada mejor en este momento amargo que te hago pasar pero ambas sabemos mucho de amarguras.

¿De qué te vas a asustar Fran? ¿Te acordás como te le escapabas a mamá? Una vez estuviste todo un día arriba del techo porque si bajabas te mataba a golpes… pobre de nosotras ¿no, Fran? Te dejo una nota, ahí te explico todo, poneme linda, no te olvides de pintarme los labios y darme algo de color en las mejillas así ven que me voy feliz.

Te quiero y las quiero a todas, dale mis saludos, que no se pongan mal por mí, que nadie se ponga mal, es lo que quiero, es lo que siempre quise y por fin me animé.

Besos Fran, cariños.

A fines de septiembre de 1949,  Fran viaja a provincia de Buenos Aires, luego de una llamada de su hermana. Supuestamente quería que la ayude con unos trámites; llega a la casa de su hermana y se encuentra con el lugar lleno de policías y curiosos. Carlos llora y no puede decirle nada.

Nadie le explica nada pero Fran entiende. Entra y encuentra a su hermana muerta, recostada en el sillón de la sala de estar. Un policía se acerca y le pregunta si ella es Fran y le dan una nota que le dejó su hermana con instrucciones para el funeral. Le entregan su diario personal que más tarde leerá y que la ayudará a comprender mejor lo sucedido.

Su hermana se ha envenenado. Dicen que usó cianuro pues había un polvo blanco en un frasco a su lado. En la nota le pide a su hermana que organice todo como para que el funeral sea recordado… un buen final, el último acorde de una canción demasiado larga y triste. 

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Alejandra Pizarnik

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