Mauricio “Maucho” Zenker

Mauricio tenía 69 años cuando lo entrevistamos. Su nacimiento fue “accidental”, nos dice; sus padres tenían un negocio en las Lajas y justo estaban en Loncopué cuando Mauricio decidió venir a este mundo. Hombre activo y decidido, que soñaba con ser abogado pero optó por acompañar al amor de su vida, Luisa Skop, con quien andaba de novio. Volvieron a Allen se casaron y comenzaron una nueva vida juntos a cargo del negocio familiar, la histórica “Diente de Oro”.

Ya desde la cuna, ubicada detrás del mostrador, Mauricio acompañaba a sus padres. Ellos tenían una tienda en Las Lajas y también hacían la temporada en las Termas de Copahue. “Maucho”, como muchos lo conocen, recuerda que sus padres vinieron a la región antes de la Segunda Guerra Mundial, en los años 20, desde Rumania. Se llamaban Ramil Zenker y Maria Rodensky y se instalaron en la zona norte de Neuquen donde históricamente se desarrollaba un activo comercio con Chile; la zona del Alto Valle, le decía su padre a “Maucho”, no era todavía promisoria así que decidieron instalarse en Las Lajas y, más tarde, en Gral. Roca.

“Éramos cuatro hermanos y mis padres buscaban un futuro mejor, otros horizontes, no tenían una gran cultura pero siempre buscaban lo mejor para la familia. En los años 50’ nos fuimos a Buenos Aires, un deseo que tenía mi mamá a quien le encantaba la capital… allí terminé el secundario. Pero debimos volver a Roca pues el negocio que tenían en allí se quedó sin encargado. Así fue que nos volvimos, vendieron todo y nuevamente volvimos a Buenos Aires. Luego de terminar el secundario comencé la universidad, estudiando abogacía y trabajando en un estudio jurídico. En tiempos del secundario conocí a Luisita, que también se había ido a estudiar a Buenos Aires Farmacia y Bioquimica. Comenzamos el noviazgo pero un día nos avisan que su papá estaba muy mal y que alguien tenía que encargarse del negocio”, recuerda Mauricio.

Según el Libro del Centenario: Allen 1910 – 2010, en 1925  Moisés y León Schuvaks eran comerciantes que recorrían las chacras con su mercancía, luego establecieron una tienda llamada Diente de Oro en una de las propiedades de los hermanos Oscar, Bernardino y Basilio Alonso. La tienda tenía varias sucursales: Cipolletti, Neuquén, Gral. Roca, Huergo, Villa Regina y Capital Federal, también, tenía una oficina de compras en la Capital, pero Allen era la Casa Central. Según el Informe de la Dirección de Tierras, Inspección General de 1924 – 1929 (AHRN), José Scop (sic) en 1929 gestionaba su pedido del solar D de la manzana 12. José con el tiempo quedó como encargado de la tienda, ubicada en la calle central (actual Tomás Orell)[1]

“Te describo la foto de derecha a izquierda: Detrás de la vieja registradora se encuentra la que fue esposa de Bellegia, era de apellido Martínez, en ese momento era cajera. Detrás del mostrador, sobre la escalera de madera Fidencio Iraira (fallecido), al fondo Ivanover Arévalo, el más bajito y el alto es Pompilio Lamela. A la izquierda está Marta Manzur, mi mamá Brana Dygola, mi hermano Isaac, don José Skop, mi papá y yo. En las viejas estanterías, arriba, al fondo, se observan valijas (en esa época eran de cartón, con refuerzos de madera. Le siguen hacia la derecha cajas de zapatos y bajando hay pantalones. Más abajo estaban las alpargatas de suela de yute, que yo a los 6 años tenia la responsabilidad de acomodar por orden numérico. Sobre el extremo izquierdo hay dos grandes estanterías llenas de sombreros y gorras. Adelante en una vitrina de vidrio bajita se ven cintas y cosas de mercería, también relojes. Fidencio está acomodando telas. Creo que esta foto es del año1952 o 53”. Luisita Skop de Zenker.

“Maucho” nos cuenta que el nombre se debe a que el apellido de los hermanos Schuvaks era muy difícil de pronunciar para los lugareños y como tenían una dentadura con algún diente de oro, le decían los “dientes de oro”. Así, luego, se decidió este nombre como denominación de fantasía para la tienda.  José estaba casado con Brana Dygola eran polacos que llegaron a la región en 1921 o 1922 y compraron la tienda.

“Mi abuelo José y mi abuela Brana habían nacido en el mismo pueblo, Dobzyn,  Polonia. Mi abuela sí era polaca pero mi abuelo era ucraniano pero era por esas cosas que, cuando estaban aburridos los rusos (al igual que los alemanes) lo primero que hacían era invadir Polonia” (José “Punchi” Zenker, 2010).

       José un día se enfermó, era muy joven, tenía 56 años y “después de mucho pensar con Luisita, nos venimos en el 59. Fue una decisión difícil, nos gustaba lo estudiábamos. No queríamos volver, nos gustaba lo que hacíamos, yo tenía trabajo y me gustaba. Pero Luisa me dice que ella se volvía, que era muy triste tener que vender todo. Ella es el amor de mi vida así que me fui con ella… ya teníamos un proyecto en común, hasta pensábamos tener 36 hijos!! (empezamos pero llegamos solo a 3 nomás). La mamá de Luisa vivía acá en Allen y había que acompañarla. Nosotros nos instalamos detrás del negocio, en la propiedad de los Alonso, que eran chacareros y tenían su chacra cerca del rio a la izquierda de la de Coco Ortega. El negocio no estaba donde está ahora sino donde hoy está Rastalien. Allen fue la única sucursal que quedó, las otras cerraron, la de Neuquén estaba en donde está Sportman – Suixtil, la de Roca en Tucumán y Belgrano… todas desaparecieron. Nuestra sucursal es decana en el sur argentino, con vida ininterrumpida. Fue muy duro volver, la enfermedad del papá de Luisita fue difícil, no se lo pudo trasladar a Buenos aires para tratar su enfermedad porque estaba muy mal. Luego de su muerte hubo que comenzar a remontar, éramos muy jóvenes, nos casamos en Gral. Roca un 31 de octubre de 1959 y empezamos a con este nuevo proyecto que no habíamos pensado”.

Desde 1959 hasta 1975 mantuvieron el negocio en la propiedad de los hermanos Alonso con quienes tenían un contrato “de palabra”. Luego compraron a Rosita Severini de Pires[2], la dueña del Cine Lisboa, que al morir su marido Alberto Pires, quedó con la propiedad de los Pires. “El Lisboa era de Alberto Pires y de sus hermanos, Cholo, Pepe y Chola, la mama de Tito Morales. Nosotros no nos queríamos ir de la cuadra y un día veo a Rosita, le digo que quería comprarle y me dice  que sí. Ella es una gran mujer… quería volver a la chacra después que murió su marido pues tenía sus niños muy pequeños, así que nos vendió. Eran los años 70 y comenzamos edificar en 73. Primero el local y después nos mudamos también a vivir, fuimos terminando todo de a poco. Isaac Skop, mi cuñado, hizo todo, era muy emprendedor, primero me hizo comprar ladrillos y luego empezó por su cuenta, de a poco. Con Luisa hicieron muchos proyectos hasta que se pusieron de acuerdo. En 2 años ya estábamos viviendo acá, fue difícil pero Allen nos ayudó porque, gracias a nuestro clientes, logramos todo lo que tenemos”.

“Maucho” recuerda que siendo pequeño, entre figuritas y bolitas, comenzó la actividad deportiva. “Me gustaba correr, hacía atletismo, salto en largo, carrera y… tenis, mi pasión”. Comenzó a jugar cuando dejó de fumar: “tenia ese pequeño vicio, no fumaba mucho pero iba al club a jugar a las cartas, tomábamos café y fumábamos algún cigarrillo. El Club Unión estaba en la esquina (hoy Banco Nación) y un día esperando una mesa de juego, me invitan a jugar pero me demoro esperando el café. Cuando llego con mi café a medio terminar ya todos estaban ahí, fumando y jugando, así que me volví a mi casa y le dije a Luisa que quería dejar de fumar. En esa época comenzamos a ir al Club Santafecino, del que éramos socios, allí me invitaron a jugar al tenis y ya no lo dejé más. Todavía juego unas 3 veces por semana, si sale algún partido, ahí estoy listo!. Tengo a ‘mi  brazo derecho”, mi esposa Luisita que me ayuda, se queda en el negocio cuando vos a jugar, ella es mi gran amor que se fue fortaleciendo con los años, con amor, cariño, mejorando. Ella está en la comisión de ALCO, cada uno tiene sus tiempos, sus cosas por hacer, es reciproco, llevamos casi 50 años de casados, con 3 hijos y 11 nietos!!” dice Maucho sonriente .

La política también le gustaba desde muy joven “pero vi muchas cosas que hicieron que me volcara a otras cosas, vinieron nuestros hermoso bebes y comencé a participar en comisiones, en Cámara de Comercio, donde soy socio fundador y el 1° Secretario de actas, también en la Cámara Junior, un grupo con quienes aún me veo, y después, en el deporte, mi gran pasión. Casi 30 años en Comisiones Directivas, como Presidente, en  Subcomisiones de tenis, de básquet, pileta… Me gustaban más las Subcomisiones porque, como en la política, en una Comisión Directiva te encontras con conductores con los que no acordaba, que generalmente impedían hacer cosas, en cambio trabajar en Subcomisiones era mejor. El problema en los clubes fué futbol profesional, no había forma de poner un ladrillo sobre otro con fondos genuinos, con las cuotas, entonces veía que era inútil, Boca y River, dije siempre, van a terminar fundidos por el futbol profesional porque no se llega a buen término. Mas en los clubes como Unión, que el gasto no permite que sea útil socialmente, no se puede amalgamar a una masa societaria que busca en el club un lugar para divertirse pero se aboca todo el dinero al futbol. Yo con José Luís López de Arcaute, vendíamos rifas por las chacras, en la esquina de los Bancos solo para salvar el rojo que dejaba el fútbol. Éramos muy resistidos,  como separatistas vascos, porque manteníamos una coherencia, no se podía trabajar así mal gastando el dinero, yo respeto al jugador profesional pero  no se podía, había que decir basta, no contraer compromisos de antemano para no poderlos cumplir después, era un despropósito. Después venían a cobrar los jugadores y no se les podían cumplir, les decía, bueno jueguen, ahí está la camiseta, los botines, les pagamos los viajes para ir a jugar… me he peleado mucho con jugadores pero no podíamos mas así que, qué continúe el que quiera y el que no… Algo cambio, el Club aun tienen muchos problemas y quienes lo resuelven son las subcomisiones que hace su aporte, su gran trabajo poniendo su granito de arena, las subcomisiones son la vertiente de donde vive el club. Muchos decían que iban a poner dinero para el futbol pero después, nada”.

El Club del que habla es Unión Alem Progresista, allí habían canchas de tenis pero un día las cerraron. Fue “un pequeño gran dolor, pero cumplieron su ciclo pero después se hizo algo mejor, que es Sociedad Italiana. En Unión íbamos a jugar en un piso cada vez peor y poníamos dinero para arreglarlo y nada, primero estaba el fútbol que se llevaba todo así que los que jugábamos al tenis allí nos fuimos a Sociedad Italiana, se hizo un gran trabajo. Yo conforme Comisiones allí también”.

Sus recuerdos lo llevan a aquel pueblo de calles de tierras que un día, con en la construcción del asfalto, dio “otro aspecto a Allen, fue durante la Intendencia de ‘negro’ Ramasco, que fue uno de los intendentes mas emprendedores que tuvimos. Trabajaba mi cuñado Isaac, que también era muy inquieto. Me acuerdo que una vez nos contaron que un día, en la ruta, frente a su chacra, se rompió un auto. Iba un hombre con su familia e Isaac los llevó a su casa, les dio de comer, trajo a un mecánico y como el auto estaba fundido le dio dinero al hombre para poder volverse. Fue unos meses antes de que falleciera. Resulta que, ese hombre le vino a devolver el dinero prestado pero él le dijo que no, que ahora él tenía que hacer lo mismo, ‘usted solucionó su problema, espero que haga lo mismo cuando alguien tenga un problema’. Nos lo contó una persona a la que se lo contó este hombre cuando se enteró que Isaac había muerto. Tenía 52 años, muy joven, fue muy triste para nosotros…”, recuerda “Maucho” muy emocionado.

Nos despedimos entre otros recuerdos y anécdotas que servirán para reconstruir la historia de Allen, le decimos que cuando pueda ingrese a nuestra página ya que, como nos dijo, está incursionando en esto de la “internet” pues “como decía mi madre, para no morir tonto” hay que seguir aprendiendo y agrega: “Creo que te he contado nuestras vidas, ojala sirvan mis palabras, en buena hora, porque Allen se lo merece”.

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