Genocidio militar para la dominación (I)

“Aquellos campos desiertos e inhabitados tienen un porvenir grandioso, y con la solemne majestad de su silencio piden brazos y trabajo. Cuándo brillará esa aurora color de rosa? Cuando! Ay! Cuando los ranqueles hayan sido exterminados, o reducidos, cristinizados y civilizados”. Coronel Lúcio V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles, 1870.

Antecedentes

A comienzos del siglo XIX los primeros gobiernos debieron afrontar permanentes conflictos internos para organizar la naciente nación por lo que estuvieron mas preocupados en ver que facción ganaba y se quedaba con el poder que interesados por las tierras del sur. La sangrienta pacificación impuesta por el gobierno de Rosas acalló los enfrentamientos y comenzaron las primeras incursiones hasta el Río Negro. Ganar la tierra al salvaje fue la consigna del virrey Cevallos, de Martín Rodríguez y de Juan Manuel de Rosas; los caciques participaban incluso de las internas políticas del poder a cambio de beneficios y los acuerdos se alternaban con períodos de guerra. No exento de conflictos, el gobierno rosista inició un sistema de acuerdos y alianzas con los distintos grupos indígenas, quienes experimentaron un nuevo proceso de transformaciones estructurales. Algunos caciques negociaban con el blanco y esto iba minando la unidad de los pueblos indígenas. Esta relación favoreció a la concentración de poder en el cacique, quien se encargaba de mantener a los grupos en un territorio limitado y de distribuir los productos que recibían del gobierno (sobre todo de los “vicios” de los que las sociedades indígenas a esta altura ya no podían prescindir). Esto fue aprovechado por las autoridades ya que ayudó también, para mantener el control de los grupos rebeldes.

http://www.siemprehistoria.com.ar

Algunos autores también argumentan que la sociedad indígena se habría fragmentado como estrategia política frente a la nueva situación (Bandieri, 2005. p. 134)

El ganado salvaje, que en otros tiempos abastecía a las comunidades indígenas, comenzó a escasear; la explotación del indígena y, luego, del blanco, hizo que el recurso disminuyera. Los malones fueron entonces la respuesta lógica a la pérdida del recurso histórico de los pueblos originarios. Estas incursiones de robo de ganado a las estancias han sido el argumento para justificar la conquista; sin embrago, debemos comprender que el ganado fue por siglos su medio de subsistencia desde antes del asentamiento blanco. Al hacerse un recurso cada vez mas rentable los estancieros porteños avanzaron sobre las tierras “libres” del sur, hacia las tierras ancestrales de los pueblos originarios.

“El Cientificismo del siglo XIX: Explorar para conocer, conocer para dominar” (Bandieri, 2006).

El desarrollo tecnológico y del comercio mundial, junto a la variada fauna de la costa patagónica llevaron a que los europeos se interesaran en la región y enviaran navegantes expertos a recorrer la zona. Así llegaron el capitán Fitz Roy, Charles Darwin, Georges Musters y otros quienes realizaron relevamientos exactos de costas. Sus descripciones de la región contribuyeron a crear y reforzar la imagen de “tierra maldita” con que se construyó el imaginario patagónico. Ramón Minieri destaca la relevancia de la información aportada por Musters (expedición realizada entre 1869 y 1870) para el posterior emplazamiento de estancias inglesas en la región: “Los lugares elogiados por Musters en ese tramo coinciden con las posteriores localizaciones de estancias de las empresas del grupo de la ASLCo; fue en esos puntos donde los capitalistas británicos o sus personeros, solicitaron concesiones en 1889”. Ese saber geográfico no fue aprovechado en toda su magnitud por el Estado argentino ya que su interés se focalizó en frenar las incursiones indígenas mientras que el inversor extranjero si se orientó con esos estudios, logrando acaparar en cantidad las mejores tierras de la Patagónia. El gobierno asentado en Buenos Aires encargó y pagó estudios a destacados naturalistas de la época como Giácomo Bove, Lovisato y Spegazzini, Carlos Burmeister, Ramón Lista, Francisco P. Moreno (quien recibió 25 leguas de tierras publica como premio de las que dono 3 para parques nacionales) y otros. Imbuidos del pensamiento positivista y evolucionista imperante en la época proporcionaron la información necesaria para la ocupación militar de la Patagónia y fueron los encargados de designar lugares con nombres que tuvieran que ver con “la nación” como forma de consolidar la posesión. Algunos de estos expedicionarios se instalaban en las tolderías y llegaron a tener hijos con mujeres indígenas; otros, como Lista, en nombre de la civilización mataron a numerosos indígenas durante sus exploraciones. El gobierno nacional no incrementa casualmente las expediciones científicas en la Patagonia en el mismo momento en que decide la ocupación militar: En coincidencia con los principios positivistas que hacían de “lo científico” una base de legalidad ineludible a la hora de justificar la dominacion, se comenzaba a dibujar “una nación” que incluyese a la Patagonia y de esta manera también se legitimaba científicamente la nueva ocupación de tierras mediante las formas capitalistas de producción. (Bandieri, S.;2005).

El regreso de Alberto Breccia: PRESENCIA DE LA HISTORIA NACIONAL EN LA HISTORIETA ARGENTINA

 “El 5 de octubre se sancionó la ley 947, que autorizaba al poder ejecutivo nacional a utilizar hasta 1.600 millones de pesos fuertes, para concretar el corrimiento de la frontera a los márgenes  izquierdos de los  ríos Neuquén y Río Negro “previo sometimiento o desalojo de los indios bárbaros de la Pampa desde los ríos Quinto y Diamante, hasta los ríos mencionados, esto se pagará a través del producido de la tierras públicas  nacionales que se conquisten”. Es decir  la conquista de esas tierras pobladas por los pueblos originarios, fue financiada  por los estancieros del norte de la provincia de Buenos Aires, encabezados por  el titular de la  Sociedad Rural, llamado Martínez de Hoz, apellido conocido no precisamente para la democracia argentina”. De Estatuas y Genocidas – Discurso de Osvaldo Bayer. 

http://diasporasur.wordpress.com/2011/09/10/el-juicio-iniciado-a-osvaldo-bayer/

 

“¿Qué pasó con los tehuelches, con los pehuenches, con sus tolderías, con su cultura? Los blancos los fueron dejando sin tierras, sin espacios para vivir. Y a partir de 1879 el Ejercito Argentino ocupó el territorio patagónico matando y expulsando a sus pueblos originarios”

Genocidio: exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por su raza, religión, nacionalidad, o por motivos políticos.

Etnocidio: eliminación de las costumbres y tradiciones de un pueblo.

(Winderbaum, S. 2006: pag. 71)

La destrucción de los pueblos nativos tiene el sentido de dar un mejor uso a su territorio, en nombre del valor de cambio. En otras palabras, se trata de un genocidio étnico y cultural como fundamento de una reapropiación política de la naturaleza: cuando dos sociedades comparten el mismo sistema de apropriación de la naturaleza, lo que se establece entre ellas es una frontera política. (Alimonda, H. y Ferguson J.). Una nueva empresa comenzaba para el Estado y sus dirigentes.

¿Qué apuros habían ha mediados del siglo XIX por los que decidió la expansión militar?

Ha partir de la decada de 1870 se establecen las fronteras estatales y esto produce un cambio en la coyuntura económica y política del Estado Nación naciente. El sistema económico internacional demandaba tierras y fuerza de trabajo, era necesario entonces eliminar a los pueblos indígenas y crear un vagaje discursivo que trasformara al territorio patagonico en “desierto”, en un espacio de “salvajes”. Esta homogeneización representó un quiebre lo suficientemente significativo: la imposición de la nacionalización y la territorialización aparecen en la memoria oral como contexto de ruptura, que explica la condición de subordinación imperante hasta el presente (Molini, J.;2009).

Se había impulsado expediciones científicas y desde el extranjero ya se venían realizando relevamientos de la regíon  desde hacía mucho tiempo. Este conocimiento, antes poco valorado, impulsó el interés y colaboró con el fin de que esas tierras sirvieran para liberarar al nuevo Estado de sus problemas económicos, que eran muchos. El bajo nivel de ingreso de las mayorías no permitía contar con el consumo interno como factor de reactivación y frente a las crisis cíclicas del sistema capitalista (1871-1893; 1873 – 1877 y 1890) el Estado se endeudaba. Avanzar sobre nuevas tierras permitiría aumentar el ingreso impulsando cultivos y cría de animales para la exportación y además afrontar los pagos de la deuda externa con la que se alimentaba el aparato estatal y su crecimiento burocrático y militar (Minieri, Ramón. 2006: pag. 19)

Por otra parte, había que detener el reclamo de Chile por la región patagónica. Si bien se delimitó la frontera con el laudo de 1902 la zona tenia una historica relación con el país vecino por lo que era necesario tener mayor presencia en la región.

 Antes de la conquista militar ya había comenzado “la otra ocupación”: la de los poderosos intereses económicos. Y el Estado estableció leyes que preveían otorgar las tierras conquistadas aquellos que colaboraran económicamente con la campaña. Con la Ley Avellaneda se otorgaba superficies de hasta 80.000 ha. A empresas colonizadoras y con la Ley de Traslado de Frontera se dispuso extender titulos de propiedad a aquellos que con un bono de $ 400 se daba el derecho a elegir una legua de tierra, después de la campaña. Es decir que los soldados iban a librar combates y realizar sus marchas sobre tierras que ya estaban vendidas (Minieri, R.; 2006: pag. 18).

            Se emitieron cuatro mil títulos públicos,  con un valor nominal inicial de cuatrocientos pesos cada uno. Cada título daba derecho a la propiedad de una  legua de tierra de dos mil quinientas hectáreas. En las tierras por conquistar, se otorgaba  una renta en efectivo del seis por ciento anual  hasta que se hiciera efectiva la posesión de la propiedad. El empréstito implicaba  la venta de cuatro  mil leguas (diez millones de hectáreas)  entre las líneas de fronteras ubicadas  y los ríos Negro y Neuquén. Después vamos a ver cómo el señor Martínez de Hoz va a recibir dos millones de hectáreas,  tal cual lo dice  la Bolsa de comercio en 1879.

         Para dejar en claro la mentalidad racista  y egoísta de la campaña de Roca basta leer el siguiente articulo del diario La Prensa del 16 de octubre de 1878, que representa el modo de pensar de la más alta sociedad Argentina (de los altos jefes del ejército y de los políticos del poder). Dice así:  "La conquista es santa  porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal,  siendo Santa la conquista  de la pampa, carguémosle a  ella los gastos que demanda ejercitando el derecho legítimo del conquistador” –Diario La Prensa. Avellaneda, el 14 de agosto de 1878, presentaba al congreso  un proyecto  para  poner en ejecución la ley 780 del 23 de agosto de 1867, que ordenaba la ocupación del Río Negro, como frontera de la República sobre los indios Pampas. Ambas  cámaras sancionaron  de forma entusiasmada y presurosa el 5 de octubre de 1878 la ley que llevó el número 947 (…) es increíble como antes de la campaña, todo los diarios y grandes intelectuales como Estanislao Zevallos, Juan Bautista  Alberdi, el mismo Sarmiento, hacen una verdadera campaña contra "el bárbaro, el salvaje".

        Es toda una campaña de prensa  y después se va a iniciar la campaña de manera que fue todo preparado, parece todo un plan realizado por la C.I.A actualmente: primero se prepara el ambiente y después se larga el ejército (…)sigo leyendo el diario La Prensa: “El gobierno declara que no tiene dinero en las cajas  fiscales para hacer  frente a los gastos de la campaña, pero en cambio la Pampa  vale un dinero, tiene un precio y la ofrece en venta al comercio del país, garantiendo además como premio, la seguridad de la propiedad privada hasta el ultimo rincón de los territorios conquistados y a conquistarse. La riqueza rural  se encuentra comprometida  en esta cuestión  y como aquélla es la  fuente principal  de nuestro adelante material  todos tenemos el deber de contribuir a su buen resultado, está en los intereses de los dueños el cooperar  por todos los medios a su alcance a fin de  asegurar el éxito de la cruzada civilizadora  que se proyecta emprender”(Osvaldo Bayer) .

 

La Producción del Desierto. Las imágenes de la Campaña del Ejército Argentino contra los indios.

   “A mi juicio, el mejor sistema de concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos del otro lado del río Negro, es el de la Guerra ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con ellos. (…) Para mí el mejor fuerte, la mejor muralla para guerrear contra los indios de la pampa y reducirlos de una vez, es un regimiento o una facción de tropas de las dos armas bien montadas que anda constantemente recorriendo las guardias de los indios y apareciéndoseles por donde menos lo piense. Una vez limpio el desierto, el gobierno nacional tendría suficiente con cinco mil hombres y podría legislar hasta las márgenes del Río Negro…” (Carta de Julio A. Roca a Adolfo Alsina. Octubre de 1875).

En la imágen:1) Gral Roca – 2) Capellan Antonio Espinosa – 3) Trompa de ordenes – 4) Tte. Coronel Manuel J. Campos – 5) Tte. Coronel Artemio Gramajo – 6) Sgto. Mayor Luis Fabrega – 7) Tte. Coronel Manuel Olascoaga – 8) Sgto. Mayor Palemon Gonzalez – 9) Tte. Coronel Lorenzo Vinter – 10) Coronel Nicolas Levalle – 11) Capitan Julio Morosini – 12) Tte. Cnel. Teodoro Garcia – 13) Tte. Cnel. Eduardo Pico – 14) Tte. Cnel. Francisco Leyría – 15) Tte. Cnel. Rufino Ortega – 16)Mayor Diego Lucero – 17) Coronel Conrado Villegas – 18) Tte. Cnel. Ignacio Fotheringham – 19) Tte. Cnel. Manuel Fernadez Oro – 20) Mayor Victoriano Rodríguez – 21) Coronel Eduardo Racedo - 22) Mayor Manuel Rubial – 23) Coronel Napoleón Uriburu - 24) Doctor Paul Gunther Lorente – 25) Dr. Adolfo Doering – 26) Dr. Gustavo Niederlin – 27) Dr. Federico Schulz – 28) Tte. Cnel. Erasmo Obligado – 29) Tte. Cnel. Martín Guerrico - 30) Capitan Ramón Falcon – 31) Cadete naval Miguel Lescano – 32) Teniente Atilio Barilari – 33) Cadete naval Leopoldo Funes – 34) Cadete naval Hipolito Oliva.

  

Tres años después, Roca, flamante Ministro de Guerra, con unos seis mil soldados divididos en columnas, realizaría una breve pero efectiva campaña entre agosto de 1878 y mayo de 1879.

Roca se inventa a sí mismo como el conquistador del “desierto” y hace -como dijo Sarmiento después en el Congreso- esta expedición “un poco teatral”, rodeado de escribanos y fotógrafos para llegar al río Negro y aparecer en la foto. Como suelen aparecer nuestros gobernantes cortando cintas en todas las circunstancias en que pueden. Roca es el que va cortar la cinta, no sé si es el conquistador. Esta visión fue relativizada y discutida en su momento, pero se impuso con mucha fuerza y gracias a eso tenemos todas las estatuas de Roca. No digo lo que pienso de las estatuas porque me van a denunciar por apología del delito” (Navarro Floria, P).

 Luego llegaría Villegas y Vintter que concluyeron con los últimos rebeldes Incayal, Foyel y Sahueque. Ya no eran tiempos de acuerdos y juntos a prometieron “pelear hasta morir”. Sayhueque fue el último en rendirse en Junin de los Andes, era 1885.

Valentín Saihueque era  líder de unos diez mil hombres que hacia 1879 negoció con el estado argentino y fue reconocido como el gobernador del País de las Manzanas. Un informe oficial de la expedición en 1881 refiere que las manzanas fueron introducidas en la región por los jesuitas y existía una gran cantidad de ese fruto silvestre que los indígenas utilizaban para hacer chicha, un antecedente de la sidra.

Saihueque actuaba sobre la base de la experiencia acumulada por su padre, el cacique araucano Chocori, quien había estructurado una red  de alianzas y parentescos con el fin de controlar la región y acordado con el gobierno de su época, quien proveía dinero, caballos y provisiones (y “vicios”, de los que ya era muy dependientes).

“Semestrales a Saihueque: 1.000 cabeza ganado, 20 @ azúcar. 16 @ yerba. 12 @ tabaco. 2 resma papel. 10 @ fariña. 8 damajuana ginebra”  (En: Perez Morando, H. 2003) .

 Eran tiempos de cambios también hacia adentro de las organizaciones indígenas, el intercambio y el tránsito constante había provocado transformaciones y motivado la llegada de nuevos grupos indígenas de otras regiones. La región “de las manzanas” (introducidas mucho antes por los jesuitas desde Chile) adquiere entonces identidad política (no étnica) relacionada con el poder del cacique y el territorio que dominaba.

El interés del estado chileno por la región le trajo a Sahueque la propuesta de aceptar su bandera, quien la rechazó y continuó su fidelidad con el estado nacional como “indio amigo”. Nunca había atacado a los criollos, sin embargo, en 1881 fue sorprendido por el ejército, obligado a replegarse hacia el sur y a luchar. La expansión militar avanzaba y Sayhueque escribe una carta al presidente del consejo de la colonia galesa en Chubut, para que intercediera ante el gobierno, decía que él no era “un extraño de otro país” sino “un criollo noble, nacido y criado en esta tierra y un argentino leal al gobierno (…) yo, amigo, nunca realice malones, ni maté a nadie, ni tomé cautivos”. Pero las élites gobernantes habían decidido terminar con el problema de la frontera con el indio y la macabra conquista comenzaba. La condición de aliado perdió valor y Sayhueque fué traicionado.

Su rendición se produjo en 1885 en el fuerte de Junín de los Andes junto a los poco más de tres mil de los suyos que habían sobrevivido.

 “El cacique Sayhueque, cacique eminentemente prestigioso por su poder entre todas las tribus que tenían su asiento entre el río Collon-Curá, afluente del Limay al norte, del río Deseado al Sud, acaba de efectuar su presentación voluntaria, y con él también los caciques de orden inferior, Inacayal, Huenchenecul, Chiquichan, Qual Salvutia, Preyel, Nahel, Pichi-Curruhuinca, Cumilao y otros, incluso el obstinado y rebelde Foyel cuya tribu fue últimamente derrotada en las orillas del Genue. (…) Puedo decir que hoy no queda tribu alguna en los campos que no se halle reducida voluntaria o forzosamente…no existen ya dentro de su territorio fronteras humillantes impuesta a la civilización por las lanzas del salvaje…” (De la carta del General Vintter al Jefe del Estado Mayor General de Ejercito con motivo de la rendición del Sayhueque el 20 de febrero de 1885).

Con ello finalizaron los enfrentamientos y comenzó la ocupación efectiva de la Patagonia; las tierras nuevas pasaran en su mayor parte a manos privadas con el fin de incorporarlas al mercado internacional.

Cacique Villaman sometido 1882 y mujeres de su tribu en Norquin

Cautivos en La Plata: mujeres de inkayal, Foyel y Ariancu.

Museo etnografico de Ambrosetti: Colección de esqueletos de indígenas

 

Algo más...

Por la “rendición” y su antigua relación de “amigo”, Sayhueque recibió tierras; se instaló en Chichinales, en el Valle del río Negro pero el grupo debió deambular 10 años en ubicaciones provisorias hasta que 1898 se lo instaló en Chubut; con sus 222 miembros. El grupo de Sayhueque arrendó dos leguas (si, alquiló la tierra!!) a un comerciante, la que luego se transfirió a una empresa comercial patagónica y por una presunta deuda impaga (¡?) de la familia Sayhueque comenzó un juicio largísimo que terminó con el remate de las tierras en 1933. En 1903 Sayhueque murió, no llegó a ver el despojo y la desidia con que fueron tratados. En 1944 fueron desalojados nuevamente y los descendientes del gran cacique abandonaron el área y sobrevivieron dispersos en la total indigencia.


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2 comentarios

  1. VALENTIN dice:

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