46 AÑOS DESPUÉS

Después de constatar si nuestra dirección de correo le permitía hacernos llegar su escrito, Celso Araujo nos envió una pequeña historia de vida. Allí recuerda a amigos y conocidos, lugares e historias que nos trasladan a los tiempos del Allen pueblerino, ese en el que todo pasaba y era perfecto. Allí nos introdujo Celso, 46 años después y aquí también Uds pueden revivirlo...
Para mí ha sido una gratísima sorpresa encontrarme con este Proyecto Allen, fruto de la iniciativa, entusiasmo y mucho trabajo de quienes están en eso. Junto con mis felicitaciones les envío algo que escribí a pedido de algunos de los amigos que quedan de la época que con María Teresa (mi esposa) y los hijos que allí fueron naciendo. Eso fue de enero de 1956 a noviembre de 1964. Allí van a tener una primera imagen de quien sigue siendo, a pesar de la larga ausencia, uno más de los que amamos a Allen. También les mando una fotografía que me regaló Patricia Fernández: estamos en lo que era la balsa que cruzaba el río colorado a la altura de Catriel. Allí están Cacho Fernández y Beba, Pirincho Carril y Mabel, Héctor Sánchez Fregosi y Yo con mi hijo Rodolfo (los otros son los balseros). Esa foto fue sacada en el año 1962 en un viaje que hicimos a Mendoza para reunión nacional de la Cámara Junior. Nada más por ahora.
Junto con mis felicitaciones un gran abrazo.
Celso Rodolfo Araujo.
46 AÑOS DESPUÉS
Allen ya no es sólo memoria que me lleva a un tiempo que fue. En la última semana pude cumplir con un deseo de años; estuve allí.
Reviví lugares, situaciones, acontecimientos, rostros algo marchitos (como el mío) de los que están, y también de los que se fueron, aunque a estos los conservo con la juventud que tenían cuando dejé de verlos.
Este regreso me llevó al momento en que llegué por primera vez y me vi descendiendo del tren, junto a la que entonces sólo llevaba quince días de ser mi esposa. (hoy nos faltan un par de meses para cumplir 55 años). Allí estábamos a la espera de que nos bajaran los elementos de nuestra mudanza que no eran  nada más que un par de valijas, pero el tren volvió a partir y las valijas no estaban. Nuestra desesperación convertida en gritos, resonó en algún oído que dispuso detener el tren y las valijas volaron desde el vagón de equipajes a unos cien metros desde dónde habíamos descendido. Solos en la estación, caminamos para recoger nuestros únicos bienes. Buscamos un taxi que nos llevó a la pensión de Doña Agustina.
Este fue el comienzo mi relación con el pueblo. Muchas cosas sucedieron en los nueve años que transcurrieron hasta que las circunstancias nos alejaron. No es mi intención hacer un relato pormenorizado ni escribir parte de mi autobiografía. Sí quiero, como quién mira y muestra fotografías sueltas, recordar nombres, situaciones, estampas, momentos, que se mezclan con ideas, sentimientos, acontecimientos. Algo así como ocurre  con alguna frecuencia en mi mente que salta de un lugar a otro sin motivo ni explicación.
Aquí veo el canalito que pasaba por el frente de nuestro primer domicilio, los Fernández y su almacén, Serfati y el diario de ayer, el tren, el Banco de Italia, la plaza, Eildistein, Bizzoto, don Luis Campetella y su canasta para comprar verdura, Doña Auristela, el viento, el polvo, el barro, Montero y su impecable carnicería, la iglesia, el Toto Rodríguez con su guitarra, Cacho que fue el puente por el cual llegamos, la escuela 23, el Tierno y su desplazamiento a lo Jhon Wyne, el Banco de Río Negro y Neuquen, Pirincho, la impecable señora Clara de la farmacia Waisman, Chiqui, Raquel. El Juez de Paz Maza, el correo, la municipalidad y el eterno D’Amico, el hotel España, Mabel, Héctor y Alberto Sánchez, Tito Genga. El Sanatorio Allen y ese primer llanto de nuestros cuatro hijos rionegrinos. Cabib, los Ventura, la pedregullo grueso de las entradas, la belleza multiplicada por ocho de las hermanas Ramos, el teléfono a manivela, la llave puesta en el auto y la puerta sin cerrojo, Tepper, Anzorena, galochas para caminar en el barro, Cirigliano + mameluco blanco + guantes, todo un personaje; la estación y los que llegaban, la estación y los que se iban, la estación y los curiosos de siempre. El imprescindible comisionista, con sus múltiples encargos y gestiones. El club Unión. Berisso su cigarrillo con boquilla y ese ceceo tan particular, el doctor Brevi y su eterno pedido de puchos, la escuela 27 metida entre las chacras, Maucho y sus tangos, Luisita y su dulzura. Prestofón, Piero, el tesón y la valentía de Perla para crear y hacer realidad la secundaria, Enriqueta y un amor expresado de otro modo, las manzanas, los álamos, el canal: el agua y la vida; el canal como valla entre el pueblo y el barrio norte. El club Social, Beba, Sarita, Abundio, Mercedes, Chachil, Arcaute. Tort, su imprenta, y mi audacia de meter la mano en su Minerva. Chaves, Laponi, Bonini, Santana, Garat y muchos otros, y en la vereda de enfrente Lapuente,  Lanfré y varios más. Inolvidable el “taxiflet” con propulsión equina de Belich. La Chila, la Negra y Marta, la confitería, Fefer, Ferroni, Carosio. El taxi de Stazionatti. Foca, Rutavalle y Licuogas, intentos importantes de los que participé; no pudieron resistir un nacimiento prematuro. Otto y su Elortondo, Monetta, Viscontti, Doña Mereja, Toni, Babaglio, Biló, Bagliani, las peras, la primavera en flor, la cosecha, los galpones de empaque, el verano y la fiebre del trabajo. La Cámara Junior que nos aglutinó a muchos de los que nombro más arriba y que dio nacimiento a otras cinco Cámaras en el Valle. El Conejito Pompón, un jardín de infantes nacido del empuje y entusiasmo de mujeres que ya mencioné y de María Teresa (la mía). El Hospital Regional, Ramasco con su personalidad que iba de la simpatía insólita al desparpajo. Se me escapan Boero, Margarita, Ducás, Becich, la nafta con nombre propio: Silvetti, Evangelista, Pardo. No puedo olvidarme de Orell y el cine San Martín, dónde, entre otras novedades, pudimos ver El Silencio esa “escandalosa” película de Igmar Bergman.[1]
Sé que no están todos, ni las mil cosas que quisiera recordar. Eso es lo que surgió al correr de mis dedos sobre el teclado. Posiblemente, en la medida que exprima el archivo de mi memoria surgirán nombres que generarán un anexo y que me duele no poder incluirlos acá. También sé que aquellos chicos que nacieron en esa época no están en la lista. Faltan también los que me enseñaron a ser profesor en la secundaria y cuyas caras, muchas veces, aparecen en mis añoranzas con expresiones que van del interés a la reticencia propia de la adolescencia.
Es imposible comparar Allen con Buenos Aires (donde vivo), pero sé que aquí también podría hacer una lista con muchos nombres, pero de ningún modo esos nombres harían aflorar mis más cálidos sentimientos.
Ahora, 46 años después, varios amigos me han pedido que les diga como he encontrado al pueblo[2]. No me resulta fácil hacer comparaciones. No tengo una fotografía al lado de la otra y a mi cerebro le da por endulzar el pasado.
Lo que más siento es la ausencia de los que vine a buscar y ya no están. Los he nombrado más arriba. Cuando escribí sus nombres los vi como entonces y no pude esquivar el dolor ni contener alguna lágrima. De los que están no vi a todos por falta de tiempo; no pierdo las esperanzas de volver y encontrarlos. A los que vi, como lo dije al comienzo, el tiempo les ha dibujado huellas que son signos imborrables de lo vivido: sumas y restas de alegrías y tristezas.
Del pueblo en sí he visto que ha crecido hacia los cuatro puntos cardinales. Es evidente que hay mucho más gente (alguien me dijo 25.000, otro 33.000; 15000 éramos cuando me fui). Circulé por el asfalto que entonces no estaba. Me detuvieron semáforos necesarios aunque un tanto perezosos o con más trabajo del que deberían hacer. La iluminación se hace notar. Me sorprendió la iglesia que se mudó y modernizó. Libertad adquirió la categoría de parque. La estación se convirtió en museo. Me gustó la Municipalidad, supe de más escuelas y mejor calidad educativa; también de colegios privados. Vi algo de lo que pretende hacerse de la ex Bagliani. Visité el Barrio Norte donde se aprecian mejoras. Circulé por las tres entradas asfaltadas. Me sorprendió la edificación de nuevas y elegantes casas. Negocios variados y muy actualizados. Un nuevo y moderno hotel.. Importantes supermercados bien surtidos y concurridos. No debería hablar de teléfonos modernos, ni de Internet, ni del cable, que ya están en todas partes, pero los incluyo por necesidad de comparación. También los avances tecnológicos han llegado a las chacras: las espalderas las han convertido en fábricas y a los árboles frutales en abanicos. Con seguridad debe haber mucho más que mencionar, pero en tan pocos días y la necesidad de una visión, aunque sólo fuera a la velocidad de un relámpago, me llevó a visitar Roca, Cipolletti y Neuquen.
No es el momento de hablar de carencias o de criticar, pero quiero expresar pequeños detalles que he recogido en las pocas veces que salí a caminar. Y es precisamente al caminar que noté que falta cuidado en las veredas, que pareciera que los árboles no fueran el más preciado complemento de todo lo realizado. Si hubiese visto las clásicas “cebras” hoy podría pensar que el peatón es más importante que el automóvil. Y en ese sentido me atrevo a agregar que no estaría de más, cuando se pueda, robarle un metro al asfalto que, por supuesto, lo ganarían las personas.

Allen centro, 2010.

Sería mezquino si no expresara un pensamiento más global de lo que siempre he pensado sobre el Valle y que, quizás sea compartido por muchos de los que allí viven. Veo a esa franja enmarcada por el gran canal y el río como una gran ciudad de más de 100 km. de largo, alternando ciudades (podría decir barrios) con “fábricas de frutas” Neuquen y Roca, las más importantes, son aspiradoras de gente, de negocios, de educación terciaria, de cultura. La falta de transporte rápido y seguro, aumenta el flujo en un solo sentido. El crecimiento de las otros “barrios”, Allen incluido, es posible si los inversores encuentran las facilidades y atractivos necesarios, para la instalación de industrias y servicios complementarios de la producción básica. Una autopista rápida y segura y un tren local moderno y veloz permitiría que el flujo de gente fuese en ambos sentido, con lo cual bien podrían los otros “barrios”, si brindan todos los servicios que hacen placentera la vida, contener a las personas de mayor capacidad e ingresos; valga como ejemplo que en Buenos Aires es muchísima la población que elige vivir, por confort, tranquilidad, aire puro, a más de 30 km. de su lugar de trabajo.
Por último quiero descargar mi nostalgia por aquel viejo tren, que en los últimos tiempos casi nunca llegaba a horario, pero que nos mantenía unidos a la gran ciudad, nos traía las novedades, el diario de ayer y esa necesaria inyección de vitalidad existencial.
Y también vuelco un sentimiento de respeto, admiración y cariño por el gran canal por donde, ni más ni menos, fluye la vida de todo el Valle.

   Celso Rodolfo Araujo        

Noviembre 2010

Museo de Allen

Algo más:

Celso tuvo la buena voluntad de contestar algunas preguntas que le hicimos al respecto de su escrito. Hemos corregido lo que nos solicitó y aquí algo más de sus "46 años después". ¿De donde venías? (antes de llegar a Allen) - Mi lugar de nacimiento es Mendoza (Capital). De allí partí, pasé por Córdoba, donde previo casamiento, pasamos a ser dos, seguimos a Mar del Plata para cumplir la  deliciosa etapa de esa unión. Luego continuamos a Bahía Blanca para abordar ese tren que tanto añoro, y de ahí a la incógnita que hasta ese momento representaba Allen. - A esta pregunta podría contestar con dos palabras: por necesidad. Pero para poder satisfacer esa necesidad, creo que debo contarte el cómo. Estamos en enero de 1956, pero todo comenzó en enero de 1951. Ella, María Teresa, tenía 14 años; yo 18. Ella vivía en Córdoba y viajó con su tío de vacaciones a Mendoza. Allí la conocí el día 7, el 13 estábamos comprometidos, pero pasaron 5 años hasta el casamiento del que hablo más arriba. En ese período con ella en Córdoba y yo en Mendoza acumulamos toda una historia en más de 1500 cartas de ida y otras tantas de vuelta, además de esporádicas y no muy prolongadas visitas en uno u otro lado. Terminamos nuestros secundarios: ella maestra, yo perito mercantil; cumplí con el servicio militar y, de pronto, con esas tremendas ganas de vivir juntos, nos encontramos con que no teníamos dónde ni cómo. Estábamos un 1955, con una situación política que, para no crear polémica, calificaré de difícil; no era sencillo conseguir trabajo, pero luego de rendir exámenes en tres bancos, el de Italia (el único privado de los tres) me abrió sus puertas en Mendoza, con un sueldo inicial que, por supuesto, no cubriría ni la mitad del mes. Ya en el Banco me dí cuenta que las posibilidades de progresar eran mínimas y a muy largo plazo. Sabía, por un familiar, que para ascender lo mejor era buscar aquellas sucursales más nuevas y menos deseadas. ¡ALLÍ APARECIÓ ALLEN! Averigüé y me dijeron que el sueldo ahí era un 6,33% más, peor es nada. Pero eso nos trajo la idea de que era posibles que también en Allen hicieran falta maestros. María Teresa escribió a una supuesta Dirección de Escuelas cuyo domicilio ignorábamos. Le contestaron enviándole un pasaje y que se presentara en la Escuela 27. Era el mes de Septiembre, con la revolución en el medio. Aquí cabe pensar en la ignorancia casi total que existía en el resto del país sobre la Patagonia y de un pueblo que había que buscar con lupa en un mapa con mucho detalle. La casualidad se ocupó de encontrar una aguja en un pajar: La hermana de la esposa de un amigo del cuñado de María Teresa estaba de novia con un muchacho de Allen: Cacho Fernández. El las esperó en la estación (María Teresa viajó con su madre) y, junto con sus padres (Abundio y Sarita) se encargaron de orientarlas, sin que eso evitara los problemas que pueden tener dos mujeres solas en una población pequeña y totalmente desconocida. En resumen: María Teresa comenzó a trabajar en octubre. A todo esto yo hablé con el gerente de la Sucursal Mendoza quien me dijo que el no ofrecería problemas, pero necesitaba la conformidad del gerente de Allen. Aquí es María Teresa la que de nuevo tiene que buscar la solución. Junto con la que luego fue mi suegra (despojando a esta palabra de cualquier interpretación maliciosa) fueron a ver al gerente: Cabib, quien las recibió con su familia, y no puso ninguna objeción. Con esa información solicité formalmente mi traslado que se concretaría en el mes de enero de 1956, luego de cumplir con el periplo del que hablo más arriba. ¿Porque llegaste a Allen? - Aunque la respuesta a esta pregunta esta contenida en la anterior, el porqué no tiene otra explicación que casualidades que se fueron encadenando. Y si  bien las casualidades se pueden ensamblar, si no tenés ese empeño de salir adelante, de embestir contra todas las barreras, esas oportunidades se diluyen en la nada. ¿A que te dedicabas? (profesor creo, pero me gustaria que nos amplíes un poquito) - Ya sabés que vine al Banco de Italia donde trabajé hasta 1959. Ahí, por aquello de que siempre alguien te está mirando, me llegó el ofrecimiento de integrar una sociedad (Foca) y de inmediato la propuesta de hacerme cargo de la gerencia. También y poco antes de salir del Banco me llegó el ofrecimiento de convertirme en profesor de contabilidad del secundario que nacía en ese momento. Fueron un par de años (los de profesor) que me dejaron uno de los recuerdos que más atesoro. Debí dejar por falta de tiempo y porque ya la Provincia podía pagar los sueldos y eso daba posibilidad de conseguir otros profesores. Mi trabajo en Foca continuó hasta que surgió un grave problema en mi familia. El mayor de mis hijos, Raúl, enfermó y nos obligó a peregrinar por los principales centros médicos del país en busca de diagnóstico y cura. Finalmente el diagnóstico fue "Encefalitis a Virus" con un pronóstico muy poco favorable y la necesidad de atención en institutos especializados. No los había en el Valle y ahí terminó nuestro propósito de continuar en Allen. Me faltó contarte que en medio de todo esto fundamos la Cámara Junior y con mucho tesón fuimos fundando Cámaras en casi todos las ciudades de la zona. María Teresa por su lado hizo su parte. Debió renunciar a la escuela por lo inhumano del traslado (calor, frío, viento, lluvia, tierra; todo eso caminando los mil metros que separan la escuela de la ruta más una hora de espera del colectivo frente al boliche de Herrera). Entonces puso una academia que le reportó un muy buen ingreso por la cantidad de alumnos que concurrieron; entre otros, varios de mecanografía (suponemos que fue la primera de Allen) para lo cual compramos un par de máquinas. Luego vino el Jardín de Infantes "Pinocho" (también el primero?) que llegó a tener muchos chicos. Después, con la ayuda de una pequeña herencia instaló un negocio "Only"  y al poco tiempo con 4 hijos, uno con problemas, como ya expliqué, debió dedicar todo su esfuerzo a la familia. ¿Recordas quien era el taxista que te llevó? - Stazionatti. Personaje inolvidable que en su "cocoliche" no paraba de hablar y que, sin duda, debió enterar a todo el pueblo de la llegada de este extraña pareja. ¿Donde quedaba la pensión de doña Agustina? ¿Cual era su apellido? - El apellido de Dona Agustina era Gonzáles y la pensión (dicho esto con la mejor buena voluntad) estaba sobre la calle Velasco media cuadra antes de Roca. Que recordas de (algo, si se puede de cada uno): El Juez de Paz Maza, el eterno D’Amico, el hotel España, Cabib (la Sta. que enseñaba dactilografía?), la belleza multiplicada por ocho de las hermanas Ramos, El imprescindible comisionista, con sus múltiples encargos y gestiones, y la valentía de Perla para crear y hacer realidad la secundaria, Enriqueta y un amor expresado de otro modo, El club Social, el “taxiflet” con propulsión equina de Belich. Foca, Rutavalle y Licuogas, Otto y su Elortondo, Monetta, Viscontti, Doña Mereja, El Conejito Pompón, un jardín de infantes nacido del empuje y entusiasmo de mujeres que ya mencioné y de María Teresa (la mía).Ramasco con su personalidad que iba de la simpatía insólita al desparpajo. - El Juez Maza: Serio, muy formal, incluso en su indumentaria, y luciendo su calva y sus carpetitas bajo el brazo. - D'Amico: Más intendente que los intendentes; buscando soluciones a todos y cada uno de los problemas. Para mí él y la Municipalidad eran la misma cosa. - El Hotel España: Era como la estación, el correo, la municipalidad, la iglesia, la comisaría. Estaba ahí y cumplía su función. - Cabib: Era el gerente del Banco de Italia cuando yo llegué. Creo que Pichina, una de sus hijos, enseñó mecanografía. - Las hermanas Ramos: Eran ocho y todas muy bonitas. En este momento recuerdo a tres: la enfermera del sanatorio (asistió al nacimiento de mis 4 hijos allenses), la esposa de Lamfré, y la que se hizo monja. No me preguntes nombres. - El comisionista: Imprescindible para las urgencias en Bs. As. Compras, mensajes, envíos, trámites, etc. etc. etc. Viajaba todas las semanas. - Perla: Profesora de historia, con 26 años asumió la responsabilidad de crear, de la nada, la escuela secundaria y luego dirigirla. Fue la responsable de que yo fuera profesor. - Enriqueta: Ramírez era su apellido. Si la definiera como empleada doméstica de nuestra casa, no diría nada. Era (me supongo que ya no es por la edad) una persona que se brindaba con tanta amplitud que era imposible no quererla. Hubo alguna época en que nosotros no podíamos pagarle, pero ella cada vez que pasaba por casa, entraba y sin preguntar buscaba algo para hacer, lo hacía y se iba. Acompañó a María Teresa a Buenos Aires y a Córdoba para ayudarla con los chicos y en cada casa donde estuvo, dejó su indeleble marca de servicio, voluntad y cariño. - El Club Social: Imprescindible en todos los pueblos. Lugar de reunión de la "gente más importante" y donde por lo general se hacían las fiestas. Le cabe lo que también digo del Hotel. - Belich: En aquel momento no se que nombre podríamos haberle puesto. Pero no era ni más ni menos que un taxiflet ya que hacía el mismo e imprescindible trabajo. - Foca: Mi segundo lugar de trabajo. Financiadora del crédito amortizable. Podríamos decir que fue una precursora de las tarjetas de crédito. Fue importante por haber nacido en Allen y expandirse por el resto del Valle. - Rutavalle: Empresa de transporte cuya función principal era llevar fruta refrisgerada. Yo digo que nació antes de tiempo. El principal problema fue que no terminaran la pavimentación de la ruta 22 para cuando estaba prevista. - Liquogas: Fraccionamiento y distribución de garrafas de gas licuado. Como todo éxito, pronto sufrió la competencia de sus imitadores. Ambas empresas podrían haber puesto a Allen a la cabeza de iniciativas de toda la zona. - Otto: Su nombre completo: Hervy Otocars Galimberti. Un personaje nacido en Elortondo, pueblo del sur de Santa Fé. No había nadie que no lo conociera. Tenía simpatía, desenvoltura, predisposición. Un buen tipo. - Monetta: Uno de los médicos más conocidos. Tuvo importante participación en la fundación del secundario. - El Conejito Pompòn: Jardín de Infantes creado por las esposas de los miembros de la Cámara Junior. Tuvo mucho prestigio y numerosos alumnos que hoy ya deben ser abuelos. - Ramasco: Un personaje, difícil de encasillar, un verdadero "bon vivant". Del dato que me das: 40.000 habitantes tiene Allen: Allí hay cuatro infiltrados (y felices de serlos). Ese día estábamos María Teresa, mi hijo Rodolfo, mi nuera Stella, y yo.  

Celso en el Libro Municipal de Carnet de Conducir años 60.

 

Sabías que? Fotos de carnet de conducir en facebook: ver aquí

   

[1] Es muy posible que algunos nombres o apellidos no estén escrito con la ortografía correcta.

[2] Así lo veo y así lo siento.

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15 comentarios

  1. Mavis Florencia Soriano dice:

    Este señor tiene la particularidad de expresar muy bien lo que siente alguien que se fue de Allen…. yo lo entiendo perfectamente en todo lo que dice y siente. Eso de recordar nombres, lugares …. es común a todo aquel que añora y amó lo que dejó. Si hay algo en lo que no concuerdo con el….son las anchas calles asfaltadas… a mi me gustan así, hace que sea distinta de otros sitios, única!! las grandes ciudades no despiertan ésto que se siente en un pueblo que crece y donde todos nos conocemos y donde alcanzamos a conocer cada rincón. Recientemente cuando estuve en Allen, salía a caminar y no me sentía una extraña, cada lugar me era familiar y trataba de recordar que o quiénes vivían allí…. y amigos irse es muy triste y volver por poco tiempo…huyy no les cuento… el regreso los primeros días después de haber estado allí, uno se dice porque pasa el tiempo tan rápido y lo lindo dura poco?

    • Celso Araujo dice:

      Es posible que mi vida en Mendoza, desde que nací hasta los 23 años, hayan dejado ese deseo de ver veredas anchas y lustrosas. De todos modos no se preocupe, nunca voy a ser intendente de Allen.

  2. Carlos Santamaria Moschetta dice:

    Verdaderamente apasionante para los que nacimos allí, y que hoy a la distancia, ver el nombre de Allen y las fotos y anécdotas, como no se te va a desprender una lágrima. Además hay tantas anécdotas y que pronto las iré subiendo con fotos.- Felicitaciones por publicar parte de la historia de Allen.-

  3. Dorys dice:

    que hermosa carta la de el Sr. Araujo, que hermosos recuerdos tiene. Es imposible para un Allense, ete donde este, olvidarse de esta ciudad. Gracias por esta pagina hermosa!!

  4. Mavis Florencia Soriano dice:

    Celso, yo viví 9 años en Mendoza (Villa Nueva de Guaymallén) y amé esa ciudad y conocí sus veredas lustrosas a fuerza de lampazo…. yo no he visto otro lugar igual… es por eso que tal vez me gusta que los sitios que amo sean únicos… no era una crítica hacia vos.

  5. Mavis Florencia Soriano dice:

    Celso, olvidé un detalle, casual tal vez, pero en Villa Nueva vivía en la calle Araujo…

    • Celso Araujo dice:

      No la conocí. En Mendoza hay muchos Araujos que, casi todos, provienen de la época de la fundación. En Lavalle hay un lugar que se llama Costa de Araujo y que tiene su nombre desde aquella época.

  6. Mavis Florencia Soriano dice:

    Te doy más datos Celso, la calle es Santiago Araujo casi esquina Carril Godoy Cruz muy cerquita de un Supermercado VEA; es una cortada que va a terminar sobre las vías del ferrocarril Belgrano(que ahora no funciona). bueno hasta la proxima….

  7. Gracias Celso y Mavis!! Estimado Celso arreglé el nombre que me pediste y sumé tus respuestas a mis preguntas. También te envié la foto que encontré tuya en las digitalizaciones del Libro de Carnet de Conducir de la Municipalidad de Allen de los años 60. Saludos y muchas gracias!!

  8. Celso Araujo dice:

    No pensé que mis respuestas a tus preguntas pasaran a ser casi un reportaje. Creo que ha sido un buen complemento a lo que te mandé antes “46 años después”. Gracias por la foto. Pienso que en algún cajón debe andar el registro de conductor. Si lo encuentro lo escaneo y te lo mando, junto con algunas otras fotos que puedan interesar.

  9. PROF: VALENTIN dice:

    ¡ES UN HERMOSO COMENTARIO DE VIDA E HISTORIA…!!
    Te comento que ahora estoy en Rio Cuarto , Córdoba pero residí 20 años en Allen .Hoy encontré esta pág en la web y hace tres horas que no me muevo de la pantalla.Todo me resulta familiar !!! Gracias Celso, por compartir tu información.

  10. Gracias Valentín!! contános algo de tu vida, sería también muy valioso aunque ya no estés en Allen. Saludos y muchas gracias!

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